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Extracto de "Despertad Humanos"

Despertad humanosIntroducción

No hay tiempo

¿Has oído en alguna ocasión que se le acaba el tiempo a la humanidad? Desde las profecías espirituales que han fijado fechas para grandes cambios hasta la noción ecológica de que podemos haber cruzado el punto de no retorno, la idea de que queda poco tiempo antes de que ocurra algo muy grande o muy grave está presente en muchas conciencias. En mi caso, el sentimiento de urgencia se ha acentuado en los últimos tiempos a raíz de unos episodios que he vivido que han activado una alerta en mi interior.

En primer lugar, ¿queda poco tiempo para qué? Para que la humanidad siga disponiendo de la oportunidad de despertar al amor incondicional aquí, en nuestro planeta, dentro del formato de vida que conocemos.

En segundo lugar, ¿por qué queda poco tiempo? Porque podemos esperar que próximamente ocurran grandes acontecimientos planetarios que marquen un punto de inflexión en nuestro devenir colectivo.

En tercer lugar, ¿cuáles son las consecuencias de despertar o de no despertar al amor incondicional en el tiempo que queda? Son enormes desde el punto de vista del destino que nos aguarda, e incluso en términos de nuestra capacidad para la supervivencia.

Pero no querría asustarte. No serviría para nada e incluso sería contraproducente. En lugar de dejarte llevar por cualquier grado de miedo, considera lo siguiente: el amor incondicional al que estamos invitados a despertar, y que determinará nuestro destino, es una elección. Puedes elegirlo con la misma facilidad con que eliges el miedo. Serénate pues, relájate, y permite que este amor dirija tu vida. Respira hondo unas cuantas veces... ¿Estás preparado ya para acompañarme en este viaje de despertar? ¡Pues pongámonos en marcha!

Empezaré por explicar el origen de mi sentimiento de urgencia. Si has leído mis otros libros, sabrás acerca de la existencia de Joanna, mi hija. Es una chica con una altísima capacidad espiritual, como ha demostrado con sus viajes astrales, sus premoniciones y sus conexiones con planos elevados de conciencia. Ello no quita que, en estos momentos, se encuentre en plena fase de la adolescencia. A raíz de un comportamiento que tuvo, le pedí que fuera a su habitación a reflexionar. Curiosamente, decidió ver una película de tipo espiritual. Mientras tanto, yo me quedé sentada en el sofá del salón, viendo un documental sobre los mayas. De pronto, salió de su cuarto, vino hasta mí y me dijo: —Mamá, quiero hablar contigo. ¿Puedes apagar el televisor?

No era una petición muy habitual, así que lo hice, intrigada. Para mi sorpresa, se sentó en el suelo, a mis pies, con las piernas cruzadas, y empezó a hacerme preguntas sobre mi maestro, fallecido doce años atrás: cuáles eran sus gustos, su animal preferido, su comida favorita... Me extrañó que me preguntase todo eso, pero la conversación me atrapó completamente; no la asocié con una estrategia de una adolescente que estuviese manipulando a su madre para que le levantase el castigo. De repente, sin guardar relación con nada de lo que estábamos hablando, anunció: NO HAY TIEMPO. No QUEDA TIEMPO.

Totalmente desconcertada, le pregunté: —¿Tiempo para qué? Resulta que faltaban unos diez minutos para la hora de su cumpleaños, y al principio pensé que se refería a esto. Pero no. La observé, y estaba transformada. Presentaba el aspecto que tiene cuando está conectada con su Ser: su carácter, su expresión, incluso el tono de su voz, son otros. Y repitió: —¡No queda tiempo! Tienes que buscar la forma de transmitirle a la humanidad que tiene que amarse, despertar al amor incondicional, antes de que sea tarde.

Primero le dije que podía hacerlo por medio de un nuevo libro, y después le sugerí un vídeo, pero insistió en que no había tiempo para eso. Y me preguntó: —¿Cómo imaginas los próximos quince años?

Automáticamente, como ella estaba a punto de ser quinceañera, pensé: «Bueno, me habla de esta cantidad de años porque es el período de tiempo que asocia con la duración de su vida». De modo que intenté ser positiva y le dije: —Yo confío en el ser humano; está despertando. ¡Mira los cambios que se están produciendo! Tenemos que co-crear, como humanidad, una versión mejorada de nosotros mismos. Fíjate en que a los cursos ya no vienen veinte personas, sino mil o dos mil, lo cual significa que está desarrollándose una transición, que se está desencadenando un cambio, que vamos bien.

Negó con la cabeza y repitió: —¡No hay tiempo! Busca la fórmula, reflexiona. —Se levantó, me miró con la expresión de adulto que suele tener en estos casos y dijo—: Piensa sobre lo que te he dicho y a ver si se te ocurre una idea, un modo de transmitir esto y lograr que se haga realidad.

Se marchó y me sentí muy empequeñecida. Fui a la cocina a hacerme un té. Ahí estuve dándole vueltas al asunto. Pensé: «Tengo un congreso dentro de poco en México..., aunque antes tengo el curso zen. Pero al curso zen de Madrid vienen mil personas y no lo filmamos, con lo cual no llegará más lejos. A ver, ¿cuál es el título que le puse a esa charla que voy a dar en Guadalajara (México)?» (se trataba del encuentro internacional Yo soy , en el que hablé el día 11 de febrero de 2017). Busqué el título y vi que era «Llegó la hora». Y pensé: «¿Será que tengo que transmitir algo en esa conferencia, o en ese viaje?». El corazón me iba a mil por hora; mi alma me estaba diciendo: «Sí, sí; esta es tu verdad. Hazlo, solo hazlo». Pensé: «Vale, ya está. Si tiene que ser, saldrá; si tiene que ser, será el momento, y al fin y al cabo no seré yo quien lo haga». Es decir, no sería el personaje Suzanne Powell quien haría eso posible, sino la parte más elevada de mí, en sintonía con el nivel colectivo. Y, efectivamente, las cosas parecieron encarrilarse esa misma noche, pues recibí un whatsapp en el que me decían que la conferencia de México se retransmitiría a escala internacional.

Mientras estaba en la cocina, vino Joanna y me dijo: —¡Mamá, no sé qué me ha pasado! ¡Es como si hubiese cambiado de personalidad!

Me contó que estaba en su habitación viendo una película y que de pronto se sintió diferente. Lo que ocurrió es que «había vuelto» Joanna. De hecho, no tenía ni idea de que habíamos estado en el salón hablando durante cuarenta minutos. Lo negó rotundamente, hasta que compartí con ella algo de lo que habíamos estado diciendo; solo entonces reconoció que, en efecto, habíamos mantenido esa charla.

Una vez en México, tanto o más significativa que la conferencia en la que participé fue la entrevista que sostuve con José Luis Rueda, del CIRCAC (Centro de Investigación Rueda Cósmica, A. C.), en Guadalajara, en ese mismo mes de febrero de 2017. Habíamos previsto una conversación de diez minutos, pero me solté totalmente ¡y acabamos hablando una hora y media! Sentí que ahí había tomado su mejor forma el mensaje que quería transmitir, de modo que me apresuré a compartir la entrevista en cuanto estuvo disponible. En muy pocos días tuvo muchos miles de visualizaciones, lo cual demuestra que algo está cambiando en el seno de la humanidad: hay muchas personas que tienen el mismo sentimiento de urgencia que yo y anhelan despertar, si no lo han hecho ya.

Esa entrevista fue la semilla de este libro que tienes en tus manos. Espero que te brinde las claves que estás buscando para transitar por estos tiempos tan revueltos como apasionantes de tal manera que te conviertas en un ser humano que piense, sienta y actúe en sintonía con el amor incondicional, fiel a su verdad.

No quiero finalizar esta introducción sin invitarte a leer, en el apéndice 2, el escrito de Carlos Rodríguez, presidente de la Fundación Carpe Diem, sobre esta época de transición que estamos viviendo como humanidad en el contexto del sistema solar y el cosmos, así como la entrevista que me hizo Francesc Prims, en el apéndice 3.

¡Te deseo un feliz y rápido despertar!

Despertad humanos