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Extracto de "El universo de lo sencillo"

El universo de lo sencilloInvéntate la vida

"El éxito está en el movimiento y en la osadía. Muévete. No pares de hacerlo. Invéntate el camino. Invéntate a ti mismo, pero no pares. Nuestro mundo, nuestras reglas." Enric Ochoa-Prieto

En un estudio sobre creatividad y pensamiento divergente, un reconocido profesor propuso a los voluntarios que escribieran en un papel todos los usos que se les ocurrieran para un clip. Mientras que la mayoría se rebañaba la cabeza para escribir más de diez o quince, a alguien se le ocurrió preguntar: «¿El clip podría estar hecho de goma y medir 60 metros? ¿Tiene que ser un clip tal y como lo conocemos?».

Y nuestra vida, ¿tiene que ser tal y como la conocemos?

Cuando estudias la carrera de Periodismo, como es mi caso, una de las primeras lecciones que te enseñan para redactar una noticia con propiedad es La regla de las 5 W. Según esta norma, para que un artículo esté completo, debe incluir Who, What, Where, When y Why (además de Hoiu). Casi todas estas preguntas pueden responderse con relativa facilidad. Sin embargo, hay una que resulta más complicada y que distingue a los buenos de los malos periodistas: el porqué.

En un mundo que circula a toda velocidad, es necesario hacer una pausa para preguntarnos si estamos corriendo porque corren los demás o porque verdaderamente nos dirigimos a algún sitio. El porqué es nuestra pregunta. ¿Hacemos las cosas porque siempre se han hecho así o las hacemos porque realmente creemos en ellas? ¿Actuamos movidos por la inercia de los acontecimientos o por el sentir de nuestro propio corazón?

Si no sabes argumentar una creencia, esa creencia no es tuya.

De una manera u otra, todos estamos expuestos a los dictados de la sociedad. Nos vestimos como la moda quiere que nos vistamos, escuchamos lo que la radio propone que escuchemos y estudiamos lo que el entorno y el mercado consideran que es mejor. Hasta cierto punto, no deja de ser necesario que entre los miembros de una sociedad existan puntos de encuentro donde poder generar comunidad. Sin embargo, una excesiva cesión de nuestras elecciones puede convertirse en un lastre para el desarrollo de nuestro potencial y el florecimiento de nuestra individualidad.

¿Realmente tenemos que casarnos entre los veinte y los treinta años? ¿Son Tailandia, Punta Cana y Nueva York los destinos a los que hay que ir? ¿Debemos ahorrar para comprar una casa en la que vivir el resto de nuestra vida? No y sí. No, si la razón de hacerlo es que lo ordena el mundo; sí, si el deseo de hacerlo pertenece verdaderamente a nuestro interior.

Más sabio que el que sabe mucho de un camino es el que sabe que existen más caminos.

Vivimos rodeados de mensajes y refuerzos (positivos o negativos) que crean dentro de nosotros la idea de que existen unos caminos más adecuados que otros. Aunque en cierto modo —y para el devenir de la felicidad— esto no es del todo falso, sí provoca que una gran parte de nuestras decisiones sea tomada desde el deseo de acertar en lugar de hacerlo desde la celebración que supone el mero ejercicio de elegir.

«La libertad —declaró Manuel Azaña— no sé si nos hace más felices, pero nos hace más hombres.» En otras palabras, no es el acierto lo que nos convierte en personas de valor, sino el coraje de atrevernos a dejar un trocito de felicidad a cambio de ser dueños de nuestro propio destino.

Tendemos a ver la vida como un cruce de caminos en lugar de verla como una amplia y virgen explanada. Así, ante cada situación, nos preguntamos «¿Cuál será el camino correcto?», en lugar de preguntarnos «Y yo, ¿adonde quiero ir?».

Movidos por el deseo de cumplir con las expectativas, a menudo olvidamos la máxima de la libertad: siempre y cuando nuestras decisiones no supongan un perjuicio para los demás, tenemos derecho a vivir como queramos. O, lo que es lo mismo, tenemos derecho a inventarnos la vida.

La vida, más que un catálogo en el que elegir, es un cuaderno donde dibujar.

Inventarse la vida es abandonar los tendría y los debería para hacer de nuestra existencia nuestra propia obra. Sin copias. Sin imitaciones. Es colocar delante de cada acción o decisión que llevemos a cabo un porqué. No como un acto de rebeldía, sino como un ejercicio de responsabilidad. Es, en definitiva, poner los recursos del mundo al servicio de nuestros deseos en lugar de nuestros deseos al servicio de todo el mundo.

Imagina que antes de nacer pudieras echar un ojo a todas las riquezas de la vida. Sus paisajes, sus ciudades, su gente... En definitiva, a todo su inmenso abanico de posibilidades. Ahora imagina que, tras haberlo contemplado todo, pudieras elegir. ¿Vivirías donde vives? ¿Trabajarías en lo que trabajas? ¿Elegirías las mismas aficiones? Seguramente no.

No esperes a que la vida te ponga en las manos tu plan perfecto. Eso nunca ocurrirá. Si el trabajo que amas no existe, invéntalo; si la casa de tus sueños no está en el mercado, construyela; si tu ilusión nunca ha sido realizada, persíguela.

Para una vida auténtica es necesario dar el salto de la costumbre de elegir entre lo existente a la valentía de elegir entre lo imaginable, desde las decisiones más pequeñas hasta las más grandes.

Haz tuya la aventura de vivir. Invéntate la vida.

El universo de lo sencillo