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Extracto de "Poder sin límites"

Poder sin límitesLA DIFERENCIA EN QUE SE RESUME TODA LA DIFERENCIA

Pasa algo curioso en la vida: cuando uno se niega a aceptar nada que no sea lo mejor, muy a menudo lo consigue. W. SOMERSET MAUGHAM

Conducía por la carretera a ciento veinte por hora cuando ocurrió. Se distrajo con algo que estaba al margen del camino y cuando volvió a mirar en la dirección de la marcha, apenas le quedaba un segundo para reaccionar. Era casi demasiado tarde. El gran camión que iba delante frenó de pronto. Para salvar la vida tumbó la motocicleta iniciando un patinazo angustioso, que le pareció eterno. Se vio a sí mismo en cámara lenta, pasando por debajo del camión. Pero sucedió lo peor: el depósito de gasolina perdió el tapón, y el combustible se derramó y encendió. Cuando volvió en sí se halló en la cama de un hospital, traspasado por el dolor, incapaz de moverse y sin atreverse casi a respirar. Las tres cuartas partes de su cuerpo estaban cubiertas de horribles quemaduras de tercer grado. Pero él se negó a rendirse. Luchó por salvar la vida, y luego por reanudar su carrera profesional, pero sólo para recibir otro golpe abrumador: un accidente de avión le dejó paralizado de la cintura para abajo para toda la vida.

En la existencia de todo individuo, hombre o mujer, hay un momento de reto a ultranza, un momento en que se ponen a prueba todos los recursos de que disponemos, en que la vida parece absolutamente injusta. Un momento en que nuestra fe, nuestros valores, nuestra paciencia, nuestra comprensión, nuestra perseverancia se ven forzados hasta el límite... y aun más allá. Para algunos, una prueba así es una oportunidad de convertirse en individuos mejores... Otros dejan que la experiencia les destruya. ¿Se ha preguntado alguna vez a qué se deben las diferentes maneras en que los humanos responden a los desafíos de la existencia? Yo sí, y muy a menudo. Desde siempre me han fascinado los motivos de la conducta humana tal como es, y desde que tengo uso de razón me obsesiona descubrir por qué ciertos hombres y mujeres sobresalen entre quienes les rodean. ¿De dónde salen los líderes y los triunfadores? ¿A qué se debe que muchos vivan felices pese a las peores adversidades, mientras otros que, en apariencia, lo tienen todo están llenos de desesperación, rabia y depresiones?

Permita que le cuente otra historia, y observemos las diferencias entre los dos protagonistas. Se trata de un hombre que parece favorecido por la suerte. Es un profesional del espectáculo, fabulosamente rico y que tiene muchos seguidores. A los veintidós años de edad fue el miembro más joven de la famosa compañía de comedias Second City de Chicago. Casi enseguida se convirtió en la estrella de la compañía. No tardó en tener un gran éxito en los escenarios de Nueva York; durante la década de los setenta se convirtió en uno de los grandes triunfadores de la televisión, y luego en uno de los actores cinematográficos más cotizados. Se pasó al campo de la música y el triunfo fue inmediato. Tiene docenas de amigos que le admiran, una esposa amante y magníficas casas en la ciudad de Nueva York y en la isla de Martha’s Vineyard, lugar de descanso de los famosos. A primera vista posee todo lo que una persona podría ambicionar

¿Cuál de los dos preferiría ser? Difícilmente nadie se pondría en el lugar del primero.

Pero deje que le cuente más cosas de esos dos hombres. El primero es una de las personas con más vitalidad, fuerza y éxito que conozco. Se llama W. Mitchell y vive actualmente en Colorado. Desde su terrible accidente de moto, ha conocido Alas triunfos y alegrías que muchos otros en toda la vida. Cultiva unas relaciones personales magníficas con algunos de los personajes más influyentes de Estados Unidos. Ha ganado millones en los negocios. Incluso presentó su candidatura a un escaño en el Congreso, pese a tener el rostro grotescamente desfigurado. ¿La consigna de su campaña? «Vóteme para el Congreso y no seré sólo un guapo más.» Hoy día mantiene una relación fabulosa con una mujer muy especial y se encuentra en plena campaña para el cargo de vicegobernador de Colorado.

La otra persona es alguien que le resultará familiar, y que probablemente le ha proporcionado a usted bastantes horas de esparcimiento y alegría. Se llamaba John Belushi. Era uno de los cómicos más celebrados de nuestra época, y uno de los grandes triunfadores de la industria del espectáculo durante la pasada década. Belushi supo enriquecer las vidas de muchos, pero no la suya propia. Cuando falleció, a la edad de treinta y tres años, como consecuencia de lo que el forense llamó una «intoxicación aguda de cocaína y heroína», pocos de los que le conocían bien se sorprendieron. El hombre que lo tenía todo se había convertido en un toxicómano que aparentaba muchos más años de los que tenía. Exteriormente, no le faltaba nada de nada; interiormente, estaba vacío desde hacía muchos años.

Los ejemplos así abundan. ¿Conoce el caso de Pete Strudwick? Nacido sin manos ni pies, se ha convertido en un especialista de la maratón que ha corrido ya 40.000 kilómetros. Recordemos la asombrosa historia de Helen Keller. O recordemos a Candy Lightner, la fundadora de Madres contra el Alcohol al Volante. Después de vivir una tragedia horrible ya que una hija suya murió atropellada por un conductor borracho, creó una organización que habrá salvado cientos y quizá miles de vidas. En el otro extremo de la escala, recordemos a seres como Marilyn Monroe o Ernest Hemingway, que tuvieron éxitos fabulosos y acabaron destruyéndose a sí mismos.

Por tanto, yo le pregunto a usted: ¿en qué consiste la diferencia entre quienes tienen lo que hay que tener y quienes no, entre quienes hacen lo que hay que hacer y quienes no? ¿Por qué unos superan adversidades tremendas, inconcebibles, y convierten sus vidas en un triunfo, mientras otros, pese a contar con todas las ventajas, las convierten en un desastre? ¿Cómo consiguen algunas personas que todas las experiencias repercutan a su favor, mientras para otras cualquier experiencia actúa en contra de ellas? ¿En qué consiste la diferencia entre W. Mitchell y John Belushi? ¿Cuál es la diferencia en que se resume toda la diferencia en cuanto a calidad de la vida?

Estas preguntas siempre han sido mi obsesión. A medida que iba madurando pude observar a individuos que poseían grandes riquezas de toda especie: magníficos empleos, relaciones estupendas y buena presencia. Necesitaba saber por qué para ellos la vida era tan distinta de la mía y la de mis amigos. Pues bien, toda la diferencia se reduce a la manera en que nos comunicamos con nosotros mismos y a las acciones que emprendemos. ¿Qué hacemos cuando, tras poner todas nuestras fuerzas en el intento, las cosas nos siguen saliendo mal? Quienes triunfan no tienen menos problemas que quienes fracasan. Las únicas personas que no tienen problemas son las que están en el cementerio. Lo que distingue el fracaso del éxito no son las cosas que nos pasan; la diferencia estriba en cómo percibimos «lo que pasa» y qué hacemos en consecuencia.

Cuando su organismo le comunicó a W. Mitchell la información de que estaba cubierto de quemaduras de tercer grado en un 15 por ciento, pudo elegir entre varias maneras de interpretar esa información. Por el significado del incidente, pudo ver en el mismo un motivo para morirse, para caer en la desesperación, o cualquier otra cosa que eligiera comunicar. Y eligió comunicarse a sí mismo, insistentemente, que aquella experiencia le había ocurrido porque estaba llamado a hacer algo, y que ese algo, algún día, le supondría ventajas aún mayores respecto a su afán de hacer algo importante en el mundo. Como resultado de tal comunicación consigo mismo, formó conjuntos de creencias y de valores que siguieron orientando su vida desde una perspectiva ventajosa y no como tragedia, incluso después de verse paralítico. En cuanto a Pete Strudwick, el que no tenía manos ni pies, ¿cómo logró culminar con éxito la Pike’s peak, la maratón más difícil del mundo? Muy sencillo. Dominaba la comunicación consigo mismo. Cuando sus sentidos corporales le enviaban las señales que en el pasado solía interpretar como de dolor, limitación o agotamiento, él se limitaba a cambiar la etiqueta de su significado y a seguir comunicándose con su sistema nervioso de tal modo que le permitiese continuar la carrera.

No cambian las cosas: cambiamos nosotros. HENRY DAVID THOREAU

Lo que despertó mi curiosidad fue saber, concretamente, cómo obtenían resultados estas personas. Había comprendido desde hacía tiempo que el éxito deja unas claves, que quienes producen resultados sobresalientes hacen cosas determinadas que son las que crean dichos resultados. Comprendí que no bastaba con saber que un W. Mitchell o un Pete Strudwick se comunican consigo mismos de una manera especial; había que averiguar concretamente cómo lo hacían. Me convencí de que, si repetía exactamente las acciones de otros, no dejaría de reproducir resultados de la misma calidad que ellos; de que, si sembraba, no dejaría de cosechar. En otras palabras, si alguien se mostrase comprensivo incluso en las circunstancias más adversas, yo averiguaría su estrategia (su manera de considerar las cosas, el uso de su propio cuerpo en tales situaciones) y así llegaría a ser más comprensivo. Si un hombre y una mujer llevasen veinticinco años felizmente casados y enamorados todavía el uno del otro, yo me enteraría de qué acciones habían emprendido y en qué creencias las sustentaban, al objeto de adoptar las mismas acciones y creencias y alcanzar los mismos resultados en mis propias relaciones. Como uno de los resultados producidos por mí había sido un notable exceso de peso, empecé a comprender que sólo necesitaba modelar mi conducta sobre la de los delgados, averiguar qué comían, cómo lo comían, qué opinaban, cuáles eran sus creencias, y conseguiría lo mismo que ellos. Así fue cómo perdí mis quince kilos sobrantes. Hice lo mismo en el aspecto económico y en mis relaciones personales. De esta manera empezó mi búsqueda de modelos de excelencia personal. Y en mi propia investigación de la excelencia, exploré todos los caminos que lograba descubrir.

Fue entonces cuando supe que existía una ciencia llamada Programación Neuro-Lingüística, que abreviaremos como PNL. Fijándonos en ese nombre veremos que viene de «neuro», que hace alusión al cerebro, y «lingüística», que se refiere al lenguaje. Programar es poner a punto un plan o procedimiento. La PNL es el estudio de cómo el lenguaje, tanto el verbal como el no verbal, afecta a nuestro sistema nervioso. Pues nuestra capacidad para hacer cualquier cosa en la vida está basada en nuestra aptitud para dirigir nuestro propio sistema nervioso, y los que consiguen cosas sobresalientes lo hacen mediante determinadas comunicaciones con el sistema nervioso y a través de él. La PNL estudia cómo los individuos se comunican consigo mismos de tal manera que originan estados de óptima disponibilidad de sus recursos, y por tanto crean el mayor número posible de opciones de comportamiento. El nombre de Programación Neuro-Lingüística, si bien describe con exactitud de qué trata la nueva ciencia, puede haber sido el motivo de que usted no conociese antes su existencia, puesto que en el pasado su enseñanza estuvo limitada a los terapeutas y a un pequeño número de afortunados hombres de negocios. Desde mi primer contacto con ella comprendí enseguida que estaba ante algo totalmente distinto de cualquier cosa experimentada con anterioridad. Fui testigo de cómo un practicante de la PNL se hacía cargo de una mujer que desde hacía más de tres meses estaba siendo tratada sin éxito por reacciones fóbicas, y en menos de tres cuartos de hora ¡desapareció esa fobia! Quedé atónito. ¡Necesitaba enterarme bien de aquello! (Dicho sea de paso, muchas veces el mismo resultado puede conseguirse en cinco o diez minutos.) La PNL nos proporciona un marco de referencia sistemático para dirigir nuestro propio cerebro. Nos enseña cómo dirigir, no sólo nuestros propios estados y comportamientos, sino incluso los estados y comportamientos de los demás. En una palabra, es la ciencia de cómo dirigir el propio cerebro de manera óptima para lograr los resultados que uno desea.

La PNL suministra exactamente lo que yo andaba buscando. Da la clave del misterio de cómo ciertas personas producen constantemente lo que yo llamo resultados óptimos. 

Poder sin límites