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Extracto de "Yoga para tus ojos"

Yoga para tus ojosUna visión mejor, unos ojos más sanos

Aunque la mayoría de las personas sabemos qué es lo que tenemos que realizar para disfrutar de una salud más óptima y para vivir una vida más larga —comer mejor, hacer ejercicio regularmente, reducir el estrés y aprender a relajarnos—, en lo referente a los ojos padecemos lo que podríamos denominar una especie de impotencia aprendida. Somos muy pocos los que estamos convencidos de que está en nuestras manos contribuir a que nuestros ojos estén más sanos y a que mejore nuestra vista.

El ojo no es una mera herramienta mecánica. Como a cualquier otra parte del cuerpo, nuestro estado de ánimo le afecta profundamente. Sin que exista ningún motivo claro que lo justifique, la creencia popular actual es que la vista solo puede irse deteriorando cada vez más, que es imposible que mejore. Las estadísticas revelan que la mayor parte de las personas que ven mal no vuelven a ver bien nunca más; su visión no hace más que empeorar progresivamente. Sin embargo, estas estadísticas serían distintas si nos enseñaran a cuidar de nuestros ojos... y, lo que es aún más importante, si nos diéramos cuenta de que tenemos en nuestras manos la posibilidad de mejorar nuestra vista.

¿Qué es la visión?

La visión es un conjunto formado por la sensación, la percepción y la concepción. En términos mecánicos, la retina posee alrededor de 126 millones de células fotosensibles que producen unos mil millones de imágenes cada minuto. El cerebro no tiene posibilidad alguna de asimilarlas todas para crear una imagen, por lo que selecciona, determinando fundamentalmente qué aspectos de la imagen vas a ver y cuáles no. La claridad de visión es en gran medida una función cerebral.

La medicina occidental tiende a ignorar las complejas interacciones que se establecen entre el ojo y el cerebro. La formación médica se centra casi por completo en aprender a combatir los síntomas. Si tienes cataratas, los oftalmólogos te extirpan el cristalino. Si tienes tensión ocular elevada, te ponen el tratamiento adecuado para que disminuya. Si ves mal, te recetan unas gafas. Lo más habitual es que no profundicen en la causa última de estos trastornos.

Sin embargo, la miopía, por ejemplo, es claramente el resultado de padecer estrés mental y de que tu cerebro conciba el mundo como un lugar borroso y poco definido. La mayoría de los niños miopes lo son a partir de tercer curso, cuando la emoción inicial de aprender remite y empiezan a vislumbrar el patrón inmutable de los años de colegio que les aguardan. Aquellos a los que no hay que ponerles gafas en tercero suelen empezar a usarlas cuando entran en el instituto, una época en la que no ven el futuro con claridad y ante ellos se abren unos años de estudio aparentemente interminables.

La hipermetropía, por el contrario, suele desarrollarse alrededor de los cuarenta o los cincuenta años, cuando tiene lugar la mayor parte de los divorcios y la gente tiende a preguntarse si podría vivir la vida de otra forma. No tengo ninguna duda, después de casi treinta años trabajando con todo tipo de problemas de visión, de que la vista es realmente un componente del estado mental de la persona. Mejorar la vista de una persona no consiste sencillamente en lograr que pueda llegar a quitarse las gafas, sino que supone más bien tratar a la persona en su conjunto: su estado mental, su estado emocional y su estado físico.

El doctor William H. Bates, un oftalmólogo visionario

Es posible que hayas oído hablar del Método Bates. Es un conjunto de ejercicios diseñados para fortalecer la visión sin tener que recurrir al uso de gafas correctoras. Su creador fue el doctor William H. Bates, que nació en 1860 y se graduó en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Cornell cuando contaba 35 años de edad. Tres años más tarde, cuando trabajaba como interno en el hospital Colum-bia de Nueva York ejerciendo como especialista de oído, nariz, garganta y ojos (en aquella época estas especialidades estaban unidas), y también como profesor ayudante, fue despedido tras recomendar repetidamente al resto de los médicos de la plantilla que dejaran de utilizar las gafas que les habían prescrito los jefes de oftalmología del hospital.

El doctor Bates utilizaba un instrumento, denominado retinoscopio, con el que podía observar cambios diminutos en la curvatura de la superficie de los ojos, lo que le permitía determinar la naturaleza y el grado de los problemas de visión de un paciente. Durante muchos años se dedicó a observar los ojos de cientos de pacientes sometidos a todo tipo de actividades, estados emocionales y condiciones físicas. Observó cómo, cuando estos pacientes hacían un trabajo que les gustaba, la configuración de sus ojos era distinta de la que presentaban cuando estaban haciendo otro que les disgustaba. Lo mismo sucedía cuando estaban fatigados, preocupados o confusos: mostraban una configuración diferente a la que tenían cuando estaban centrados, excitados, estimulados o relajados.

Entre otras cosas, el doctor Bates descubrió cómo cambiaba el grado de nitidez visual —de la misma persona— de bueno a malo, para volver de nuevo a mejorar, dependiendo del estado físico y emocional de la persona. Llegó a la conclusión de que la visión no es una condición estática, sino que está constantemente oscilando. Es probable que tú mismo hayas comprobado que en unos momentos determinados ves mejor que en otros. El doctor Bates fue el primer oftalmólogo que realizó un estudio científico de este fenómeno. Sus investigaciones revelan cómo el estrés que provocan las distintas situaciones de la vida cotidiana puede crear y agravar los defectos de visión. También demostró que estos problemas pueden corregirse con un comportamiento visual consciente y correcto.

El doctor Bates falleció en 1931, tras pasar toda su vida investigando y desarrollando un método que sirviera para aliviar el sufrimiento innecesario de las personas que padecen trastornos oculares. La compasión y el desvelo que mostraba hacia sus pacientes eran legendarios. En cierta ocasión vio a un niño muy pequeño que llevaba unas gafitas diminutas y exclamó: «Esto bastaría para hacer llorar a los ángeles».

Los ejercicios de Yoga para tus ojos se basan en el método Bates, aunque incorporan algunas modificaciones y otros ejercicios complementarios que he ido desarrollando a lo largo de las casi tres décadas que llevo dedicado a curar mi propia ceguera y a ayudar a otras personas a trabajar para mejorar sus problemas de visión. Este método ha demostrado ser muy efectivo a la hora de aliviar los problemas de refracción (todos aquellos problemas estructurales que afectan a la trayectoria de la luz dentro del ojo), para corregir el estrabismo y el ojo vago y para tratar otros problemas de índole parecida. No se centra necesariamente en las enfermedades oculares; más bien, está diseñado para ayudar a conservar unos ojos más sanos, más resistentes a las enfermedades y más capaces de sanarse a sí mismos ante cualquier trastorno reversible.

Yoga para tus ojos