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Planeta Tierra: ¿una escuela para evolucionar?

Escrito por el Equipo de Macrolibrarsi.it

vida como camino para evolucionar

El recorrido vital en la Tierra y su significado

Imaginemos la evolución espiritual asumiendo nosotros mismos la responsabilidad de todo aquello que nos ocurre: ¿es realmente posible? ¿podemos influenciar nuestra realidad?

La vida en la Tierra se transforma entonces en una extraordinaria oportunidad de ponerse a prueba, aprender nuevas reglas y abrirnos al amor hacia nosotros mismos y hacia los otros.

Planeta Tierra: ¡vamos a la escuela!

¿Cuántas preguntas nos hacemos y cuántas se han hecho antes que nosotros sobre la existencia humana: de dónde venimos y qué hacemos aquí?

La vida media de un ser humano es de aproximadamente ochenta años: si lo comparamos con la inmensidad de los universos, del espacio, de la velocidad de la luz, con los billones de años de vida de este planeta, ¿qué son ochenta años? Un soplo. Y de esos ligeros, casi imperceptibles.

Y aun así, durante nuestro ligero soplo vivimos una infinidad de experiencias y emociones, que nos forman día tras día y nos transforman en personas nuevas.

¿Y si la Tierra fuera un lugar en el que las almas se encarnaran para aprender alguna lección? Si fuera así todo tendría más sentido.

Exageremos un poquito más: ¿y si las almas volvieran continuamente sobre la Tierra para aprender lecciones nuevas cada vez o para repetir aquello que no han aprendido en sus vidas precedentes? Sería un bonito juego la vida. Un juego hecho de reglas para aprender. Reglas sí, pero que liberan en vez de obligar, que dejan libertad de elección, donde el que manda es el libre albedrío. Desde esta óptica, el nacimiento y la muerte adquieren un significado diferente respecto al que se les atribuye normalmente. No existe un nacimiento y no existe una muerte. Nada termina y podemos volver más y más veces.

Lección número uno: ¡la continuidad!

Crecemos con un grande miedo: el miedo a la muerte. En nuestra sociedad la muerte es casi un tabú, no se habla sobre el tema con consciencia sino que se muestra como algo espectacular en la televisión para crear aún más miedo y aumentar así los niveles de audiencia.

Intentemos durante un momento pensar en la posibilidad de contemplar las cosas desde otra perspectiva: ¿Si nuestro recorrido en la Tierra tuviera la finalidad de hacernos aprender cosas y adquirir instrumentos para evolucionar como almas... no se convertiría todo en algo más interesante? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué lecciones debemos aprender?

Cada uno debe seguir su camino, eso está claro, pero saber que nuestra vida tiene un objetivo hace que ésta sea mejor día tras día. Y sobre todo nos muestra que no existe una separación real sino que se trata solo de un estado mental que se disolverá con el cuerpo.

Las almas son inmortales y llevan a cabo una experiencia de vida sobre la Tierra para aprender a mejorar el mundo que las rodea.

Desde el punto de vista de la continuidad, podemos ver una enseñanza en cada suceso que la vida nos presenta, escogiendo nosotros mismos cómo reaccionar y cómo afrontarlo.

La vida y el libre albedrío

La pregunta que nos hacemos a menudo es: “si Dios existe, ¿por qué permite el mal?” En realidad no es Dios o cualquier Entidad Maestra que nos ha creado la que permite el mal.

Todas las almas están dotadas del libre albedrío, es decir, de la libertad de escoger. No podría ser de otra manera. Para aprender y mejorarse es necesario también equivocarse y sufrir. Precisamente es en los momentos difíciles y en el sufrimiento que conllevan donde sacamos las mayores enseñanzas. Podemos decidir ver los sucesos que ocurren a nuestro alrededor como desconectados de nuestra voluntad o bien como directamente proporcionales.

Podemos percibirnos como víctimas de aquello que nos sucede o empezar a entender que somos nosotros mismos los creadores de nuestra realidad y que la vida en la Tierra es una escuela. Una escuela en la que aprendemos a vivir.