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Microbiota. Prólogo e índice

Los Microbios de tu Organismo

ÍNDICE

Ver los microbios      13
Prólogo      17

PRIMERA PARTE
SOMOS MICROBIOS      19

  • Leeuwenhoek: ver lo invisible      21
  • Pero ¿qué son los microbios?      29
  • Somos mitad humano mitad bacteria       35
  • ¿Quiénes son nuestros microbios?      41
  • Las bacterias viven en comunas, son cotillas y muy promiscuas       51
  • No hay nada como una madre      57
  • Compartes microbios con tu familia... y con tus mascotas      67
  • Todo cambia con la edad      71
  • CSI: descubrir al asesino por las bacterias de su pelo      77
  • ¿Por qué a ti te pican los mosquitos y a mÍ no?      81
  • El pintxo microbiano      85
  • Mantener a raya al enemigo      93
  • ¿Estoy gordo o son mis microbios?      97
  • En la salud y en la enfermedad      107
  • La conexión entre el intestino y el cerebro      117
  • Microbiota y cáncer      127
  • Cómo manipular la microbiota:
  • del Actimel al trasplante fecal      135
  • Un poco de sana autocrítica      149
  • Los microbios de los neandertales       155
  • ¿Qué les pasa a tus bacterias cuando vas al espacio?      167
  • ¿Por qué explotan las granjas de vacas?
  • Los animales también tienen microbiota      171
  • La variable invisible      183
  • Antibióticos en tus tripas: la solución puede estar en tu interior      189

SEGUNDA PARTE
LA PANDEMIA DEL SIGLO XXI      195

  • El lado oscuro de los microbios      197
  • La «bala mágica»      207
  • ¿Cómo actúan los antibióticos?       217
  • Superbacterias: la pandemia del siglo XXI      223
  • ¿Cómo hemos llegado a esta situación?       233
  • Las bacterias también viajan contigo       239
  • No solo falsifican Rolex y Lacoste      243
  • Los hospitales: un inmenso planeta de microbios      247
  • Nuevos antibióticos      253
  • El decálogo contra la resistencia a los antibióticos       259

Epílogo      263

Para saber más      265

Ver los microbios

Mucho costó a los microbiólogos «ver» qué y cómo son los microbios. Y aún más tuvieron que trabajar para convencer a todos los científicos de que la vida microbiana es algo real, aunque los microorganismos no alcancen un tamaño sufi­ciente que los haga visibles para el ojo humano sin la ayuda del microscopio. Todo ello a pesar de que esa parte de nues­tra vida biológica, la vida microbiana, nos ha acompañado desde que aparecimos como especie en este planeta. Esto fue algo que sucedió, como quien dice, anteayer. Me refiero a nuestro comienzo como especie en esteplaneta, hasta ahora el único que conocemos que nos puede albergar. Total, si la vida comenzó en sus formas más elementales hace unos 3800 millones de años, el Horno sapiens empieza su caminar por aquí hace no mucho más de 150.000 años (dejemos la precisión de estas cifras a los paeloantropólogos que cada vez afinan más). Resulta que el planeta Tierra es el único de los que conocemos que puede sostener nuestro existir bioló­gico, pero eso sí, el nuestro, con nuestros microbios.
Como científico creo que la Ciencia también abre espacio para el asombro; como ocurre con todo lo que se deriva de la creación artística, la contemplación del cosmos no deja indi­ferente. Pues bien, lector que tienes este libro en tus manos disponte a ver, observar, analizar, conocer una parte importante de tu propia biología. Ignacio López-Goñi, investi­gador consagrado, experto profesor, divulgador riguroso, desgrana en las páginas que siguen un relato que tiene un protagonista, la MICROBIOTA, y que tiene un argumento, tu salud depende de tus microbios.
Es éste un libro científico, pero también es una construc­ción literaria, con un ritmo propio, para relatar unos hechos que interesan, para encadenar algunas sorpresas o para abrir espacios de interés en los que seguir profundizando. Con un lenguaje directo, con un estilo desenfadado, el Dr. López­Goñi nos propone un recorrido por un conjunto de conoci­mientos que hacen referencia a nuestra vida y nuestra salud. Como microbiólogo me permito apuntar el mérito funda­mental de este libro: aporta una descripción actualizada de la variedad de la microbiota que puebla nuestro organismo, algo que hasta hace poco resultaba inabarcable.
Albergamos al menos tantas células microbianas como células propias; con las nuevas tecnologías vamos conociendo su rastro genético (microbioma); con ello podemos deducir que la microbiota está constituida por cientos de especies de bacterias y otros microbios, así como valorar cuál es su apor­tación a nuestra fisiología.
Orgánicamente somos por tanto también los microbios que viven en nosotros, somos esa red microbiana que nos habita. Como tal red actúa sobre los alimentos que ingeri­mos, sobre los medicamentos que se nos administran, incluso los productos tóxicos que nos llegan son transformados gra­cias a población microbiana, que acaba desempeñando las funciones de un auténtico órgano.
El relato del autor también nos informará de cómo la micro­biota contribuye a definir nuestra individualidad genética, el microbioma humano es una parte del genoma humano, su composición equilibrada es parte de la salud y sus alteracio­nes pueden ser patológicas. Nos asombrará constatar cómo la pared del intestino supone una barrera de intercambio, entre los microbios que habitan en esa localización y el resto de nuestros órganos y tejidos, que recibirán las más diversas señales de la microbiota a través de la circulación.
Las líneas del relato de López-Goñi pueden verse como una metáfora de lo que ha sido el desarrollo del conoci‑
miento microbiológico. Hace apenas siglo y medio, cien­tíficos como Pasteur y Koch tuvieron que esforzarse para demostrar que eran los microbios, invisibles al ojo humano, los que producían infecciones o fermentaban el mosto. No fue fácil porque, entre otras circunstancias, poco antes el fisiólogo Claude Bernad ponía los fundamentos de enormes avances en Patología Médica, demostrando que la enferme­dad podía provenir de causas endógenas. Entonces, cómo poner también énfasis en agentes «externos» microbianos como causantes de un grupo grande de enfermedades, las infecciones. Muchas polémicas —hasta burlas— hubieron de afrontar los pioneros de la etiología microbiana de las infecciones. A día de hoy, no es que los proponentes de que la microbiota tiene un papel en el equilibrio fisiológico, algo fácil de aceptar, pero también en muchas alteraciones pato­lógicas, hasta hace poco insospechadas, hayan de sufrir la descalificación por sus opiniones científicas. Pero, no hay duda de que muchos de los hallazgos que aquí se describen se han visto con notable escepticismo.
Pero también las entrelíneas de este libro se nos pueden hacer patentes de su lectura. En las entrelíneas del relato de López-Goñi surge con claridad una conclusión: nos espe­ran más sorpresas, muchas más en el devenir del conoci‑
miento que todo el esfuerzo científico actual nos traerá. El mundo microbiano, el que nos habita y el que puede llegar a
hacerlo, es muy dinámico, nos queda mucho por saber y aún más por aplicar, para beneficio de nuestra salud, tanto indi­vidual como global

CÉSAR NOMBELA.

Catedrático de Microbiología

Prólogo

Probablemente todo lo relacionado con los microbios te suene a suciedad, a enfermedades y a infecciones. Y es cierto —algunos microorganismos causan enfermedades, algunas incluso mortales—, pero la inmensa mayoría de los micro­bios son unos buenos tipos.
Están por todas partes y por ellos es posible la vida en el planeta. También están dentro de nosotros. En realidad somos superorganismos y tenemos al menos tantos microbios en nuestro cuerpo como células humanas. La microbiota es esa comunidad de microorganismos buenos que viven en nuestro cuerpo, gracias a los cuales podemos incluso disfru­tar de una salud de hierro. Desde el mismo instante en el que nacemos somos colonizados por millones de virus, bacterias y hongos, que permanecerán con nosotros hasta el final de nuestros días. Y desde que el hombre es hombre, conviven en nuestro cuerpo: hemos coevolucionado con ellos. Los com­partimos con nuestra familia y nuestros amigos, pero son parte de nuestra identidad: los microbios que tú tienes son distintos de los de otra persona.
Nos influyen mucho más de lo que te imaginas. Gracias a ellos se activan nuestras defensas y mantienen a raya a otros microorganismos patógenos, evitando que nos colo­nicen y que nos causen enfermedades. Nos ayudan a hacer la digestión y nos proporcionan vitaminas y otros compues­tos que nosotros no podemos sintetizar, y que son necesarios para nuestra salud. Existe una comunicación entre nuestros microbios y nuestro cuerpo, con el metabolismo y el cerebro, por ejemplo.
Una buena microbiota es sinónimo de una buena salud. Vivimos en equilibrio con nuestra microbiota y tenemos que cuidarla, porque cuando la maltratamos y ese equilibrio se pierde, nuestra salud se resquebraja. Hay muchos ejemplos que relacionan la microbiota con la enfermedad: desde aler­gias, diabetes, obesidad y enfermedades autoinmunes, hasta alzhéimer, párkinson y autismo, incluso el cáncer. Por eso, intentamos manipular la microbiota intestinal con alimentos probióticos, prebióticos o simbióticos, cada vez más sofistica­dos y mejor diseñados, e incluso reemplazarla por completo mediante un trasplante de microbiota, el llamado trasplante fecal. La dieta también influye en nuestros microbios, y una dieta sana y equilibrada probablemente también sea lo mejor para ellos.
A nuestras bacterias les influyen una multitud de facto­res: el estrés, nuestro sexo, la genética, la edad, con quién vivimos, lo que comemos o el ambiente en el que nos move­mos. Nuestra microbiota no solo es muy sensible a cambios en nuestra dieta, sino también a los antibióticos, por ejem­plo. El uso y abuso indiscriminado de antibióticos es una de las causas de la proliferación de superbacterias, resisten­tes a múltiples antibióticos, que también están poniendo en riesgo nuestra salud. La resistencia a los antibióticos ya es la nueva pandemia del siglo XXI.
Compartimos nuestro propio cuerpo con una multitud de microorganismos con los que debemos convivir en equili­brio y armonía. De ti depende llevarte bien con ellos, porque tu salud depende de tus microbios.

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