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Rehidratar y germinar: así hay que hacerlo

 Escrito por Stefano Momenté

germinados

La primera fase de activación de una semilla es la germinación. Todas las semillas sanas se pueden hacer germinar en unas 24 horas. Para que esto suceda, obviamente es necesario que la materia prima esté todavía viva y que no sea demasiado vieja. El proceso, además de revitalizar las semillas, desactiva algunas toxinas que podrían interferir con la digestión, como en el caso de las legumbres que, al perder los fitatos, se convierten en digestibles únicamente tras la aparición de la germinación.

En general, también un alimento hidratado es más digestible para el cuerpo, más que uno seco que requiere agua para ser digerido. Con la rehidratación, la semilla reactiva las enzimas que aguardan, y empieza un importante fenómeno: las proteínas se escinden en aminoácidos y los carbohidratos en azúcares simples.

Fruta y semillas oleaginosas más digestibles

La germinación es la fase sucesiva. Coincide con la activación de la fotosíntesis que multiplica los nutrientes de las semillas originarias. También las frutas y las semillas oleaginosas, mientras que no germinen, son más digestibles si se rehidratan. La consistencia cambia, se hacen más cremosas al batirlas. Para las semillas oleaginosas son necesarias 7 u 8 horas de remojo en agua, mientras que para la fruta seca dulce bastan 4 o 5 horas. Para hacerlo, basta poner los ingredientes en una tarrina y cubrirlo todo con agua.

Es necesario retirar el agua del remojo y enjuagar antes de consumir. Se pueden hacer germinar semillas de cereales, legumbres y otras especies de vegetales que se encuentran normalmente en comercios. Sin embargo, hay que evitar las semillas de solanáceas debido a su toxicidad. Con la germinación podemos comer crudos también cereales y legumbres, que no seriamos capaces de digerir si no fuera por la misma. El proceso de germinación y revitalización del germen de la semilla (embrión) comienza tras el remojo en agua.

Un característico y delicado sabor ligeramente dulce

Durante esta fase, la composición bioquímica y estructural del grano se modifica profundamente, además de que complejas reacciones enzimáticas transforman los almidones, o sea, las sustancias de reserva de la semilla en azúcares simples como la dextrina y la maltosa que proporcionan al brote un característico y delicado sabor ligeramente dulce. En lo que concierne a la parte proteica del grano, las enzimas activadas tras el proceso descomponen las proteínas en aminoácidos, más fácil y rápidamente digestibles y asimilables. También aumentan las sales minerales y los oligoelementos, que también han de estar en forma orgánica y por tanto, más fácilmente asimilables y utilizables por el organismo. En particular, el hierro, que en su forma orgánica es de difícil asimilación y puede causar molestias gastrointestinales.

Las vitaminas incluso experimentan aumentos considerables, del 50 % al 100 % y, a veces, incluso más.

Para la germinación no es necesario utilizar un germinador. El método más simple consiste en rehidratar las semillas en abundante agua durante unas 12 horas en un recipiente de cristal. Posteriormente, escurrirlas y recolocarlas en un recipiente manteniéndolas húmedas pero no demasiado mojadas.

Las semillas se deben escurrir con un colador a diario hasta que el brote haya crecido aproximadamente medio centímetro. Es mejor exponerlas a luz indirecta durante 6 o 7 horas para favorecer su enriquecimiento en clorofila. Si no es posible consumirlas todas en poco tiempo, se pueden meter en la nevera para ralentizar el proceso de crecimiento. Es recomendable no utilizar una cantidad excesiva de semillas debido a su alta productividad, además que es mejor tener siempre un producto fresco y vital de vez en cuando.

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