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Presión alta: los remedios naturales

Escrito por Romina Rossi

 

Síntomas de la hipertensión y qué hacer para tenerla bajo control

La presión sanguínea es la fuerza que usa la sangre para fluir por las arterias. Para medir la presión, debemos tener en cuenta dos parámetros importantes:

• la presión diastólica, que es la presión sanguínea en las arterias entre un batido del corazón y el otro. Este es el parámetro que indica el valor de la presión mínima;
• la presión sistólica, que es la presión con la cual la sangre sale después de la contracción del ventrículo. Es el parámetro que indica el valor de la presión máxima.

Cuando uno o ambos de estos valores superan los niveles máximos, se dice que la presión es alta, y se habla de hipertensión. Este aumento de la presión provoca una alteración en las arterias: se pueden estrechar o espesar. En ambos casos, esto comporta un excesivo esfuerzo por parte del corazón.

Si no la tenemos bajo control y no la cuidamos, la presión alta a la larga provoca enfermedades cardiovasculares: cardiopatías, ictus, diabetes, daños oculares y trastornos renales. Enfermedades que son algunas de las principales causas de muerte en el mundo occidental.

Las causas de la hipertensión

La presión tiende a oscilar a lo largo del día. Si hacemos ejercicio físico, estamos particularmente estresados o vivimos emociones intensas, la presión se alza momentáneamente. Cuando la situación se normaliza, también los valores vuelven a sus parámetros habituales.

El problema de la presión alta surge cuando los valores permanecen siempre altos, pues esta situación supone un grande esfuerzo para el corazón.

La medicina oficial hace una distinción entre la presión alta primaria y la secundaria. Esta última tipología, menos común respecto a la primaria, está causada por otras patologías, sobre todo relacionadas con el sistema cardiovascular, renal, suprarrenal o tiroideo.

La presión primaria, que es la que sufre el 90% de las personas con hipertensión, no tiene causas específicas. Más concretamente, se puede afirmar que está debida a un mix de causas relacionadas con el estilo de vida, que contribuyen a alterar los niveles ideales de la presión.

Estas son:

• una dieta con un alto consumo de grasas, azúcares y sal,
• la obesidad,
• el sedentarismo,
• el consumo de cafeína, alcohol y otras sustancias excitantes,
• el embarazo o el uso de anticonceptivos orales,
• el envenenamiento con metales pesados,
• el tabaco.

Los síntomas de la hipertensión son a menudo silenciosos

Algunas personas no se dan cuenta de que tienen la presión alta, ya que esta afección a menudo no provoca síntomas. La hipertensión puede ser silenciosa durante años antes de empezar a mostrar síntomas.

Los más comunes son:

• cefaleas recurrentes,
• vértigos,
• sudoración inmotivada,
• pérdida de sangre por la nariz,
• zumbido en los oídos,
• trastornos en la vista,
• respiro breve,
• enrojecimiento de las mejillas.

Si nos damos cuenta de que sufrimos uno o más de estos síntomas, es recomendable no infravalorarlos y visitar a un médico.

El estilo de vida es la mejor prevención

Tanto cuando queremos prevenir como cuando la presión ya es alta, adoptar un estilo de vida más sano y equilibrado es el primer factor que nos ayuda a tener los valores en regla.

Además de hacer actividad física de forma moderada pero constante – caminar durante al menos 30 minutos al día es la mejor - la prevención empieza en la mesa.

Una dieta rica en fibras constituye un óptimo modo para controlar o reducir la hipertensión. Vía libre pues a las comidas a base de verduras frescas, mejor si están crudas, cereales integrales, fruta seca y semillas.

Muchas de las personas que son hipertensas pueden sufrir un desequilibrio entre sodio y potasio. Mientras que el primero se encuentra en valores altos en la sangre, el potasio a menudo falta. Para aumentar los valores de potasio de manera natural, podemos abastecernos de: manzanas, espárragos, naranjas, tomates, plátanos, repollo y alga kelp.

Cebolla, ajo, apio y perejil contienen propiedades que ayudan a bajar los niveles de la presión sanguínea. Podemos usar estos ingredientes para aportar sabor a los platos, sin tener que añadir la sal.

La deshidratación contribuye a aumentar los niveles de la presión. Beber a menudo es una buena manera de restablecer los valores.

La sal debe limitarse o eliminarse. En su lugar, podemos dar sabor a nuestros platos usando gomasio a base de semillas de sésamo, que sí, contiene sal, pero marina integral y en cantidades más reducidas. Como alternativa, se pueden utilizar las algas o bien el acidulado de umeboshi, óptimo para aliñar las ensaladas en vez de usar vinagre y sal. También las grasas saturadas e hidrogenadas deben eliminarse: productos de origen animal, margarina, mantequilla y productos de pastelería.

Sin olvidar que debemos mantener una vida lo más tranquila posible, sin stress o preocupaciones inútiles para cuidarnos la presión.

Los oligoelementos para la presión alta

Para tener bajo control o rebajar los niveles de la presión arterial, podemos combinar un estilo correcto de vida con el consumo de remedios naturales. Los oligoelementos, concretamente, ayudan a equilibrar la presión sanguínea, de manera que los valores se mantengan equilibrados.

Se recomienda consumir Manganeso y Cobalto en días alternos. Es mejor tomar estos dos oligoelementos separados entre ellos y NO la unión Manganeso-Cobalto. De hecho, estos dos elementos contribuyen a subir la presión, mientras que tomados por separado la regulan hacia abajo.

El Yodo es un regulador de la tiroides, ya que es metabolizado exclusivamente a nivel de la tiroides. Pero también es útil como regulador de la presión. También va bien en caso de variaciones de presión a lo largo del día.

El Potasio se aconseja para regular las fases de contracción y descontracción del músculo cardíaco. La carencia de potasio provoca graves daños del ritmo cardíaco y la consecuente hipertensión. Además, estimula la eliminación del sodio en exceso a través de un aumento de la diuresis.

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