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Extracto de "Todo Es Posible"

Todo es posibleBARRERAS HACIA EL ÉXITO

Mi maestro Hisataka me comentó en una de sus lecciones que tarde o temprano iba a encontrarme con piedras en mi camino, y que si mi propósito de verdad me merecía la pena, debería luchar y esforzarme para conseguirlo, pues no siempre las cosas serían fáciles y muchas veces los mayores obstáculos nos los ponemos nosotros mismos, ya que desde que nacemos desarrollamos un conjunto de máscaras para sobrevivir emocionalmente al que denominamos ego. Me habló sobre su conquista, y cómo identificar y saltar estas barreras, pues, una vez consigas trascender al ego, entenderás que solo la esencia puede traerte la felicidad; por tanto, es fundamental que nuestros objetivos estén en armonía con nuestros valores.

EL EGO

Ego proviene del latín y significa «yo». También se le puede llamar personalidad, ego falso o yo falso. Es una coraza elaborada con mecanismos de supervivencia emocionales y psicológicos que desarrollamos desde pequeños: vamos aprendiendo el lenguaje y empieza el dolor.

Cuando nuestros padres o familiares no nos amaron incondicionalmente, no sentíamos que éramos valorados por lo que éramos, sino por lo que hacíamos, surge el ego. Independientemente de lo buena o mala que haya sido nuestra infancia, el ego nos ha ayudado a sobrevivir psicológica y emocionalmente. Nuestros padres no han podido satisfacer a la perfección nuestras necesidades emocionales y de desarrollo psicológico, y no se trata de culparlos, pues ellos fueron educados de esta misma manera errónea. Son víctimas de víctimas (es decir, se produce de generación en generación). Incluso aunque nuestros padres lo hubieran hecho de forma perfecta, que no es en absoluto el objetivo, cada uno de nosotros hemos nacido con unos filtros de percepción y metaprogramas a través de los cuales interpretamos el mundo. Entonces, desde nuestra percepción subjetiva desarrollamos la sensación de que no éramos perfectos tal como realmente éramos, que había algo mal en nosotros, que siendo tal como éramos no valíamos lo suficiente. Aunque no supiéramos cómo expresarlo, sentíamos mucho miedo y para protegernos o enfrentarlo desarrollamos estrategias de defensa, autoconceptos y comportamientos; capas y capas de cebolla que con el tiempo nos han ido desconectando de nuestra esencia, donde realmente residen la felicidad, la paz interior y el amor.

Nos sentimos separados de nuestra naturaleza verdadera y como consecuencia, sentimos una sensación de vacío y dolor. Para silenciarlo y no sentir el vacío, empezamos a desarrollar apegos y adicciones que nos mantienen dormidos y en piloto automático.

Las adicciones pueden darse a cosas diferentes: sustancias, relaciones, sexo, comida, pornografía, compras, juego, consumismo, etc. Tanto los apegos como las adicciones son comportamientos que nos permiten desconectar más del dolor interno, «funcionan», pues nos desconectan temporalmente del dolor. Por ejemplo, si soy complaciente con todo el mundo porque tengo miedo al rechazo, no viviré el rechazo y no creceré, pues el miedo que enfrentas es el miedo que vences.

En cambio, cuando nacemos, somos esencia, lo más genuino, hay conexión con la vida. Como durante la infancia hemos perdido la conexión con nuestra esencia, el mecanismo del ego se activa mediante el miedo básico que cada persona tiene. Pero no somos ese ego, esa personalidad y aunque la personalidad es un aspecto particular de nuestro ser, nos convertimos en nuestra personalidad y esta es la causa de nuestro sufrimiento y ansiedad, que se puede manifestar en forma de distintos miedos inconscientes que son el motor de nuestro comportamiento. El ego es la voz que nos susurra y cree que nuestra interpretación de la realidad es la auténtica. Esa cacofonía interior que escuchamos constantemente en la cabeza también es el ego. Tenemos entre 60.000 y 90.000 pensamientos al día, de los cuales el 90% son los mismos, son repeticiones y absorben nuestra atención y generan emociones. No somos conscientes de que son pensamientos, opiniones, reacciones y nos identificamos con estas vocecitas de la mente, pensando que son «yo», cuando en realidad es tu ego. No es real, sino una creación de nuestra mente.

Es imprescindible identificar tu vocecita interior como el ego, porque, si no la identificas, te quedarás atrapado y empezará nuevamente a infectar intoxicarte. Al igual que el observador en física cuántica, tenemos que saber ver al ego, identificarlo y aceptarlo. Un camino para conseguirlo puede ser la meditación y el estar en el aquí y el ahora.

Vivimos identificados con el ego, con esa vocecita interior y estamos convencidos de que nuestra interpretación de la realidad es la causa por la que nos resulta tan difícil cambiar, porque cuestionar mis creencias es cuestionarme a mi ser.

En definitiva, todo lo que no es amor, es ego. Es nuestro poder mental que se apodera en contra de nosotros.

¿Cómo identificar tu ego?

El ego es un mecanismo de supervivencia, tiene su función y nunca  desaparecerá. Nuestra misión no es eliminarlo ni negarlo, sino aprender a vivir con él, sin identificarnos con él, y trascenderlo al máximo, pues el ego siempre está latente y alerta y puede traicionarnos: es el efecto parecido al de un alcohólico que ha dejado de beber y una sola copa puede desatar de nuevo la adicción.

El método que sugiero es el siguiente:

  • Observar los resultados que tienes en tu vida (te puede ser útil el ejercicio de la rueda de la vida que encontrarás en el capítulo 6 sobre metas). Tu vida exterior es un reflejo de tu vida interior. «Como eres dentro eres fuera». Cuando tus resultados no son los que esperas o deseas y no te satisfacen, tu ego quiere que cambie lo de fuera, el exterior (tu pareja, tu jefe..., etc.), pero cuanto más quieras cambiar el espejo, más se resistirá. La realidad simplemente es. No es buena ni mala, solo es neutra. El ego desea cambiar la realidad de tu exterior, porque tiene la falsa esperanza de que cuando el exterior cambie, en tu interior te sentirás bien. Busca la culpa en el exterior, en los demás. Por ejemplo, «Si cambio a mi jefe estaré mejor», pero eso no es verdad, yo no puedo cambiar a nadie. Solo puedo cambiar mi punto de vista o actuación sobre las cosas que me suceden y el modo en el que me afecten.
  • Identificar el ego a través de las relaciones de trabajo, familiares, amistades, etc. Siempre proyectamos nuestro ego en los demás, especialmente en la pareja. Ella es nuestra mejor maestra. Tu ego despierta el ego del otro y viceversa.

Todo lo que no soportamos de los demás, lo que nos molesta de forma especial, lo que nos saca de nuestras casillas, habla mucho más de ti que del otro. Aunque no seamos conscientes de ello, esas cosas que nos molestan son exactamente las mismas que no soportamos o no aceptamos de nosotros mismos. Como señala el refrán: «Lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro».

Cuando te aflora o aumenta esa molestia, cuando el ego toma las riendas, puedes preguntarte: ¿qué pasa dentro de mí que tanto me molesta de ti? ¿Qué no estoy aceptando de mí, que tampoco lo acepto en ti? En realidad, estamos frente a nosotros mismos.

Todo lo que nos ocurre, las circunstancias que vivimos y las relaciones que establecemos tienen un para qué: hacernos crecer y aprender. Por regla general, los consejos que das a los demás son los consejos que tú necesitas. Cuando eres más consciente asumes que lo que estás viendo en la otra persona es tu proyección, tu reflejo.

La Curva de Aprendizaje, de Seymour y O’Connor, señala que atravesamos cuatro etapas en el aprendizaje y también es aplicable en el proceso de nuestra desidentificación con el ego, pues pasamos por las mismas etapas. Empezamos siendo unos completos ignorantes acerca de quiénes somos. Reconocer la propia ignorancia es el primer paso para el despertar.

Todo es posible