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Extracto de "Los acuerdos del Alma"

Los acuerdos del almaDurante la década de los ochenta pasé innumerables horas en un laboratorio estudiando la mente humana, buscando una prueba tangible de la consciencia oculta en la materia gris del interior de nuestras cabezas. Me fascinaba el extraordinario poder de la mente para crear enfermedades psicosomáticas, y fue esta fascinación lo que me llevó a estudiar psicología y, más tarde, antropología médica.

Después de un tiempo empecé a pensar que en lugar de buscar respuestas científicas en millones de sinapsis cerebrales, podía explorar un enfoque diferente para investigar la consciencia humana. Comencé con la teoría de que de la misma manera que podemos crear una enfermedad psicosomática, la mente debe de ser también capaz de crear salud psicosomática. Me propuse encontrar expertos que me dieran ideas sobre cómo podemos los seres humanos entrenar la mente para que se cure a sí misma y transforme el cuerpo.

Gracias a mis estudios de antropología conocí las culturas indígenas de Sudamérica en las que se afirmaba que los chamanes realizaban curaciones milagrosas, tanto en persona como a distancia. Decidí viajar a su mundo con una mente científica, pero manteniéndome abierto a lo que pudiera descubrir. Compré un buen cuchillo de caza y unas botas fuertes de montaña y dejé los confines de mi laboratorio en la Universidad Estatal de San Francisco para emprender una búsqueda que me llevaría a las selvas del Amazonas y, finalmente, a los chamanes incas que vivían en aldeas remotas a miles de metros de altura, en la cordillera peruana de los Andes.

Fui uno de los primeros antropólogos en tener una comunicación extensa con estos guardianes de la sabiduría, algunos de los últimos incas conocidos como los laika, han tenido muy poco contacto con gente del mundo exterior y cuyas enseñanzas no se han diluido debido a los misioneros u otras influencias occidentales. Lo más importante para mis estudios es que los laika siguen practicando técnicas curativas de sus ancestros cultivadas durante milenios y transmitidas de maestro a alumno, entre curanderos.

Al principio, los chamanes de todas las aldeas que visitaba eran completamente reacios a compartir su herencia conmigo (un occidental y un completo desconocido) pero con el tiempo me gané su confianza. En mis viajes iniciales observé que muchos niños de las aldeas sufrían las enfermedades de la civilización, entre ellas trastornos intestinales que se ensañaban con los bebés. Como estas dolencias no respondían a las hierbas y a las curas locales, comencé a llevar medicación para tratar a los niños. Con el tiempo, los campesinos empezaron a verme como una especie de curandero y me presentaron a sus propios curanderos, y por medio de ellos conocí a muchos otros.

Por ejemplo, don Antonio Morales, uno de los profesores de la Universidad de Cusco, que era un inca de pura sangre, se convirtió en mi mentor principal. Caminé con él por las altas montañas de los Andes, meditando en espacios sagrados y en templos ancestrales. Además estudié con curanderas de los altiplanos que me instruyeron acerca de los animales de poder y me mostraron cómo fundir mi consciencia con la de un felino de la selva y un cóndor. A pesar de mi formación occidental científica, aprendí a abrir mi visión interna. Descubrí los mapas del Mundo Inferior de nuestro pasado y del Mundo Superior de nuestro futuro, así como las técnicas de recuperación del alma y el destino, las mismas técnicas y procesos que aprenderás en este libro.

LOS DIFERENTES MUNDOS

Los laika dividen el inconsciente colectivo de toda la humanidad en tres partes: Mundo Inferior, Mundo Medio y Mundo Superior. No se trata de lugares físicos sino más bien de ámbitos arquetípicos y energéticos. Como escribió June Singer, la reputada analista junguiana:

Lo maravilloso del inconsciente colectivo es que todo está ahí, todas las leyendas y la historia de la especie humana, con sus demonios sin exorcizar y sus delicados santos, sus misterios y su sabiduría, todo eso se encuentra en cada uno de nosotros, un microcosmos dentro del macrocosmos. La exploración de este mundo es más difícil que la del espacio exterior.

El mundo en el que vivimos, donde trabajamos y formamos nuestras familias, es el Mundo Medio; el Mundo Superior es la esfera invisible de nuestro destino y de nuestro espíritu; y el Mundo Inferior, donde se guardan los registros de toda la historia humana, es la esfera del alma. En el Mundo Medio, tenemos una percepción lineal del tiempo en la que el día de mañana siempre sigue al de hoy, de manera que es difícil imaginar cómo podríamos viajar al pasado o al futuro. Pero aprendiendo a viajar como explicaré más adelante podemos visitar el Mundo Superior y el Mundo Inferior, y en ellos existen agujeros de gusano que nos llevan al pasado y al futuro.

En este libro te enseñaré a viajar al Mundo Superior para encontrar tu mejor destino y manifestar en tu vida su significado y su propósito. Pero también viajarás al Mundo Inferior, donde se encuentran tu infancia y tus vidas anteriores, para recuperar las partes perdidas de tu alma. Estas partes del alma tomarán la forma de seres: un niño de siete años asustado, una madre angustiada o incluso un tirano cruel. Conocerás sus historias, sanarás sus heridas y adoptarás nuevos acuerdos que te liberarán de sus cargas; entonces recuperarás esas partes heridas de tu alma y las traerás al presente. Descubrirás tus dones ocultos, que puedes usar en la vida cotidiana en el Mundo Medio, y recuperarás un animal de poder que volverá a ponerte en contacto con tus instintos naturales.

Las cuatro salas del Mundo Inferior

El Mundo Inferior es el Edén primordial que, según la leyenda, perdimos. Es un paraíso terrenal en el que puedes regresar a cualquier momento de tu vida y en el que las partes perdidas de tu alma permanecen en gracia e inocencia. Este territorio está dividido en cuatro salas y cada una de ellas contiene un registro de la historia de tu alma:

  1. La primera es la SALA DE LAS HERIDAS, donde descubres la herida original que provocó que huyera una parte de tu alma y truncó el curso de tu destino. Aquí no vas a encontrar la manifestación más reciente de esta herida, que puede ser una relación perdida o una crisis personal, sino su fuente, tal vez algo que te sucedió cuando eras un niño pequeño, o un incidente que se produjo cuando todavía estabas en el útero. Con frecuencia es una experiencia traumática de una vida anterior.
    Todo el mundo tiene una herida original que vuelve a abrirse una y otra vez de diferentes formas. Se convierte en un tema recurrente en tu vida, repitiendo con frecuencia sus temas de escasez, pérdida, falta de amor, traición o abandono dentro de una familia y a través de diferentes generaciones.
  2. La segunda es la SALA DE LOS ACUERDOS, donde descubrirás las promesas que le hiciste a tu alma. Muchas de ellas serán obligaciones terribles a las que te comprometiste antes de nacer y de las que no eres consciente. La mayoría las suscribiste en medio del miedo y la angustia de tu herida original y ni siquiera conoces su existencia. En esta sala puedes renegociar los términos de un acuerdo mal redactado que te sentenció a una vida de sufrimiento continuo.
  3. La tercera es la SALA DE LA GRACIA. Aquí encontrarás la parte de tu alma que ha sido sanada y está lista para volver a ti con toda su fuerza vital. La gracia es la energía que te hace avanzar en la vida, que te brinda alegría y paz. No basta con viajar (peregrinar) para descubrir la patología creada por tus heridas; también debes ver la belleza, la armonía y los dones únicos de tu alma.
    A veces, cuando trabajo con un paciente, descubro que su fuerza vital, que en su día fue un fuego impresionante lleno de fuerza, se ha convertido en una llama minúscula a punto de extinguirse. Este rescoldo que ha quedado apenas puede calentar el alma (esto lo veo con frecuencia en pacientes que sufren fatiga, ansiedad y depresión crónicas). Al devolverle la parte perdida de su alma, puede regresar a su estado natural de gracia y vitalidad, y reavivar su pasión por la vida.
  4. La cuarta es la SALA DE LOS TESOROS. Tendemos a conformarnos con recoger los frutos que se encuentran más cerca de la superficie, que nos bastan para llevar una vida corriente. Pero debemos excavar más para conseguir las piedras preciosas, que están enterradas a mayor profundidad. Como sucede con los diamantes, los mayores tesoros solo pueden conseguirse con mucho esfuerzo. Cuando hago una recuperación de alma para alguien que tiene dificultades para manifestar lo que quiere llegar a ser, voy a esta sala para ayudarle a recobrar un don creativo o artístico que no ha expresado. Es ahí, en la profundidad del inconsciente, donde puede descubrir los recursos que le ayudarán a vivir más plenamente (también recuperaré un animal de poder que le ayudará a recobrar su instinto natural).

En cada una de estas salas, leerás algunos libros de la «biblioteca de tu vida» y descubrirás tus heridas, acuerdos, talentos y dones profundamente enterrados.

Los acuerdos del alma