× Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso.
Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Extracto de "Más Allá del Miedo"

Más allá del miedoPrólogo

Un VIAJE ONÍRICO

La presente obra te conducirá por un viaje onírico imaginario. Tu destino es el cielo en la Tierra y tu guía será Miguel Ángel Ruiz. Miguel es un nagual.

La palabra «nagual» se remonta a tiempos pasados, y ha llegado a nosotros a través del náhuatl, la lengua que hablaba el pueblo azteca. El término es objeto de controversia, aunque en América Central y México tiene el significado de hechicero o brujo. Pero ¿qué es un nagual?

Según la tradición tolteca, cuanto existe conforma un único ser vivo, que se manifiesta creando tanto lo que podemos percibir como lo que escapa a nuestros sentidos. Él es el único que en realidad existe. Todo lo demás, incluidos nosotros mismos, es una emanación de este ser fantástico y maravilloso. Ejerce el control de nuestro planeta supervisando la energía solar. También el Sol tiene en él su origen, mientras que los planetas que orbitan a su alrededor son emanaciones del Sol. Toda la vida del planeta Tierra proviene del Sol en interacción con la madre Tierra.

Para comprender las emanaciones del único ser vivo, los toltecas lo dividían todo en el nagual y el tonal.

De cuanto existe, el nagual es aquello que no somos capaces de percibir. Podemos definirlo como lo incognoscible y lo desconocido. El tonal es, al contrario, lo que nuestro sentido común reconoce. El tonal y el nagual sólo pueden existir gracias al intento, o propósito. El intento es esa conexión o fuerza que hace posible toda la transferencia de energía entre el nagual y el tonal. Sin intento, ninguno de ellos tendría entidad. No existiría, literalmente, nada en absoluto. El intento es vida. Es transformación e interacción eternas. El intento es lo que denominamos Dios. El intento es la vida en sí; es Dios y es Espíritu.

En términos de nuestra ciencia moderna, todo lo que existe en el mundo es energía. La luz es energía y todo, en origen, es luz. La energía tiene miles de millones de manifestaciones, millones de vibraciones distintas. El nagual es toda la energía que hay dentro y alrededor de las estrellas que no podemos percibir. Eso es el nagual. La energía que sí percibimos y cuya existencia podemos demostrar la denominamos el tonal.

El sistema solar es un ser vivo con su propio metabolismo, con su nagual y tonal específicos. El tonal es el Sol, con todos los planetas, lunas, cometas, meteoritos, satélites... es decir, cuanto somos capaces de percibir con los ojos y a través de los instrumentos que nos proporcionan mayor capacidad visual. El nagual es la energía que procede de esos planetas y lunas, incluida la energía que emana de la Tierra. Nuestro planeta es también un ser vivo con sus propios nagual y tonal. Y tiene, a su vez, su propio metabolismo. Al igual que el cuerpo humano tiene muchos órganos que funcionan juntos para mantener un equilibrio perfecto, también la Tierra los posee. Entre ellos figura el órgano humano, formado por todas las personas juntas. Como órgano, cada uno de nosotros tenemos, igualmente, un nagual y tonal propios. Las emociones son energía que no alcanzamos a percibir, pero las llamamos tonal porque podemos experimentarlas a través de nuestros sentidos. En los seres humanos, el tonal es la energía que conocemos y también la energía que es posible conocer. El nagual es la energía que escapa a nuestra razón. En la tradición tolteca, llamamos Dios a «el Águila», que significa «el espíritu». Todos los seres humanos son el Águila. Todos son el nagual, el tonal y también el intento, tanto si están vivos como muertos. Cuando nos referimos a una persona como a un nagual, queremos decir que posee una energía especial que hace que su nagual y su tonal estén en conexión directa. El nagual puede separar las emociones de las acciones. Nace con una férrea voluntad y el temor no lo detiene. A un ser humano que no es nagual a menudo le paraliza el miedo. Sin embargo, en teoría, cualquiera puede convertirse en nagual mediante el intento. Algunos videntes pueden ver la energía mental característica de cada persona en el campo energético que rodea su cuerpo. Cuando la persona es un nagual, el campo de energía nagual que hay alrededor de su cuerpo tiene una forma parecida a una almendra. Es la forma de una mandorla, un óvalo ligeramente puntiagudo.

Todo nagual tiene la capacidad de mostrar el camino o guiar a los demás hacia el espíritu, convenciéndoles de que en el interior de cada persona hay una fuerza poderosa que la vincula a Dios. Es la fuerza del intento puro. Por lo general, el nagual es quien les orienta para que descubran quiénes son en realidad, y quien les ayuda a encontrar su propio espíritu, su propia libertad, su propia alegría, felicidad y amor. Miguel Ángel Ruiz nació nagual. Desde el momento de su nacimiento, tuvo una conciencia precoz del espíritu. Era un maestro del intento en ciernes. Ya de muy niño recibió formación de su familia, y también a través de algunas visiones.

Miguel se dedica a difundir su conocimiento espiritual cuanto le es posible. A lo largo de una década, ha elaborado sus visiones para así impartir a sus alumnos el ingente saber que, durante siglos, ha permanecido oculto. Les instruye con sus conferencias, talleres y viajes.

Para aquellos que quizá jamás lleguen a conocer a Miguel, el material que contiene este libro tiene el poder de sustituir el miedo por felicidad.

A todos nos han inculcado temor. Miguel afirma que el temor es la consecuencia lógica del adiestramiento que recibimos de niños. El temor está en el origen de la realidad que habitualmente percibimos a nuestro alrededor. El temor es el germen de la enfermedad y la guerra, y nos distancia de la alegría que nos corresponde en derecho.

El mayor de todos, que subsume al resto, es el miedo a la pérdida o la muerte. El camino de Miguel conduce directamente al corazón de nuestro temor a la muerte. Su sabiduría procede de una visión del centro espiritual tolteca en Teotihuacán, donde los antiguos maestros descubrieron un procedimiento para vencer el temor. Hace años que Miguel viaja cada mes a Teotihuacán con sus discípulos. Y en su viaje, los conduce a través de la Calzada de los Muertos. Dirige ceremonias en varias etapas del trayecto y guía a sus aprendices para que logren afrontar sus temores y los superen. De este proceso, despiertan a una nueva visión de la realidad en la que el mundo es sólo justicia y felicidad.

No necesitas visitar Teotihuacán para beneficiarte de la sabiduría de Miguel. Basta con que dispongas tu imaginación para realizar un viaje al interior de tu propio espíritu.

Más allá del miedo