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Extracto de "Las Tres Oleadas de Voluntarios"

Las Tres Oleadas de Voluntarios para una Nueva TierraPara comprender por qué han llegado a la Tierra estas tres oleadas de voluntarios tenemos que volver al principio: a los comienzos de la vida en nuestro mundo. Sé que es una información controvertida, pero tras escucharla una y otra vez a lo largo de miles de regresiones siento que no podemos seguir haciendo caso omiso.

Hace eones no había vida en la Tierra. Había muchos volcanes y la atmósfera estaba cargada de amoníaco. El planeta tenía que cambiar para que comenzara la vida. En mis investigaciones he descubierto que hay consejos que crean las reglas y regulaciones para crear la vida por todo el universo. Hay consejos sobre el sistema solar, consejos sobre la galaxia y consejos sobre el universo. Es un sistema muy ordenado. Estos seres superiores navegan por el universo buscando planetas aptos para la vida. Ellos dicen que cuando un planeta alcanza el punto a partir del cual puede sustentar vida, se trata de una ocasión trascendental en la historia de ese planeta. Y es entonces cuando se le concede su Constitución Vital.

En ese momento se les encomienda a varios grupos de extraterrestres o de seres superiores la tarea de ir allí y comenzar la vida en ese planeta. A estos seres se les llama los Arcaicos o los Antiguos. Llevan haciendo este trabajo desde el principio de los tiempos. Esto no significa en absoluto que Dios no tenga nada que ver; El forma parte de la historia. Estos seres llevan primero organismos unicelulares para conseguir que se dividan y formen organismos pluricelulares. Qué organismos en concreto se formen en cada planeta depende de las condiciones de dicho planeta. Después de sembrar un planeta, vuelven de vez en cuando a lo largo de los eones para comprobar cómo van esas células. A menudo las células no sobreviven, y se encuentran con el planeta vacío otra vez. Estos seres me dijeron: «No tienes ni idea de lo frágil que es la vida».

Así que en algún momento de la eternidad sembraron la Tierra, y después de un tiempo comenzaron a formarse las plantas, porque las plantas son necesarias antes de introducir a los animales. Conforme la vida comenzaba a desarrollarse, volvieron una y otra vez para ver cómo iba y para cuidarla. Formaron los océanos y limpiaron el aire, de modo que pudieran evolucionar diversas formas de vida. Hasta que en algún momento esos seres superiores comenzaron a crear a un ser inteligente. Esto ha ocurrido en todos los planetas; es la forma en que se crea la vida.

En mis libros yo he llamado a estos seres los «guardianes del jardín», porque nosotros somos el jardín; somos sus hijos. Lo cierto es que para crear seres inteligentes ellos tienen que coger a un animal con un cerebro lo suficientemente grande como para tener capacidad de aprender y que a su vez tenga manos para poder producir herramientas. Esta es la razón por la que eligieron a los simios. Hay gente que no está de acuerdo con este punto, pero la verdad es que nosotros somos genéticamente compatibles con los simios en un noventa y ocho por ciento. Tú puedes donar sangre a un simio y este sobrevivirá; así de cerca estamos, genéticamente hablando. Pero, aun así, crear seres humanos requiere de manipulaciones genéticas y de mezclas con otras células y genes traídos de otras partes del universo. Ellos dicen que jamás encontraremos el eslabón perdido; simplemente porque no existe. Nuestra evolución se saltó unas cuantas generaciones. No ocurre solo por casualidad.

A lo largo del tiempo, cada vez que hacía falta concederle algo a la humanidad, estos seres venían a vivir con los humanos para otorgárselo. Todas las culturas del mundo tienen leyendas acerca de una «cultura superior benefactora». Los indios tienen a la mujer maíz, que les enseñó a plantar. Hay leyendas acerca de seres que nos enseñaron a dominar el fuego y a desarrollar la agricultura. En todas las leyendas del mundo estos seres proceden del cielo o del otro lado del mar. Son los maestros, y viven todo el tiempo que desean. Son los seres que han descendido hasta nosotros como leyendas de dioses y de diosas. Aún hoy sigue sucediendo, pero ya no pueden vivir entre nosotros; resultarían demasiado llamativos. Así que cuando quieren otorgarnos ideas nuevas para acelerar la evolución, ahora lo que hacen es ponerlas en la atmósfera. Aquel que recoja será su inventor. No les importa quién la descubra, siempre y cuando lo haga en nuestra línea temporal. Todos hemos oído hablar de personas distintas trabajando en la misma idea al mismo tiempo. Un ejemplo de esto es la energía libre que están desarroliando muchas personas en todo el mundo y de la cual he oído hablar en mis viajes.

El JARDÍN PERDIDO DEL EDÉN

Cuando se creó el primer ser inteligente sobre la Tierra, el consejo decidió otorgarnos la libertad para ver qué hacíamos con ella. Hay planetas en los que no hay libertad. La directriz de Star Trek de no interferir es muy, muy real. Forma parte de las directrices del consejo: ellos no pueden interferir en el desarrollo de una especie inteligente. Pueden ayudar enseñándonos y dándonos conocimientos, pero no interferir. Yo les pregunté si no podía considerarse una interferencia el hecho de que vinieran y nos dieran lo que necesitábamos en cada momento para nuestra evolución (el fuego, la agricultura). Pero ellos me dijeron: «No, ese es un regalo que os dimos para ayudaros en el siguiente estadio de vuestra evolución. Qué hagáis vosotros con él es asunto de vuestra voluntad». En muchas ocasiones hemos cogido ese regalo y lo hemos utilizado para hacer algo negativo o destructivo, cosa que no era su intención. «¿Y no podíais entonces volver y decirles que no lo estaban utilizando de la forma correcta?», pregunté yo. Y ellos contestaron: «No, eso sería interferir. Nosotros os lo dimos. Lo que vosotros hagáis con él depende de vuestra voluntad. Nosotros solo podemos esperar y abrir la boca admirados ante las complejidades de los humanos, pero no interferir». La única excepción a esta regla se produciría en el momento en el que llegáramos a un estadio de la evolución en el que pudiéramos destruir el mundo. Esto no podrían permitirlo porque produciría una reverberación a lo largo de las galaxias y perturbaría a demasiados planetas, e incluso a la vida en otras dimensiones. ¡Quién habría pensado que un planeta pequeño y deliberadamente aislado en esta parte de nuestro sistema solar pudiera tener tanto impacto! Sin embargo ellos insistieron en que los resultados llegarían muy lejos y serían desastrosos.

Se suponía que seríamos una especie perfecta que jamás caería enferma y que podría vivir todo el tiempo que quisiera. Se suponía que la Tierra sería como el jardín del Edén: un lugar perfecto. Pero ocurrió algo inesperado que cambió todo el plan. Justo cuando la vida comenzaba a desarrollarse a la perfección, cayó un meteorito sobre la Tierra que trajo bacterias que, a su vez, provocaron las enfermedades. Así fue como la enfermedad se introdujo por primera vez en la Tierra. Al ocurrir esto los seres que controlaban la evolución de la Tierra volvieron al consejo. Preguntaron qué hacer una vez que el experimento perfecto se había echado a perder. Se produjo una gran consternación. El dilema consistía en decidir si destruirlo todo y comenzar de nuevo otra vez, o permitir que la vida continuara su desarrollo. El consejo decidió permitir que siguiera adelante y que evolucionara, porque se había invertido mucho tiempo y esfuerzo. Lo permitieron a pesar de saber que, a causa de la enfermedad, la vida en la Tierra jamás volvería a ser tan perfecta como se había planeado en un principio.

Estos seres superiores siguieron observando nuestra evolución a distancia, pero en 1945 ocurrió algo que les llamó verdaderamente la atención: la explosión de una bomba atómica al final de la Segunda Guerra Mundial. Se suponía que en ese estadio de nuestra evolución no teníamos que tener energía atómica. Ellos sabían que no seríamos capaces de controlarla, que la usaríamos para destruir. Cuando se introdujo la energía atómica en nuestra línea temporal se suponía que la utilizaríamos correctamente. Yo les dije que la estábamos utilizando bien, para producir electricidad y cosas así. Ellos me explicaron que al haber sido fabricada por primera vez como arma conllevaría ya para siempre un aura negativa, y que jamás tendría el enorme beneficio que se suponía debía tener. Acabábamos de salir de la terrible Segunda Guerra Mundial, así que ellos sabían que nunca seríamos capaces de controlar algo tan poderoso como la energía atómica. Sencillamente era la naturaleza humana, y estaban extremadamente preocupados por que pudiera llevarnos a la destrucción total.

Durante el desarrollo de la bomba atómica los científicos no sabían realmente con qué estaban experimentando. Era un elemento desconocido. Les dijeron que era concebible que prendiéramos fuego a todos los átomos de hidrógeno de la atmósfera y que provocáramos una explosión masiva que destruiría nuestro mundo. Pero los científicos hicieron caso omiso de la advertencia y siguieron experimentando con curiosidad. Todo esto lo cuento en mi libro Un alma recuerda Hiroshima, en el que estuve años investigando acerca del desarrollo de la bomba. También al final de la guerra hubo mucha desconfianza entre los países, lo cual provocó la acumulación de reservas nucleares. Así que la preocupación de los seres superiores tenía un buen fundamento. No sabíamos con qué estábamos jugando. Se trata de un período extremadamente peligroso e inestable.

Fue durante esa época, al final de los años cuarenta y principios de los cincuenta, cuando comenzaron a hacerse públicos los avistamientos de ovnis. Los seres superiores volvieron al consejo y preguntaron qué hacer, ya que les está vedado interferir en la libre voluntad de la humanidad. Fue entonces cuando al consejo se le ocurrió lo que yo considero un plan brillante. Pensaron: «No podemos interferir desde fuera, pero ¿y si les ayudamos desde dentro?». Pedir voluntarios para introducirlos en el planeta y ayudar no se considera interferir. Y fue así como se propagó por todo el universo la petición de almas voluntarias para venir a la Tierra a ayudar.

La gente de la Tierra ha quedado atrapada en el ciclo de la reencarnación, en la rueda del karma, durante cientos y cientos de vidas; vuelven para repetir los mismos errores una y otra vez. Se suponía que teníamos que evolucionar, pero no es así. Esta es la razón principal por la que vinieron Jesús y los otros grandes profetas de la Tierra: para enseñar a la gente cómo salir de la rueda del karma, para ayudar a la humanidad a evolucionar. Pero todavía seguimos cometiendo los mismos errores una y otra vez: produciendo guerras y mucha violencia. Así que la gente de la Tierra no iba a poder salvar la Tierra. ¿Cómo ayudar a la Tierra, si sus habitantes no podían ayudarse siquiera a sí mismos? Necesitábamos almas puras que no estuvieran presas en la rueda del karma, que no hubieran estado en la Tierra jamás.

Durante los últimos cinco años de trabajo he estado encontrándome cada vez más con almas que procedían directamente de Dios y que jamás habían habitado ningún tipo de cuerpo físico. He visto a gente volver a lo que era: extraterrestres que vivían en naves espaciales o en otros planetas, o seres de luz de otras dimensiones que no necesitan cuerpo. Los voluntarios vienen con una vaina o cubierta por encima de sus almas para evitar acumular karma, porque una vez el karma se acumula hay que volver a nacer una y otra vez. Ahora mismo hay decenas de miles de estas almas nuevas por todo el mundo, y los seres superiores les han dicho que no tienen que preocuparse por el hecho de que nosotros podamos destruir la Tierra. Dicen que finalmente hemos logrado el equilibrio. Vamos a ser capaces de salvar el mundo.

Las más puras e inocentes de todas son aquellas almas que provienen directamente de la Fuente o Dios. Entonces yo quise saber qué era Dios. Me dijeron que nuestro concepto de Dios no es más que una idea minúscula de lo que El es en realidad. No podemos ni siquiera empezar a formarnos un concepto de lo que es. Todos lo describen de la misma manera: Él no es un hombre; en todo caso sería una mujer, porque las mujeres son la fuerza creadora. Pero Dios no es ni un hombre ni una mujer. Es una Fuente enorme, la Fuente de toda energía, y lo describen como un Fuego o una Luz inmensas. Algunos llaman a Dios el Gran Sol Central, una enorme Fuente de energía, y sin embargo está repleta de amor, de un amor total. Un cliente me describió esa Fuente como «el corazón del Sol, el corazón de Dios». Cuando los seres puros que proceden directamente de Dios vuelven a la Fuente durante una sesión, ya no quieren marcharse de allí. Es el origen de todos nosotros; al principio éramos uno con esa Fuente. Las almas que han Venido directamente de Dios dicen que no hay separación; que todo es uno. Yo les pregunté: «Y si lo amabas tanto, ¿por qué te marchaste de allí?». Todos responden lo mismo: «Oí la llamada. La Tierra tenía problemas. ¿Quién quiere ir a ayudar?». Lo mismo dicen incluso los que habían sido extraterrestres. Sus recuerdos se borraron cuando se encarnaron en un cuerpo como el nuestro. Entonces yo pregunté: «¿Y no sería más fácil si todos recordáramos por qué hemos venido?». Pero ellos dicen que si supiéramos las respuestas ya no sería una prueba.

Las Tres Oleadas de Voluntarios para una Nueva Tierra