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Extracto de "Objetivo: Ser Tú Mismo"

Objetivo: ser tú mismoEl éxito, pero ¿de qué hablamos? Seguramente, al hablar sobre el éxito le vendrán a la cabeza frases de célebres autores que han marcado la historia y que incluso se repiten en muchos foros y conferencias actuales. Y es que el éxito es un tema muy recurrente, pero no muy bien comprendido. Por ejemplo, el ácido e intimista cineasta estadounidense Woody Allen dice: «Soy lo suficientemente feo y bajo como para triunfar por mí mismo». Porque muy a menudo el éxito se vincula a una imagen superficial representada por modelos y estándares de belleza. Y como dice el gran director de cine, el hecho de ser feo, o no tan agraciado, es una garantía de que el éxito es realmente tuyo y no atribuible a tu físico.

Otras personalidades vinculan el éxito con las experiencias de fracaso: «El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse» (Winston Churchill), o «He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito» (Michael Jordan). Todos fracasamos muchas veces pero apenas hablamos del fracaso, como si tuviéramos que esconderlo hasta de nosotros mismos. En este aspecto sí que hay diferencias culturales entre países. En el nuestro parece que fracasar es un delito, mientras que otras culturas más individualistas son más conscientes de que el fracaso es parte del éxito. La vida te enseña día a día que ambos van de la mano, y que, en realidad, una de las características básicas del éxito es la competencia de la resiliencia, es decir, saber afrontar y poder sobreponerse a los fracasos.

Pero para muchos otros el éxito es fruto de la persistencia y del esfuerzo bien dirigido. En este sentido, el político y escritor británico del siglo XIX Benjamin Disraeli afirmaba: «El secreto del éxito es la constancia en el propósito». Esta corriente de pensamiento refleja claramente la vinculación del éxito con nuestro talento y competencias, con ponerlos en juego, e incluso con la visión más general donde cualquiera puede tener éxito si juega bien sus cartas. Más adelante veremos que puede haber muchos tipos de éxito, pero no necesariamente tenemos que pensar en un modelo tan distante y único como el de Rafa Nadal para alcanzarlo. Como veremos, aprender a valorar las pequeñas batallas y éxitos personales es fundamental para nuestra satisfacción vital y personal. Por otro lado, el aspecto más superficial del éxito ha generado una corriente en contra de esta expresión, muchas veces como término contrario a la propia realización o a la dependencia de los entornos o grupos sociales, con el fin último de alcanzar ese éxito. Es decir, la búsqueda del éxito como objetivo en sí y no como consecuencia de una realización personal o profesional. De hecho, Einstein nos decía: «Intenta no volverte un hombre de éxito, sino un hombre de valor». Sin embargo, pensadores como Charles Handy contraponían estas ideas al vincular el éxito con la mejora y crecimiento personal: «El éxito es ser mejor». El conocido escritor Wayne Dyer decía más aún: «El fracaso no existe, es simplemente la opinión que alguien tiene sobre cómo se deberían hacer ciertas cosas».

El éxito y el éxito personal

Lo primero que hay que tener en cuenta es que desde las primeras páginas de este libro consideramos el éxito personal como la clave principal del éxito. No concebimos la palabra éxito si éste no se vincula con el desarrollo y el crecimiento de la persona. Esto de por sí ya nos diferencia claramente de la mayoría de los manuales y textos profesionales que a menudo trabajan la manera de alcanzar el éxito profesional o social en detrimento de una vida personal equilibrada o pretendiendo conseguir la felicidad a través de la fama o moda social. Y es que esta asociación del éxito con lo aparente y lo socialmente deseado no entra ni en el objetivo ni en el planteamiento de este libro. Sólo consideramos éxito o éxitos aquellas situaciones de logro o realización personal o profesional que nos hacen crecer y que nos permiten luchar día a día por tener una mayor satisfacción vital y bienestar personal. Tampoco tenemos fórmulas magistrales para hacerle rico, tema principal de muchos libros de éxito en la sociedad actual.

La corriente de pensamiento que expresa este libro no es nueva, pues de hecho ha sido ampliamente investigada y publicada, normalmente más en los cauces filosóficos o de investigación, pero está claro que ha llamado menos la atención que el éxito como signo de fama pública y social. De hecho, como veremos, existe poca relación entre los dos tipos de éxito mencionados, y podemos encontrar muchos casos de personajes famosos sin éxito personal, así como casos de personas anónimas que han alcanzado un gran éxito y bienestar personal.

Muchos grandes personajes en la historia alcanzaron el éxito social tras su muerte o incluso muchos años después, y sin embargo sus vidas estuvieron dedicadas a lo que consideraron su proyecto personal. Grandes valores que persiguieron con una fuerte personalidad su propia expresión y crecimiento. Muchos de ellos grandes artistas de renombre hoy en día que murieron en la más absoluta pobreza. Por el contrario, también podemos recordar a otros artistas, entre ellos muchos cantantes, que no supieron qué hacer con este éxito social y murieron muy jóvenes. La casuística es tan grande y diversa que se puede inferir que no hay más ley que la que uno quiere aplicarse a sí mismo. Sin embargo, el mensaje de fondo es quizá el mismo: busca tu camino y no sucumbas a la fama social si con ello pierdes tus valores y tu proyecto real y personal. La vida es amiga de las sinergias, de los caminos que se van encontrando y refuerzan lo aprendido, acumulando o transformando conocimiento, por eso es un viaje.

El éxito profesional y el éxito personal

Desde hace ya mucho tiempo se ha venido vinculando el éxito personal al éxito profesional. De modo que si una persona conseguía un buen empleo, era promocionada, ascendía y triunfaba en su trabajo, era considerada una persona de éxito. Sin embargo, actualmente, las cosas han cambiado mucho en nuestra sociedad y esta vinculación tan directa bien merece una revisión algo más extensa.

En una sociedad tan mercantilista y materialista como la nuestra, la satisfacción vital ha sido reemplazada en las empresas por la satisfacción laboral, según la cual, bajo un concepto vinculado a la «ética del trabajo», el esfuerzo del individuo se convierte en su mejor indicador del sacrificio personal. De este modo obtiene un claro refuerzo y premio social por el esfuerzo realizado y con ello aceptación y éxito social.

Sin embargo, en la medida en que el trabajo es un instrumento del individuo para conseguir otro tipo de fines, su valor es puramente extrínseco y, aunque facilitador, nada tiene que ver con la satisfacción vital. Tener trabajo para poder lograr independencia, o tener dinero para comprar una casa y pagar la comida y los estudios, es una visión meramente instrumental. Lo cual no quita que, en tiempos de escasez laboral o mucho desempleo, se convierta en un fin principal porque afecta a las necesidades más básicas.

Otra manera de conceptualizarlo es comprender que el trabajo puede ser autotélico, es decir, que puede contener en sí su propio fin si se asocian elementos intrínsecos como la realización, disfrute o desarrollo de habilidades profesionales. De hecho, un especialista en filosofía como el profesor Noguera, inspirado en la obra del filósofo alemán Habermas, conceptualiza estas tres perspectivas y las define como: (1) cognitivo-instrumental, con criterios de eficacia y eficiencia, ya que se basa en la producción o creación de valores de uso; (2) práctico-moral, con criterios de adecuación normativa, y con un sentido del trabajo como deber o disciplina coercitiva y como medio de solidaridad social, y, por último, (3) estético-expresiva, con criterios de autenticidad y un sentido de autoexpresión y autorrealización en el trabajo.

Con todo ello, siendo el trabajo un área importante en nuestras vidas, desde la perspectiva del éxito personal debería poder permitirnos desarrollar nuestra expresión personal siempre y cuando esto sea posible, claro. De hecho, el entorno condiciona el grado en que puedes acceder a tu vocación, pero con tu convicción y actitud siempre podrás de alguna manera influir en él para conseguir tus objetivos. Ese margen de maniobra es el que podemos utilizar para perseguirlos. Asimismo, la posibilidad de vincular el trabajo a temas sociales para darle un contenido más moral puede ampliar su concepto, adquiriendo de este modo un significado más integrador y relacionado con el éxito personal.

El éxito personal y la cultura

Otro elemento que hay que tener en cuenta, por su gran impacto en las conductas de los individuos, es el papel que desempeña la cultura promocionando o no el éxito entre sus valores. De hecho, los estudios del psicólogo holandés Geert Hofstede demostraron que las personas de culturas más individualistas tendían más a valorar sus propios intereses, el éxito personal, la libertad y la autonomía. En cambio, en el caso de las culturas colectivistas se valora más la seguridad colectiva, la jerarquía, las relaciones con los demás y el sentimiento de pertenencia. De este modo, aunque el éxito se ha vinculado normalmente más con el modelo individualista, veremos cómo se puede dar de igual modo pero con otro significado en diferentes culturas. En aquellas más colectivistas se premiarán más todo tipo de comportamientos que redunden en beneficios sociales y que permitan una mayor aceptación del individuo. Pero, sobre todo, lo que marca la diferencia entre las culturas es a qué se atribuye o cómo se justifican los logros o éxitos.

Por otro lado, si las implicaciones son importantes para el éxito también lo son para el fracaso. Así, los países más colectivistas justificarán más el fracaso por causas personales o internas, mientras que los países más individualistas lo harán por causas externas. En el caso español, el último informe GEM (Global Entrepreneurship Monitor) situaba a España en el séptimo lugar de 30 países en cuanto al «miedo al fracaso» a la hora de emprender un negocio. Aunque no se puede explicar este resultado sólo por el factor cultural sino también por la realidad económica del momento.

El éxito desde la biología

Cuando sentimos que tenemos éxito, nuestro cerebro se vuelve más receptivo al aprendizaje, y esto genera un bucle que potencia esa idea: el éxito atrae al éxito. Aunque es una aproximación, lo que sí está claro es que si tenemos éxito, en nuestro cerebro se activa la zona de las recompensas al aumentar los niveles de testosterona y dopamina. Pero un estudio de la Universidad de Yale ha demostrado que si fracasamos también activamos conexiones neuronales por todas las partes de nuestro cerebro. Esto confirmaría también la propuesta de Albert Einstein cuando decía: «Pensé y pensé durante meses y años y llegué a 99 conclusiones erróneas, pero a la 100 acerté». Su visión del éxito y del fracaso no tenía nada que ver con la que nosotros tenemos pues para Einstein todo era experimentar desde la curiosidad, por lo tanto no le penalizaba «tener fracasos», porque no los veía como tales.

Los niveles de testosterona altos incrementan la velocidad de reacción, la agudeza en la visión y la perseverancia al mismo tiempo que inhiben el temor. Todo esto puede hacer que el individuo esté focalizado claramente en la confrontación, y si obtiene éxito en su comportamiento, sus niveles de testosterona seguirán subiendo. Eso le generará más autoconfianza para otra situación que requiera de todas sus habilidades, lo que promueve que asuma más riesgos en su comportamiento. Si, por el contrario, no vence o no logra su objetivo, aumenta el nivel de cortisol, la hormona que provoca la evitación de nuevos comportamientos de riesgo.

Pero estamos bajo el continuo efecto de las hormonas y por eso es necesario comprender mejor su impacto en nuestro comportamiento. Así, la hormona responsable del placer y la motivación es la dopamina. La del estado de ánimo, la serotonina. Y la que produce nuestra felicidad es la endorfina.

(...) 

Ideas clave del capítulo 1:

  1. Cuando hablamos de éxito nos referimos al éxito personal vinculado con una experiencia de desarrollo y mejora personal.  
  2. El éxito personal es una experiencia subjetiva que nada tiene que ver con la fama social o con los medios de masas.
  3. Una visión más moderna del trabajo le otorga a éste un sentido estético-expresivo que permite a la persona vincularse de modo auténtico con un proyecto que la realiza.
  4. Algunas culturas favorecen el éxito como elemento clave del individualismo frente a la sociedad. Sin embargo, otras lo integran al ser más colectivistas. El éxito personal en realidad cubre ambas vertientes, es mejora de uno mismo pero dentro de un espacio social.
  5. Somos un cúmulo de hormonas, por lo tanto debemos buscar la manera de mejorar la cantidad de endorfinas de nuestro cuerpo ya que esta hormona se relaciona con la sensación de bienestar.
  6. La neurociencia nos abre todo un espectro nuevo de posibilidades al mostrarnos la plasticidad de nuestro cerebro, una característica que nos permite entrenar nuestra mente para seguir aprendiendo y mejorando siempre.

Objetivo: ser tú mismo