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Extracto de "Tranquilos y atentos como una rana"

Tranquilos y atentos como una ranaEl mindfulness nos lleva hacia el respeto a la vida y a tener la capacidad de maravillarnos, esta capacidad innata en los niños que corren pero el riesgo de perder con el paso de los años. Los ejercicios contenidos en Tranquilos y atentos como una rana ayudan a los niños a preservar este don y a cultivar su valiosa predisposición al mindfulness. Así nos lo explica Christophe André en el prólogo: 

"Asociamos fácilmente la infancia con la despreocupación. Pero como nos recuerda la frase de La Bruyère, a modo de epígrafe, la despreocupación también es una inteligencia intuitiva: vivir intensamente el momento presente. En este sentido, los niños tienen, de manera natural, una gran capacidad espontánea de mindfulness, que contribuye a proporcionarles una existencia más ligera y más feliz que la nuestra.

El mindfulness es la aptitud de la mente para prestar atención a lo que hay, aquí y ahora, estando totalmente conscientes de cada momento que vivimos. Representa la base de numerosos enfoques meditativos, en los que aprendemos a protegerlo, a desarrollarlo y a consolidarlo. Estudios científicos recientes han resaltado su eficacia, y cada vez es más utilizado en medicina y en psicoterapia.

En principio, los niños son pequeños maestros en materia de mindfulness. Más adelante se harán mayores, aprenderán a anticipar las cosas, a volver al pasado. A medida que maduren con respecto a las aptitudes cerebrales, su mente hará un considerable salto hacia delante, no solo en cuanto al rendimiento, sino también en cuanto a la capacidad de sufrir. Así lo dice el Eclesiastés: «Quien crece en experiencia aumenta su dolor».

Poco a poco, la mayoría de chicos y chicas irán perdiendo o, más bien, dejarán de utilizar, su valiosa predisposición al mindfulness. No hace falta decir que podrán aprender a cultivarlo de nuevo cuando sean adultos. Pero, al fin y al cabo, ¿no sería más simple y lógico ayudarles a preservar y a cultivar este valor maravilloso?

Este libro os hace este ofrecimiento.

¿Pueden méditar los niños?

Hasta hace relativamente pocos años, la meditación para niños era un campo prácticamente inexplorado.

Por un lado, se creía que se trataba de un proceso demasiado difícil y demasiado “intelectual”. Actualmente, sabemos que para que un método de meditación sea útil no tiene por qué ser necesariamente complicado. Es lo que sucede con el mindfulness: es un instrumento simple y poderoso. También se ha llegado a la conclusión de que los niños son muy capaces de tener, a su manera, una vida interior auténtica y profunda. Además, contrariamente a lo que se acostumbra a creer, la meditación de mindfulness pone mucha atención en el cuerpo, y los niños comprenden perfectamente el lenguaje corporal.

Por otro lado, se pensaba que no tenían necesidad de meditar, ya que no sufrían, no se angustiaban, o muy poco... ¡Otro error! Los estados de ánimo dolorosos existen realmente en la infancia, siendo necesario evitar un doble peligro, tanto el de ignorarlos como el de sobremedicarlos o psicologizarlos en exceso, pues para ponerles remedio hay otros enfoques suaves, ecológicos y del todo eficaces: es el caso del mindfulness.

Ahora mismo, los estudios que se interesan por los niños son cada vez más numerosos. Conciernen el equilibrio emocional, las capacidades de resiliencia, la calidad de los intercambios familiares y las capacidades de atención, especialmente en cuanto al trabajo escolar y a los aprendizajes. Por supuesto que también se ha hecho manifiesto el interés -hasta me atrevería a decir, la necesidad- de que incluso los mismos progenitores practiquen el mindfulness. 

¿Por qué hemos de animar a meditar a nuestros hijos?

Por lo tanto, el enseñar mindfulness a nuestros hijos sería una idea excelente. ¡Una más! Pero ¿no nos estamos convirtiendo en unos perfeccionistas enfermizos y exigentes con nuestros hijos? Con tanto desearles lo mejor, ¿no los estamos ahogando con demasiadas actividades: artísticas, deportivas, escolares...?

En cierto modo ello es verdad, pero el mindfulness no es una “actividad” como las otras. Es algo mucho más ambicioso.

Evidentemente, el mindfulness puede ser de gran ayuda para los niños que están demasiado estresados, demasiado dispersos, demasiado angustiados, para que vuelvan a encontrar su centro y tranquilizarse. Ciertamente, les puede permitir defenderse de los anuncios publicitarios, de las interrupciones y de los otros excesos de estimulación propios del estilo de la vida moderna (tan tóxicos para la mente, ya seamos adultos o criaturas, sobre todo si estamos expuestos a los mismos sin discernimiento y sin moderación).

El mindfulness es una herramienta para ayudar a nuestros hijos a enfrentarse con todo esto. Pero puede ir aún mucho más lejos: puede ayudarles a adquirir más humanidad. A no convertirse solamente en trabajadores y consumidores, sino a cultivar desde muy pronto las capacidades de presencia en el mundo y a tomar conciencia de lo hermoso y frágil que este es.

«El niño es el padre del hombre», escribía el poeta inglés Wordsworth. Personalmente, estoy persuadido (¡todo y que de momento no tengo pruebas ni estudios para adelantaros!) de que el mindfulness puede ayudar a nuestros hijos a convertirse en adultos mejores."

Tranquilos y atentos como una rana