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Taraxaco: el diente de león y sus mil propiedades

Escrito por Giuliana Lomazzi

Diente de león

La primavera ya está aquí, y en los campos empieza a aparecer el buen taraxaco o diente de león. Para aquél ligero y evanescente que soplábamos de pequeños, haciendo que las semillas volaran lejos, aún tenemos que esperar un poco. Antes, debe aparecer la graciosa flor amarilla. Mientras tanto no dejemos que se nos escapen las bellas flores cerradas, que ahora son especialmente tiernas. Si las conocemos bien, y si las encontramos en una zona no contaminada, no debemos dudar en recogerlas, porqué esta achicoria amarga es aún más valiosa desde el punto de vista nutricional precisamente por el hecho de haber crecido en la naturaleza.

Diente de león: propiedades y beneficios

Los beneficios del diente de león son realmente muchos. Para empezar es óptimo en las ensaladas, por su agradable sabor un tanto amargo. Es una pena que el sabor amargo no le guste a todo el mundo, ya que tiene numerosas ventajas para la salud. Entre las sustancias amargas presentes en el diente de león está la taraxacina, que estimula la diuresis, haciendo que la planta merezca el apodo de “meona”.

Esta es solo una de las acciones depurativas que nuestra protagonista lleva a cabo, ya que además, gracias a las sustancias amargas, actúa sobre el funcionamiento del hígado, ayudando a este órgano a eliminar las toxinas y favorecer la producción de una bilis fluida – lo cual representa un beneficio para el bienestar intestinal, ya que realiza una acción reguladora de la evacuaciones.

Drenante y depurativo, el diente de león llega hacia el final del invierno, cuando más necesitamos desintoxicarnos y eliminar la odiosa celulitis (en este caso será útil consumir la planta en forma de decocción).

¡Y la cosa no acaba aquí! Estimulando el páncreas para que produzca insulina, el diente de león puede ayudarnos a mantener una glicemia correcta, previniendo la diabetes.

¿Alguna propiedad más?

Estimulación de la circulación y de la digestión, ayuda de las funciones renales, lucha contra la dermatosis y la obesidad. ¡Como si fuera poco!

Importantes componentes del diente de león

Otros componentes del diente de león hablan ampliamente de su valor. De hecho, sus maravillosas hojas contienen fibra, que ayuda a mantener bajo el colesterol, y ejercen una acción laxante, además de una buena absorción de vitaminas y minerales. Entre las primeras recordamos alfa - y betacaroteno, luteína y zeaxantina (todos ellos antioxidantes útiles para la vista), algunas vitaminas del tipo B y la K.

En la lista de los minerales encontramos:

  • calcio (importante para el bienestar de los huesos)
  • hierro (gracias al cual nuestra planta ejerce una acción anti anémica)
  • potasio
  • selenio
  • sodio
  • zinc.

Tampoco debemos olvidar la inulina, digestiva, laxativa, amiga del hígado y de la flora intestinal buena. Para conseguir un efecto más incisivo, la flor de león puede utilizarse en forma de tintura madre, decocción o extracto seco, respetando las indicaciones del herborista. De hecho, existen también algunas contraindicaciones: su consumo no es adecuado en caso de embarazo y durante la lactancia, no debe usarse en caso de hiperacidez gástrica o úlcera de estómago; además, interactúa con algunos fármacos.

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El diente de león en tu mesa: las recetas

Las hojas tiernas son óptimas crudas, mientras que los brotes de las flores aun bien cerradas son exquisitos en escabeche y consumidos como alcaparras. Las hojas más viejas, que son las más amargas, pueden ser cocidas en una sartén con olivas y piñones o bien mezcladas con espinacas o acelgas; son óptimas también rellenas. Las flores son buenas en las ensaladas mientas que la raíz, que se recoge en otoño, puede ser asada y usada como subrogado del café. El uso alimentario es menos problemático que el herbal, aun así, aquellos que sufren de acidez gástrica o reflujo gastroesofágico no deben exagerar con el diente de león.

Crema de diente de león

  • 200 g de hojas de diente de león
  • 1 boniato medio
  • 2 zanahorias
  • 1 diente de ajo
  • 200 g de nata de almendras
  • un puñado de piñones
  • sal marina integral

Trocea el boniato, las zanahorias y el ajo. Ponlos a hervir cubiertos de agua y un poco de sal. Cuando vayas por la mitad de la cocción, añade el diente de león bien lavado y escurrido. Cuando las hortalizas estén blandas, bátelas a inmersión. Ponlas otra vez en el fuego, añade la nata de almendras y calienta a fuego bajo. Esparce algunos piñones y sirve.