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Extracto de "La Sangre"

La sangreCuando hablamos de «sangre» nos estamos refiriendo a un «jugo verdaderamente especial». Esto es porque nuestra sangre no es solamente nuestro órgano líquido más importante, esencial y maravilloso, sino que también está cargada con cantidad de mitos y magia. Cuando se «calienta» está relacionada con la pasión; con la familia, porque «la sangre es más densa que el agua»; con la ira y la venganza, porque se puede convertir en «mala sangre»; con ideas cuestionables de mejores personas con sangre «fuerte», «pura» o «azul». La sangre está relacionada con la superstición durante el periodo en el que se marchitan las rosas y con la eterna lucha del deportista por optimizar su sangre tan hábilmente antes de una competición que no parezca que se ha «dopado».

La sangre es un jugo especial. A mí, como médico y científico, me fascina hasta tal punto que he decidido examinarla detalladamente. Para mí, en sus valores sanguíneos es donde reside la clave para su salud y su felicidad. No hace falta que me diga si se alimenta con espaguetis baratos o con las mejores proteínas, si se siente agotado o sobrevuela la vida como un águila... Puedo leerlo en su sangre de forma precisa.

En este libro me gustaría compartir con usted algunos secretos sobre este órgano líquido. Le mostraré de qué forma su sangre puede elevar su rendimiento si le proporciona los elementos esenciales. Le contaré relatos de pacientes de mi consulta que puede que se tome a modo de milagros, pero que no son más que el resultado de unos buenos valores sanguíneos. También le diré lo que usted mismo puede hacer para mejorarlos.

Estos conocimientos se basan en muchos estudios científicos, pero, sobre todo, en las experiencias en mi consulta y en las innumerables historias de curación que ustedes me han relatado en sus cartas. Utilice estos conocimientos, prepare a su sistema inmunológico contra las infecciones, bombee oxígeno hacia su cerebro y sus músculos, ajuste su azúcar en sangre y no se sorprenda si, de repente, se encuentra más sano y potente que nunca, o si por fin está preparado para correr el maratón.

La sangre es un tema que me preocupa mucho, ya que todos los días en mi consulta me doy cuenta de que un debate fundamentado sobre este misterioso «jugo» podría cambiar la vida de pacientes con enfermedades graves y deportistas de alto nivel, así como la de niños y ancianos e, incluso, la suya. Cuente con estos tres agradables efectos secundarios cuando lea este libro:

  • Alivio: Cuando algo no va bien en su vida la causa, a menudo, no se debe a la falta de disciplina o a la poca capacidad de rendimiento, sino sencillamente a que faltan algunas sustancias en su sangre.
  • Aclaración: Si usted se siente desanimado no significa automáticamente que usted esté «psíquicamente enfermo» o «quemado». También una depresión puede ser consecuencia de la falta de alguna sustancia en la sangre, por ejemplo, litio o testosterona.
  • Motivación: Cualquiera puede medir sus valores sanguíneos, comentarlos con su médico (que esté bien informado) y actuar en consecuencia. Reponer vitamina B, por ejemplo, o hierro o zinc. Cuando después se producen los milagros, ya no es tan sorprendente.

Son las sustancias esenciales de su sangre las que ponen en marcha estos efectos sorprendentes. ¿Usted también quiere un milagro? ¿Pues a qué espera?

Su sangre dice más que 1000 palabras

La sangre es el elixir de su vida. Si está sana, a usted le irá bien. Si le faltan sustancias esenciales, cogerá infecciones, le faltará empuje e incluso, a veces, desaparecerá su felicidad. Pero tan pronto como se reponen las carencias en sus valores sanguíneos la salud y la alegría regresan. ¿Un milagro? En realidad, no. Una vez que usted sepa de lo que es capaz su sangre y lo que usted mismo puede hacer para tener unos valores sanguíneos saludables, encontrará su propio camino hacia la curación. Este capítulo le muestra cuáles son los valores de la felicidad y por qué actúan de una forma tan maravillosa.

Los valores óptimos para una vida sana y feliz

¿En qué piensa cuando escucha la palabra colesteroP. Exactamente: infarto. ¿Y qué le viene a la cabeza cuando escucha azúcar en sangre?: Diabetes. ¿Quiere más ejemplos? ¿Magnesio?: Calambres musculares. ¿Cortisol?: Estrés. Un último ejemplo: ¿valores hepáticos? Algo terrible. Ahí piensa en cirrosis. Y se piensa en que usted está fatal.

¿Lo ve? Ya sabe un poco sobre la sangre. Este conocimiento está anclado en lo profundo de su cerebro. Desgraciadamente, usted ha puesto los elementos malos por delante de los buenos. Es cierto que los valores sanguíneos pueden darle información importante sobre posibles enfermedades. Por eso yo a estos valores los llamo siempre valores amenazantes. Normalmente, su médico de cabecera examina estos valores detalladamente. Le prohíbe terminantemente comer carne de cerdo si tiene el colesterol alto y le exhorta a que lleve una vida más tranquila y... ¿ayuda?

¿Se puede ser un poco más?

¿No le parece que la medicina deportiva especializada tiene un enfoque completamente distinto a la que recibe usted en el ambulatorio de su barrio? La medicina de élite va por un lado y la medicina para la gente normal por otro. Los médicos deportivos se ocupan de personas que entrenan y que solo alcanzan su mayor rendimiento cuando tienen una salud plena y, como es lógico, como médicos de cabecera aplican otra escala con los pacientes que no esperan de sí mismos un rendimiento tan alto.

¿Se ha preguntado alguna vez cómo un campeón del mundo de esquí Hermann Maier pudo volver a serlo después de fracturarse ambas piernas? Con tales fracturas el ciudadano de a pie hubiera tenido que usar muletas el resto de su vida. ¿Cuál es la diferencia aquí? 

Se puede ser mucho más

Puede leer esta «diferencia» en cualquier informe de laboratorio. Cuando determina sus valores en sangre con su médico de cabecera siempre se encuentra con «valores normales». ¿Se ha preguntado alguna vez de dónde salen estos «valores normales»? Se trata de los valores que aparecen cuando se saca la media de la población enferma. Es decir, la media de aquellas personas que acuden al médico cuando están enfermas. Con estas personas es con las que se comparan sus valores. ¿Le resulta curioso? A mí también.

No obstante, muchas personas enfermizas que no están especialmente sanas se sienten tranquilas con estos datos... y sus médicos de cabecera también. Una presión arterial alta y niveles elevados de colesterol en las personas mayores es algo que tiende a parecemos completamente normal. Lo mismo sucede con un vientre grueso. Todo el mundo está de acuerdo en que con la edad la fuerza disminuye y la sexualidad desaparece por completo. Tiene que ser así según lo que muestran estas cifras.

Pero, ¿realmente es así? Pregúntele a personas extraordinarias, esas que corren el maratón con 60 años, a los 68 escalan montañas, a los 72 están en un equipo de remo y a los 75, naturalmente, se inscriben en el Festival Internacional de Gimnasia de Alemania. Ellos no tienen la presión arterial alta. A ninguno les cuelga la barriga por encima del cinturón... y siguen teniendo fuerzas de cintura para abajo. Ellos poseen los valores en sangre que yo considero «normales».

Mi estimación, a menudo, ha sido cuestionada. «Unos valores sanguíneos tan elevados provocan daños hepáticos, renales, cáncer». Se injuria hablando de «sobredosis». Debe de ser malo... También se empieza a hablar de muerte por sobredosis. Estas afirmaciones son radicalmente falsas. ¡Falsas!

«En la sociedad del bienestar de hoy las personas están al mismo tiempo sobrealimentadas y desnutridas». Sarah Wiener, Top Chef 

Las recomendaciones «oficiales» por parte de la Asociación Alemana para la Nutrición (DGE, según sus siglas en alemán) sitúan mis conteos a un nivel tan alto que usted nunca desfallecería. Ante algunas recomendaciones yo me pregunto en qué época vivimos según el criterio de la DGE. ¿El comienzo de la revolución industrial? ¿La posguerra? ¿O seguimos en la edad media? ¿Se trata de mantener a la población sana? ¿Se trata de erradicar el escorbuto, el beriberi o el raquitismo? Para mí eso resulta escaso, demasiado escaso.

En mi opinión se trata de facilitar a tantas personas como se pueda la mejor vida posible. Sin obesidad, alergias, hipertensión, diabetes, depresión ni cáncer. Para ello necesitamos el máximo grado de energía física y espiritual además de un sentimiento de felicidad. Lo sé: funciona. Con las sustancias esenciales, más concretamente, con las sustancias esenciales adecuadas en la cantidad adecuada. Con tantas sustancias esenciales que su calidad de vida se elevará significativamente por encima de la de los enfermos normales. ¿O prefiere contentarse con menos? ¿Por qué iba a ser así?

La sangre