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Extracto de "Despertar la Sabiduría del Corazón"

Despertar la sabiduría del corazónQue todos los seres y yo seamos libres.

Todos los días durante los últimos veinte años, a mitad de mi caminata matutina, me he detenido a contemplar un acantilado en un estrecho sendero de tierra que comparto con los alces, los ciervos y los coyotes y he pronunciado esta frase amorosa: «Que todos los seres y yo seamos libres». Tanto si estoy de viaje como en casa, la digo cada mañana como parte de mi esfuerzo personal para traer la libertad a este mundo.

La primera vez que escuché esta frase fue en 1983 en un retiro de meditación de fin de semana en Santa Rosa (California). En esos momentos, hace más de treinta años, necesitaba algo para apaciguar el miedo y el dolor que sentía respecto a varios finales: el de una relación tras cinco años, el de mi trabajo de asesoramiento a jornada completa en Napa (California) y el de mi historia de amor de trece años de duración con el Área de la Bahía de San Francisco. Mi furgoneta estaba aparcada en el estacionamiento del centro de retiro con todas mis pertenencias. Estaba entrando en terreno desconocido; iba a vivir en dieciséis hectáreas que había comprado junto con dos amigos en el norte de California.

En esos momentos no tenía ni idea de lo lejos que llegamos los humanos, inconscientemente, con el fin de mantenernos alejados de la libertad. A los treinta y tres años, tenía mucho que aprender acerca de cómo, sin saberlo, nos metemos a nosotros mismos en una cárcel hecha de miedo, duda, juicio, culpa y vergüenza. En aquel entonces, en mi ignorancia, me decía: «Solo con que me sienta aliviada de este dolor desgarrador, seré libre. Solo con que sepa con seguridad de dónde obtendré mi próxima paga, seré libre. Solo con que deje de dudar acerca de mi elección de abandonar el Área de la Bahía, seré libre. No tenía ni idea de lo que era la auténtica libertad. Más de treinta años después, estoy compartiendo la libertad que proviene de saber quiénes somos realmente.

Hace unos dos mil quinientos años, el Buda enseñó que por debajo de nuestros pensamientos y sentimientos todos hemos nacido con un gozo, una bondad, una compasión y una paz interior ilimitados. En este libro comparto enseñanzas que he adaptado de la sabiduría del Buda y que he convertido en herramientas prácticas que te resultarán útiles independientemente de cuáles sean tu sistema de creencias o tus inclinaciones espirituales.

Como terapeuta, autora, conductora de seminarios y ponente invitada, he compartido los potentes recursos del corazón que presento en estas páginas con miles de pacientes, estudiantes y alumnos de seminarios. Tanto si eres cristiano o judío como budista, musulmán, de la religión Wicca, agnóstico o ateo, podrás beneficiarte de las herramientas del corazón que te ofrezco aquí y que verás que son prácticas y nada ortodoxas (es decir, no pretenderán nunca que cambies tus preferencias religiosas).

Este libro es la invitación que te hago a despertar y liberarte de los hábitos egoicos de los que no eres consciente. Este libro es una invitación a personas ocupadas de todas las fes a encontrar la paz interior. Este libro es una invitación a que veas que la libertad es un lugar real que habita en tu corazón.

Con el fin de despertar y ser libres, debemos comprender ante todo de qué necesitamos despertar. Pocos nos damos cuenta de que, desde el momento en que nacimos, heredamos un equívoco compartido en relación con quiénes somos los humanos, que después tomamos por nuestra realidad. El Buda llama a esto nuestro condicionamiento humano inconsciente. Todos quienes nos rodeaban, incluidos mamá y papá, el abuelo Fred y la tía Alice, reforzaron este desvío respecto de la realidad, porque nunca llegaron a conocer nada distinto. El problema es que la ignorancia ocasiona sufrimiento, por más buenas que sean las intenciones de nuestros mentores y por más que nos quieran.

En la espesa nube de la incomprensión humana, nos tomamos por menos de lo que somos. Creemos que somos nuestro nombre, nuestro cuerpo, nuestra historia familiar y nuestros logros. Creemos que somos nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones corporales y creencias. Y en el estrecho mundo de nuestro ego (que el diccionario Webster define como la parte de nuestra psique que organiza racionalmente los pensamientos y dirige la acción, y el budismo como el omnipresente pensamiento de autoimportancia que lo personaliza todo), esto es verdad. Pero quiénes somos en nuestros corazones es infinitamente más que esto. Si nos obligamos a vivir según la perspectiva del ego, desperdiciamos unos años preciosos buscando la libertad en los lugares equivocados.

Lo que somos es una presencia consciente, amorosa y compasiva. En el interior de nuestro corazón sabio accedemos al mismo conocimiento universal y a la misma sabiduría ancestral que hace que nuestro corazón siga latiendo y que nuestros pulmones sigan respirando. Desde este lugar amplio vemos pensamientos, sentimientos y creencias conscientes, y dejamos de identificarnos con ellos. Desde el nuevo nido de águila desde el que vemos la vida nos convertimos en una conciencia amorosa que percibe los pensamientos, miedos, sentimientos y reacciones (nuestros o de los demás) y los deja irse. Seguimos comiendo, durmiendo, ejerciendo de padres, practicando ejercicio, trabajando y haciendo el amor, como siempre. Pero al dejar de identificarnos con la pequeña identidad de nuestro ego y reconocernos en la alegría, compasión, bondad y presencia ilimitadas de nuestro corazón, nos sentimos libres.

Por ejemplo, mi paciente Lois estuvo luchando con la depresión durante años. Los antidepresivos no le sirvieron. Etiquetar sus pensamientos como «pensamientos» en meditación tampoco la liberó de su enfermedad. Pero tras localizar su depresión en su cuerpo como si fuese un puño apretado en su vientre, respiró enfocándose en el centro de ese nudo: —Al respirar directamente en mi dolor, apareció el recuerdo de un aborto espontáneo que había tenido años atrás —explicó—. En esa época, cuando tuvo lugar el aborto, me mantuve ocupada trabajando para evitar el dolor. Pero hace poco me permití llorar todo lo que quiso mi cuerpo. Después, el puño apretado se disolvió en una amplia sensación de paz que nunca antes había experimentado. Una vez que Lois localizó su dolor directamente en su cuerpo -lo cual no era algo tan abrumador que no pudiese lidiar con ello-, fue capaz de liberarse de él.

Hay dos voces que nos hablan a la vez todo el tiempo: nuestro ego y nuestro corazón. Con el fin de poder escuchar la dulce sabiduría de nuestro corazón bondadoso, debemos empezar por identificar la voz fuerte, exigente, enjuiciadoray avergonzadora que hay dentro de nuestra cabeza como la del ego, no como la nuestra. Quien habla ahí es el ego; no nosotros. Hemos escuchado su voz durante décadas, desde que aprendimos a hablar. Creemos que su voz es la nuestra, pero el ego es tan solo una pequeña parte de lo que somos.

Ego es la palabra que significa «yo» en latín. En principio, esto parece algo bastante inocente. Pero este pensamiento de «yo» se multiplica con tanta rapidez dentro de nuestras cabezas que en cuestión de segundos surgen millones de pensamientos complejos con el fin de organizar, analizar y, de alguna manera, encontrar sentido a las cosas. A medida que crecemos y maduramos, un pensamiento sencillo como: «Yo soy este cuerpo» se multiplica, dando lugar a: «Soy este miedo, esta ansiedad, esta desesperación, esta culpa, este arrepentimiento, este dolor; soy mis articulaciones inflamadas; soy mi cáncer», y así sin cesar, de modo que pasamos nuestras vidas confundidos y llenos de dudas. En un santiamén, el ego se convierte en la raíz de un sufrimiento que va en aumento, lleno de autoodio, debido a que reaccionamos ante cualquier nimiedad tomándonoslo como algo personal.

Cuando, en meditación, les ponemos a los distintos pensamientos que surgen la etiqueta de «pensamiento», esto nos sirve para lidiar con centenares de altibajos de la vida cotidiana. Pero cuando la preocupación, la ansiedad, la desesperación o la aflicción están presentes en nuestras vidas, lo que puede proporcionarnos alivio es la capacidad que tiene nuestro corazón de dar un rodeo a los pensamientos obsesivos y de suavizar los sentimientos por medio de localizarlos en el cuerpo. Una vez que la conciencia aparta a un lado los desvarios del ego, podemos escuchar la suave voz de nuestro corazón sabio.

La revolución silenciosa de la consciencia humana está en marcha. Esta revolución tiene lugar a cada momento, a cada respiración y a cada latido de corazón a medida que cada uno de nosotros renovamos a diario nuestro compromiso con el despertar. Cada vez que afrontamos la ira o el miedo con la compasión, la consciencia mundial da un paso adelante. El hecho de reconocer la voz de nuestro corazón sabio y de nuestra presencia interior nos libera para que podamos elegir conscientemente, a cada momento, entre el sufrimiento y el gozo, el miedo y el amor, la ansiedad y la paz interior.

Las cinco primeras elecciones del corazón —la confianza, la curiosidad, la conciencia, el ingenio y la compasiónnos liberan de los pensamientos, miedos, hábitos y reacciones inconscientes. Las otras cinco —la bondad, la gratitud, el perdón, la integridad y la paz interiorcontribuyen a que los retos parezcan asumibles y nos ayudan a cultivar la libertad en nuestras relaciones y en nuestro mundo.

Con su asombrosa capacidad de permanecer en calma en medio del caos, nuestro corazón lleva a cabo elecciones tan poco ortodoxas como amar el miedo cuando se presenta o confiar en la sabiduría de los cambios inesperados. Cada vez que elegimos responder con bondad a nuestra aflicción abandonamos siglos de condicionamiento humano inconsciente. Cada vez que respondemos con compasión a la tristeza de otra persona entramos en la libertad, la alegría y la paz interior que están siempre presentes en nuestro corazón.

Este libro es tu pasaporte al santuario interior de tu corazón sabio, amoroso y compasivo. Mantenlo a salvo y accesible. La elección consciente trae conciencia y la conciencia trae libertad.

Despertar la sabiduría del corazón