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Extracto de "Yoga. El silencio es mi alimento"

Yoga. El silencio es mi alimentoMi objetivo no es llenarte la cabeza de nombres, ideas... No es necesario memorizar o tratar de entenderlo todo. Quédate sólo con lo que te sirva en estos momentos, nada más. Te contaré una historia que viene al caso.

Era un genuino buscador, pero se perdía demasiado en abstracciones metafísicas y especulaciones filosóficas. Había recibido enseñanza de muchos maestros, pero las explicaciones que le proporcionaban sobre la Doctrina alimentaban aún más sus elucubraciones metafísicas. Se enteró de que había un maestro chan muy pragmático y decidió ponerse en sus manos. Después de permanecer varios días frente a la casita del maestro, éste lo aceptó. Cuando el discípulo le preguntó si había espíritu o no, el maestro le dio un vigoroso tirón de orejas.
—No es muy gentil por vuestra parte lo que habéis hecho —se quejó el discípulo.
Y el maestro repuso: —¡No me vengas con pamplinas a estas alturas de mi vida!
Salieron a dar un largo paseo.
—Maestro, cuando un ser liberado muere, ¿sigue o no sigue existiendo en alguna parte?
El maestro comenzó a coger moras silvestres y a degustarlas en silencio. El discípulo protestó: —No es muy amable por vuestra parte no responder cuando se os habla.
El maestro le dirigió una mirada severa y dijo: —Yo estoy en el presente, comiendo estas jugosas moras, y tú estás, como un estúpido, más allá de la muerte.
Se sentaron bajo un árbol, cerca de un arroyo:
—Maestro, ¿hay un ser supremo que creó el mundo o todo es producto de la casualidad?
—¡Déjate ya de vanas preguntas! —replicó el maestro—.
Ahora voy a preguntarte yo algo muy concreto: ¿estás escuchando el rumor del arroyo?
—No —repuso el discípulo, enredado en su miríada de opiniones.
Y el maestro concluyó: —Pues siento decirte que eres incorregible. Ve a otro maestro que te llene la cabeza de ideas y permíteme seguir escuchando el rumor del arroyo,

«Con el verdadero maestro, el discípulo aprende a aprender, no a recordar y obedecer. La compañía del noble no moldea, sino que libera». NISARGADATTA

«Más vale un gramo de práctica que toneladas de teoría». SWAMI SIVANANDA

Nunca es tarde para emprender el viaje hacia uno mismo. Pero no debemos abandonarnos a la enfermedad del mañana, que nos induce a dejarlo todo para el día siguiente, incluso la búsqueda espiritual. La senda gradual hacia la autorrealización está abierta a cualquier persona; pero en cuanto descubrimos que existe, debemos, en nuestro propio beneficio, comenzar a recorrerla.

«Pensar y hablar sobre el camino integral no es lo mismo que practicarlo. ¿Quién se convirtió alguna vez en un buen jinete por hablar de caballos? Si deseas encarnar el tao, deja de parlotear y empieza a practicar. Relaja tu cuerpo, sosiega tus sentidos. Haz regresar tu mente a su claridad original». LAO TSE

Era un noble que había alcanzado la edad de setenta años y tenía a su servicio a un músico de edad similar, el cual era ciego. Este escuchó que el noble se lamentaba así:
—¡Qué pena ser tan mayor! Ahora, aunque quisiera estudiar y emprender la lectura de los grandes textos, ya es demasiado tarde para ello. Tengo demasiada edad.
El músico le preguntó: —¿Por qué no enciende una vela?
El noble se quedó estupefacto ante la pregunta del ciego y reaccionó sintiéndose indignado, pues creyó que el músico trataba de burlarse de él o ridiculizarlo.
—¿Cómo te atreves, insolente, a bromear así con tu señor? —preguntó enfurecido.
—Un pobre y humilde músico jamás bromearía con los asuntos de su señor. Nunca osaría algo así, señor, pero sí reclamo un poco de vuestra atención.
El noble recuperó parte de su sosiego. El ciego explicó: —He oído decir que si un hombre es estudioso en su juventud, se labrará un futuro brillante como el sol matinal; si estudia cuando ha llegado a una edad mediana, será su futuro como el sol de mediodía; si empieza a estudiar en la ancianidad, lo será como la llama de una vela. Aunque la llama de una vela no es muy brillante, por lo menos es mejor que andar a tientas en la oscuridad.
Ese mismo día, el noble comenzó a estudiar.

—¡Buenos días, sadhaka
—¡Buenos días! Ya sé que pregunto mucho, pero... ¿Qué significa sadhaka? Me siento perdido con todas esas palabras extrañas.
—Un sadhaka es un aspirante. Un buscador espiritual que realiza alguna forma de sadhana. Y supongo que con lo de «palabras extrañas», te refieres al sánscrito. El sánscrito es el idioma que se utilizaba hace miles de años en lo que ahora conocemos como India.

El dharma o ‘deber’ del estudiante es practicar con diligencia y esforzarse por comprender las enseñanzas del maestro. Y el dharma del maestro es enseñar yoga con buen corazón, buena voluntad e intenciones nobles. Ayudar al alumno a que descubra a su propio maestro interno, a que desarrolle su propio criterio y experimente por sí mismo. Para que la enseñanza del yoga sea eficaz, veraz y completa, debe venir desde parampara. Parampara denota el principio de la transmisión del conocimiento basado en la experiencia directa y en la práctica. Es la base de todo linaje: el maestro y el estudiante constituyen los eslabones de la cadena de la instrucción que se ha transmitido durante miles de años en la India, y es la base de una rica herencia espiritual.

Un estudiante de artes marciales le dijo a su maestro: —Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender contigo, quisiera aprender con otro maestro para aprender otro estilo. ¿Qué piensas de esta idea?
—Aquel que persigue dos conejos no atrapa ninguno —contestó.

La práctica del yoga comienza con la respiración. Una buena respiración amplia y regulada es el fundamento de la salud física y mental. Por eso, el primer objetivo en la práctica del yoga es recuperar la respiración natural, armoniosa y libre, la cual suele deteriorase por la aparición de bloqueos funcionales en el aparato respiratorio. Estos bloqueos surgen principalmente por acumulación de tensiones físicas, emociones negativas o actividad descontrolada de pensamientos.

Entonces la respiración se vuelve superficial, pobre. El estrés nos encoge, nos aprieta por dentro hasta el punto de dificultar el buen funcionamiento de los órganos vitales. Mediante la práctica de asanas, obtenemos elasticidad en los tejidos torácicos, pulmonares, musculares...; facilitando así que la respiración se produzca de manera suave, fluida, natural y sin esfuerzo.

La respiración puede considerarse como la más importante de las funciones del cuerpo, porque de ella dependen todas las demás. Según sea la calidad de nuestra respiración, así será la calidad de nuestra vida. La mayoría de las personas respira de forma incorrecta: por la boca, de forma entrecortada, superficial e irregularmente, y además hace poco o ningún uso del diafragma. Respirando de esta manera, se incorpora una cantidad insuficiente de oxígeno, al usar sólo la parte superior de los pulmones, lo cual genera una importante carencia de vitalidad y una baja resistencia a la enfermedad.

La práctica del yoga corrige estos hábitos: la respiración correcta requiere respirar por la nariz, de forma fluida, profunda y sin esfuerzo. Con una inhalación y exhalación completas, respetando siempre el impulso natural de la respiración, los pulmones trabajan en su totalidad. Cuanto más aire viciado se exhale, mayor volumen de aire fresco se podrá inhalar. Además, al inhalar por la nariz, el aire se calienta y se filtra de impurezas. Por otro lado, cuando usamos el diafragma, los órganos internos son masajeados y estimulados. La regulación correcta de la respiración aporta salud y bienestar general al permitir la purificación de la sangre. Los hábitos correctos en este proceso son los que han de aportar grandes dosis de vitalidad, así como una mayor inmunidad contra las enfermedades.

Intensificar la atención sobre la respiración genera grandes cambios en este esquema sin que nosotros apenas tengamos que intervenir. Basta con observarla pasivamente para que la energía mental se estabilice, se restablezca un estado psicoemocional armonioso, y la respiración recupere su cauce natural, tornándose rítmica, suave y pausada.

Yoga. El silencio es mi alimento