× Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso.
Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Extracto "La eternidad según Un Curso de Milagros"

La eternidad según un curso de milagrosQuiero ir a casa

«Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar. Y en algún recodo de tu mente sabes que esto es verdad. El recuerdo de tu hogar sigue rondándote, como si hubiera un lugar que te llamase a regresar; si bien no reconoces la voz ni lo que esta te recuerda». L-182.1:1-3

Cuando los pájaros emigran a otras tierras, el instinto migratorio es intenso. Si a un pájaro migratorio se le introduce en una jaula, se pone a caminar de un lado a otro, se golpea el pecho contra los barrotes y hace todo lo posible para salir de la jaula. Sin embargo, si se pone al mismo pájaro en la jaula cuando no es el momento de emigrar, no trata de liberarse. Si lo lanzas al aire, no vuela muy lejos. El tirón que sentía en el corazón se ha ido.

Algo tira de nuestro corazón. Queremos estar en Casa con Dios. Queremos ser plenamente el amor que somos. Toda alma se esfuerza por elevarse por encima de lo mundano. Todo el mundo tiene hambre del Cielo, de descansar, de la paz eterna que está más allá de nuestras vidas a menudo estresantes, desasosegadas e insatisfactorias. Necesitamos un refugio del ajetreo y de la lucha por la supervivencia. Añoramos una vida que satisfaga nuestros anhelos más profundos, más allá de todo el sinsentido del mundo; añoramos una vida con sentido.

«Tu hogar te ha estado llamando desde los orígenes del tiempo y nunca has sido completamente sordo a su llamada. Oías pero no sabías cómo mirar ni hacia dónde. Pero ahora sabes. El conocimiento se encuentra en ti, presto a ser revelado y liberado de todo el terror que lo mantenía oculto». T-20.II.8:5-8

Me gustaban de forma especial los aspectos pastorales de mi ministerio. Cuidar de los ancianos era particularmente divertido. A todo el mundo le encanta ser amado, y por eso cuanta más atención les daba, más felices eran. Me di cuenta de que, para algunas mujeres mayores, ese abrazo de cinco segundos el domingo por la mañana en la entrada de la iglesia era posiblemente la única muestra de afecto que recibían de un hombre. Aún puedo recordar a Mildred Clark. Apenas medía metro y medio, y prácticamente se ponía a temblar mientras hacía cola con otra media docena de mujeres mayores esperando su beso dominical en la mejilla. Una de las feligresas era una mujer mayor, la señora Voight, que no podía salir de casa. Como no podía venir a la iglesia, yo la visitaba cada mes para darle la comunión y pasar un rato con ella. La señora Voight tenía dinero y podía permitirse tener una cuidadora y enfermera en casa a tiempo completo. En más de seis ocasiones, su enfermera me llamó para decirme que la señora Voight se estaba muriendo. Entonces yo iba, pero la señora Voight no se moría.

Finalmente llegó el día en que la enfermera llamó para decir que de verdad pensaba que la señora Voight se moría y que debería acudir de inmediato. Fui y, efectivamente, se estaba muriendo. Mientas la enfermera y yo permanecíamos al lado de su cama, ella empezó a llorar diciendo: «¡Quiero ir a casa! ¡Quiero ir a casa!». Creo que lo que ocurrió a continuación no pasaría en el siglo XXI, puesto que hoy las enfermeras tienen una formación más sofisticada para tratar a los moribundos. Pero esto sucedió a comienzos de los años setenta, y como la señora Voight era dura de oído, la enfermera, que estaba de pie a mi lado, le dijo en voz alta: «¡Tonterías, señora Voight! ¡Ya está en casa!», refiriéndose a que ya estaba en su apartamento de Brooklyn.

La señora Voight estaba cansada de su cuerpo viejo, enfermo y agotado, y quería volver a Casa. Aunque tal vez no habría hecho esto por un miembro de mi familia, me volví hacia la enfermera y le pedí que nos dejara solos unos minutos porque quería pronunciar algunas oraciones en privado para ella. La señora Voight y su enfermera tenían claramente lo que el Curso denomina una «relación especial» (basada en el control y en las expectativas, más que en el amor y la amistad). En cuanto la enfermera se fue de la habitación, ella abrió los ojos, que había mantenido cerrados hasta ese momento. No dijo nada. Solo se quedó allí, mirándome fijamente, con una expresión en el rostro que parecía decir: «¡Ayúdame!». Yo le dije: «Señora Voight, puede irse a casa cuando quiera». Una lágrima empezó a correr por su mejilla. Sonrió ligeramente y dijo: «Gracias». Cerró los ojos y enseguida invité a la enfermera a volver a la habitación. La señora Voight se había ido a Casa. Su verdadera Casa no era un cuerpo en un apartamento de Brooklyn.

Cuando conté esta historia en un taller en Siracusa, Nueva York, Cybie Mauro (una vieja amiga y participante en el taller) relató otra historia casi idéntica de cuando acompañó a su madre en el momento de la muerte. Ella y sus hermanas estaban en la habitación de su madre cuando empezó a decir: «Quiero ir a casa». Entonces, como la enfermera de la señora Voight, una de las hermanas le dijo que ya estaba en su casa, y su madre exclamó: «No, ¡no esta casa!».

«¿Adonde quiere ir Dorothy en El Mago de Oz?A casa. ¿Adonde quiere ir Alicia en Alicia en el País de las Maravillas? A casa. ¿Adonde quiere ir el protagonista en el cuento moderno titulado El Expreso Polar? A casa. ¿Dónde está Dorothy? Dorothy se ha dado un golpe en la cabeza y sufre una contusión. Está en su cama, en la granja de su tía Em en Kansas, rodeada de sus seres queridos. Todo el tiempo ha estado soñando que está en una tierra extraña llamada Oz. ¿Dónde está Alicia? Está profundamente dormida con la cabeza en el regazo de su hermana, tumbada bajo un árbol imponente y soñando que está en un mundo al revés después de haber caído dentro de la madriguera de un conejo. ¿Dónde está el niño de El Expreso Polar? Está haciendo un fantástico viaje en tren por el Polo Norte y, sin embargo, duerme seguro en su cama. Despertará la mañana de Navidad.

Una de las alumnas de nuestro grupo Milagros en Manhattan, Cora Yumul, tuvo una experiencia cercana a la muerte. Iban a hacerle una histerectomía, pero el médico no continuó con la operación porque ella sufrió una gran hemorragia. Cora llevaba un brazalete en el que ponía «no resucitar» y estuvo muerta durante noventa y nueve segundos. Durante ese tiempo observó «desde arriba» al personal médico que la estaba operando; habían entrado en pánico mientras trataban de decidir si debían intentar salvarle la vida o no. Evidentemente, la trajeron de vuelta. Mientras contaba su experiencia al grupo, movía la mano delante del rostro como abanicándose y dijo: «¡Vaya! No quería volver; allí... allí está nuestro Hogar».

El viaje a Casa

En The Pilgrims Progress (publicado en 1678), John Bunyan relata las maravillas del viaje del místico. Después de las parábolas de Jesús, The Pilgrims Progress está entre las más famosas alegorías cristianas. Bunyan escribió esta obra mientras estaba en prisión por predicar sin licencia. El libro ha sido traducido a más de doscientos idiomas y era una lectura obligatoria en las escuelas protestantes de los siglos XVIII y XIX. Fue el libro más vendido después de la Biblia hasta el siglo XX. Es la historia de un héroe llamado Christian que va en busca de la Ciudad Celestial (el Cielo). Lleva a la espalda una serie de cargas y tiene que pasar por diversos lugares: el pantano del desaliento, el valle de la humillación e incluso el valle de las sombras de la muerte. A medida que vive esta serie de experiencias, se va aliviando de las cargas hasta que llega a la Ciudad Celestial completamente desnudo (sin cargas).

«Jesús dijo: “El mundo es un lugar de transición, lleno de ejemplos: sed peregrinos en él, y fijaos en las huellas de los que os han precedido”». Neal Robinson, Christ in Islam

Desde las tradiciones mitológicas más primitivas hasta las de las sofisticadas sociedades del siglo XXI, siempre hay historias de héroes y heroínas que salen en busca de un destino más grande que dormir, comer, ganarse la vida, sacar a la familia adelante y morir. El héroe se va de casa y se aventura en una tierra extraña, donde encuentra dificultades y es presa de diversas fuerzas e ilusiones. También conoce a un guía que le ofrece herramientas para ayudarle en su viaje, que implica cierta tarea, cierta misión, alguna función específica.

El guía interno

Helen Schucman dijo en una ocasión que el propósito del Curso es ayudarnos a entrar en contacto con nuestro maestro interno. A los estudiantes del Curso se les anima a desarrollar un diálogo interno con el Espirítu.

La eternidad según un curso de milagros