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Extracto de "Sanación con los Símbolos"

Sanación con símbolosLas tres categorías de símbolos

Tras exhaustivas reflexiones y pruebas de resonancia, para este libro y su correspondiente set de cartas, Sanación con símbolos, nos hemos decidido por tres categorías de símbolos:

  • Códigos de barras de la Nueva Homeopatía, que el técnico electrónico Erich Kórbler redescubrió en los años 80 del pasado siglo como un sistema muy efectivo de sanación, y que las autoras han detallado en los cuatro volúmenes la serie de libros «Medicina para ser dibujada».
  • Símbolos de la «Geometría Sagrada», cuyo símbolo más conocido hasta el momento es la «Flor de la vida». Las figuras de la Geometría Sagrada constituyen los patrones básicos en los que se basa la vida, desde el minúsculo átomo a la estrella más grande del universo. Este tema ha sido tratado fundamentalmente por el estadounidense Drumvalo Melchizedek en sus maravillosos libros Las flores de la vida (volúmenes 1 y 2), donde hace una detallada descripción de los mismos.
  • Símbolos del mundo, cuya elección fue la más difícil, dado que las distintas culturas de todo el mundo poseen miles de formas maravillosas que seguramente fueron empleadas con fines curativos. Hemos seleccionado aquellos que nos parecieron especialmente potentes, al mismo tiempo que hemos comprobado energéticamente con el tensor los símbolos que querían estar presentes en nuestro libro y en nuestro set de cartas. Ahora que muchas personas han experimentado los beneficios de los símbolos, podemos decir que todo ha salido bien.

Códigos de barras de la Nueva Homeopatía

La Nueva Homeopatía es un método de sanación desarrollado a finales de los años 80 por Erich Korbler (1938-1994). El técnico electrónico vienés se dedicaba a la medicina natural, a la medicina tradicional china, a la radioestesia y a la homeopatía. En su vida profesional realizaba también trabajos relacionados con antenas, pero fueron necesarios algunos experimentos hasta que tuvo la idea de dibujar algo parecido a una antena en los cuerpos de sus clientes, algunos de los cuales ya conocían esa otra faceta profesional suya; les dibujó, por ejemplo, una cruz, sencillos códigos de rayas (de una a nueve rayas paralelas), una curva sinusoidal y una Ypsilon. Con estos sencillos signos de su método se puede ejercer una influencia sobre el cuerpo energético del ser humano. Al investigador vienés no solo le inspiraron las leyes físicas de la oscilación, sino también los pueblos aborígenes, que utilizaban la pintura corporal con fines curativos. Este método pretende, de manera semejante a la homeopatía, proporcionar mediante la información y los impulsos elementos para la autosanación.

Alcanzar un efecto sanador dibujando símbolos en la piel puede parecer en principio algo improbable. Pero hoy en día la nueva rama de la ciencia denominada Epigenética de ondas avala las teorías de Kórbler: también nuestro ADN funciona de manera semejante a una antena, puesto que se emiten y reciben oscilaciones, de forma que nuestros 60 billones de células se comunican, no solamente entre ellas, sino también con el exterior. Como seres vivos que somos, estamos en comunicación con todo. Y en esta esfera de la comunicación es donde los símbolos pueden ser utilizados con fines sanadores. Mediante los códigos de barras de Kórbler podemos equilibrar los meridianos y aliviar el dolor, comprobar incompatibilidades, detectar traumas psíquicos, preparar agua «informada» y muchas cosas más. Para saber qué signo debemos utilizar y con qué intensidad, Kórbler elaboró el denominado círculo de vectores. Sobre este círculo energético se puede chequear con el tensor de manera rápida el signo que debe aplicarse. Al contrario de lo que ocurre con el péndulo, este sistema único nos permite examinar matices: ya no se trata de un sí o un no, de blanco o negro, sino de todos los matices intermedios. Es muy importante para la labor terapéutica disponer de un resultado tan detallado. Se puede comparar este método del círculo energético con un reloj. Los números proporcionan un sistema de referencia en el cual las agujas marcan una determinada hora. Si no dispusiéramos de esta escala, lo señalado no significaría nada para nosotros.

Para la prueba basada en el principio de resonancia se utiliza un sencillo tensor manual. El manejo de esta «varita mágica de la modernidad» es muy sencillo. No se necesitan conocimientos previos ni dotes mediadoras o capacidades semejantes. Para utilizar este tensor adecuadamente, es decir, para poder interpretar el mensaje que nos da su oscilación es necesario, como para cualquier otro instrumento de medición, una calibración como primer paso. Hay que adecuar un sistema en el cual la oscilación sea interpre table. La manera ideal sería aprender el manejo de la vara/tensor en un curso de tensores, que siempre es la base de un curso acerca de los fundamentos, o bien en un curso general. Los autodidactas pueden aprender el manejo del tensor a partir de cualquier volumen de la serie Medicina para ser dibujada. Incluso en signos muy sencillos, como líneas aisladas, puede haber un contenido muy simbólico, lo que puede usted comprobar en la descripción de cada uno de ellos. El movimiento de la Nueva Homeopatía se ha extendido tanto, que muchos terapeutas la han ampliado o simplemente combinado con terapias ya existentes, ofreciendo a las personas que trabajan con ella un amplio abanico de aplicaciones. Las posibilidades van desde el trabajo con símbolos sobre radiografías, sobre constelaciones familiares en papel, hasta el lenguaje orgánico de los dientes; no hay límites para la aplicación de los signos sanadores: una profesional de la óptica experimenta con los códigos de barras para mejorar la agudeza visual de sus clientes, una naturista ayuda a niños con TDAH a equilibrar su dependencia del fármaco que estén tomando mediante la transferencia al agua. Es más, cada vez un mayor número de personas utiliza la Terapia de la Información, un método no agresivo, para sanar a sus mascotas.

Símbolos de la Geometría Sagrada

La Geometría Sagrada es la forma que subyace a nuestra existencia y que nos indica una ordenación divina de las cosas. Esta geometría se muestra en una estructura morfogenética, que puede rastrearse desde el átomo invisible hasta las estrellas. El fundador de esta filosofía, Drunvalo Melchizedek, considera la Geometría Sagrada como el lenguaje universal del que emanan las leyes de la Física, la Biología e incluso de nuestra propia existencia; en este sentido, afirma que la «flor de la vida» es el patrón básico sobre el que se construye toda forma de vida. El estadounidense estudió Física y Matemáticas en la Universidad de Berkeley. Tras su alistamiento en Vietnam y la finalización de sus estudios, se retiró en 1970 a la soledad de las montañas en Canadá. Los siguientes 25 años estudiaría con más de 70 maestros de todas las tendencias científicas y religiosas. Algunos meses después de recibir una formación en meditación clásica hindú, se le aparecieron dos ángeles que le proporcionaron una visión espiritual de su trabajo. Él considera que la Geometría es la piedra de toque de toda la creación: el Gran Espíritu se mueve en el vacío proyectándose hacia seis direcciones. Conecta las líneas con los vértices formando primero un cuadrado, posteriormente una pirámide y un octaedro, así como un dodecaedro y un icosaedro. Estos sólidos platónicos (nos remiten al filósofo griego Platón) se pueden construir de manera lógica a partir de la «Flor de la vida». Todas las formas de los cristales y metales, o la vida orgánica se construyen sobre estos cuerpos platónicos. En las escuelas mistéricas de Egipto, estos cinco sólidos platónicos, más la esfera, tenían además otro significado: representaban los cinco elementos, a saber, tierra, fuego, agua, aire y éter. La esfera representa la gran nada, el vacío del que emana todo. «Aunque al principio se trataba de una imagen mental, esta permitía el movimiento, ya que se había creado el espacio y la extensión», explica el científico. Para muchos terapeutas de la Nueva Homeopatía, la Flor de la vida y sus evoluciones representan símbolos muy importantes y aplicables universalmente con fines terapéuticos. Partimos de la base, como siempre, de que a cada cliente se le aplica el símbolo más efectivo para su situación, tras efectuar un examen individual.

Símbolos del mundo

Hace más de cien mil años el ser humano tomó conciencia de sí mismo, de su mundo circundante y de la conexión existente entre ambos, apercibiéndose de que las apariciones de la naturaleza se basaban en la repetición de formas, que se correspondían con otras formas más evidentes y visibles. «Si el ojo no fuera solar, el sol nunca lo podría mirar», decía el poeta Goethe. Como en la cultura india la relación con la tierra era primordial, consideraron que las piedras eran los transmisores de las energías cósmicas. Además de esto, la cultura india conoce símbolos del agua y de la tierra, símbolos que representan sacerdotes, animales y divinidades. Lame Deer afirmó en su famoso discurso acerca de una cacerola vieja, golpeada y llena de hollín: «El agua que hierve proviene de una nube. Es una imagen del cielo. El fuego proviene del sol que nos caliente a todos, a seres humanos, animales y árboles. La carne me recuerda a criaturas de cuatro patas, nuestros hermanos que nos proporcionan alimento para poder sobrevivir. El vapor es la imagen del aliento vital. Fue agua y ahora asciende al cielo, convirtiéndose en nube. (...) El mundo a nuestro alrededor está lleno de símbolos, que nos muestran el sentido de la vida.»

Asimismo, las pinturas corporales de muchas culturas contienen informaciones. Se utilizaban para la caza o los ritos de fertilidad, para rituales religiosos, señalaban la pertenencia a una tribu o la conexión espiritual con el más allá, eran dibujadas con fines curativos o para ahuyentar a los malos espíritus. Todavía hay chamanes que conocen por tradición el poder de muchos símbolos y los incorporan a sus rituales. Los mandalas son objetos de meditación en el budismo y el hinduismo. Desde el Tibet y la India se extienden a toda Asia occidental. Simbolizan las fuerzas cósmicas y ayudan a la visualización y los viajes hacia lo trascendente. El mandala clásico es una derivación de formas y patrones geométricos. Por otra parte, la intención que se tenga al utilizar estos mandalas juega un papel muy importante. Nos conducen a rituales inherentes a ellos que pueden incorporar la danza, el canto y la oración. C.G. Jung ve en los mandalas arquetipos. De hecho, podemos observar en todas las épocas, culturas y religiones mandalas, estructuras que parten de un punto central y que repiten su patrón de forma circular. Las figuras más reiteradas son círculos, triángulos y cuadrados. Representaciones similares podrían ser las pinturas rupestres o las que podemos encontrar en la cultura del Alto Egipto, en América del Norte y del Sur y en China. Artistas como Magritte o Escher acuden a estas fuentes para crear sus fabulosas ilusiones ópticas. El mandala originario no es una invención humana, sino una estructura que puede observarse en la naturaleza. Como ejemplos podemos citar los cuerpos celestes, los minerales, los cristales de hielo o la disposición de las moléculas de agua. Las células y su núcleo están dispuestos de esa forma, al igual que los átomos alrededor de los cuales giran los electrones y los neutrones. Las plantas, especialmente las flores, parecen frecuentemente mandalas.

Algunos de los símbolos universales que hemos elegido son célebres entre nosotros, como por ejemplo, el símbolo del Yin-Yang, que ayuda a integrar el elemento femenino y el masculino, o el de Lemniskate (ocho tumbado), símbolo de la infinitud de la vida, es decir, el ciclo de los renacimientos. Otros símbolos de esta categoría son menos conocidos, aunque no por eso menos energéticos, como por ejemplo, la cruz celta, la unión entre la triada y la espiral de la vida, que puede ayudar a equilibrar las manifestaciones de las tres fuerzas primigenias que hay en nosotros.

La fuerza de los símbolos

Hoy en día las imágenes y los símbolos son omnipresentes. Muchas personas no son conscientes de ello, pero vivimos en un mundo con miles de signos distintos: señales de tráfico, símbolos informáticos como los iconos, los logos empresariales, fórmulas matemáticas, etc. Los símbolos siempre van cargados de un significado inherente dirigido al observador, ya sea inteligible a nivel racional o como mensaje inconsciente «del lenguaje alma». Los símbolos contienen mensajes de forma concentrada. Nuestro cerebro piensa también con símbolos, como han demostrado ya los neurólogos y los investigadores del lenguaje. Los símbolos son el lenguaje del inconsciente y nos pueden proporcionar informaciones muy valiosas. Y estos impulsos pueden tener incluso un efecto sanador sobre nosotros, ya que todo el mundo sabe hoy en día que la energía y los campos de información determinan nuestra psicología y nuestra bioquímica. Grandes inventores, como por ejemplo Thomas Alva Edison, o premios Nobel, como Albert Einstein, vieron la solución a un enigma del momento de manera onírica, como una imagen mental.

Ningún otro como Cari Gustav Jung (1875-1961) ha desentrañado el lenguaje cifrado del psiquismo. Su punto de partida fueron los sueños de sus pacientes, que siendo funciones de la psique podían, según su opinión, modificar o enriquecer la manera de entender nuestras vivencias internas. En su análisis de los sueños, el psicólogo suizo encontró semejanzas con las imágenes representadas por otras culturas, lo que le llevó a iniciar sus investigaciones antropológicas. Comparando las culturas de distintos pueblos, que no se habían influido mutuamente, extrajo cada vez más motivos primigenios de los rituales y manifestaciones culturales que denominó «arquetipos» y que describió detalladamente en su obra fundamental El hombre y sus símbolos. En la concepción de Jung los arquetipos son complejos energéticos comunes a todos los hombres, que forman lo que él denomina «inconsciente colectivo», como por ejemplo Anima y Animus, el lado femenino y masculino del ser humano, respectivamente, o la sombra, el lado inconsciente del ser humano, la bajada al reino de los muertos, el anciano o la anciana sabios, la gran madre y muchos otros. Muchas imágenes primigenias del alma pueden ser despertadas por el encuentro con una persona o por símbolos cotidianos. En opinión de Jung, estas imágenes nos remiten a capas profundas de nuestro psiquismo.

Los símbolos son la base lingüística de nuestro pensamiento, según demuestran las recientes investigaciones neurológicas. Los neurólogos comparan nuestro cerebro, con sus cien mil millones de células nerviosas y sus más de cien millones de sinapsis, con un ordenador. El cerebro sería el hardware -nuestra mente una especie de programa, por así decir, un software. El lenguaje de la mente son imágenes internas en forma de símbolos, siendo la base de nuestra capacidad de pensamiento, de nuestra comunicación interna. Sin embargo, una dimensión distingue nuestro cerebro de un ordenador: los símbolos (las informaciones) están siempre ligados a emociones. La Physical-Symbol-Hypothesis de los investigadores informáticos Alian Newell y Herbert Simón sostiene que el cerebro humano está lleno de símbolos elementales que son identificados por células nerviosas. Cada una de estas células contiene algo de significado, aunque están a su vez conectadas con otras neuronas que se conectan o desconectan con cada proceso de pensamiento, idea o imagen. Para describir la actividad del cerebro debemos conocer, por lo tanto, qué células portadoras de significado están online; de esta manera, los expertos pueden saber lo que piensa el cerebro en cada momento. La mayoría de los símbolos, tanto espirituales como cotidianos, reposan sobre unas pocas formas básicas como el círculo, el triángulo, el cuadrado, la cruz, ondas y espirales, o una combinación de todas ellas.

El uso de símbolos como energías sanadoras

Los símbolos son remedios que activan las energías libres para que puedan ser aplicadas, tanto en nosotros como en los demás, a todas las facetas de la vida. Al igual que las palabras y los sonidos, los símbolos tienen almacenados una determinada frecuencia y un mensaje espiritual determinado que ejerce su efecto en cuanto se aplica el símbolo en cuestión. Las energías de los símbolos son posibilidades de armonización energética de las disonancias en el campo de la materia sutil de los organismos vivos, y actúan de forma semejante a como lo hacen las esencias florales, los remedios homeopáticos o las piedras curativas. Al igual que ocurre con las demás frecuencias, los símbolos pueden ser conectados en cualquier momento y, sobre todo, de manera muy sencilla y sin coste alguno. Pueden ejercer un notable efecto equilibrador sobre ámbitos muy distintos, como el cuerpo/mundo material o el alma/sentimientos y mente/pensamiento. No hay consecuencias nocivas al aplicar los símbolos, si se utilizan de manera ética y correcta, es decir, no por razones egoístas («ganar a la lotería»), sino para favorecer el bienestar anímico y mental de todos los implicados. Sin embargo, el efecto puede notarse como una «puesta en marcha» del organismo cuando se ha vuelto demasiado estático, comparable a la reacción inmediata tras la toma de un remedio homeopático. Pueden aflorar conflictos emocionales y traumas escondidos, o bien ser activadas reacciones corporales encaminadas a la autosanación. No siempre es agradable, pero es definitivamente sanador. De esta manera, todas las reacciones son beneficiosas. Por otra parte, tampoco es posible una «sobredosis», ya que el cuerpo o el ámbito emocional del ser humano, el animal, la planta o un espacio en cuestión solamente admiten la dosis que necesitan y que pueden tolerar.

De cualquier forma, el trabajo práctico con los símbolos presupone un trato respetuoso con estas energías; además, el empleo de símbolos no debe sustituir de ninguna manera el uso de medicamentos o cualquier otro tratamiento médico.

Sanación con símbolos