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Extracto de "Atrévete a Ser Tu Maestro"

Atrévete a ser tu maestroIntroducción

Recibí la información de que iba a escribir este libro a través de una canalización que me llegó el día de fin de ciclo: el 21 de diciembre de 2012. La idea retumbaba clara en mi interior: «Escribirás un libro con este título».

Mi primera reacción fue preguntarme por qué realizar esta obra si todavía estoy aprendiendo a ser mi maestra. Pero el título me había cautivado y sentí que era preciso atreverse, porque en realidad nadie nos enseña a ser maestros. Por ese motivo, una de nuestras mayores tareas en esta vida consiste en aprender a ser nuestro propio maestro y compartir, con generosidad, todo lo aprendido.

Es semejante a cuando una pareja tiene un bebé por primera vez. Siempre se preguntan: «¿Dónde está el manual de instrucciones? ¿Cómo aprenderá este nuevo ser? ¿Y nosotros, los padres?». La respuesta es bien sencilla: se aprende sobre la marcha. Y a cada momento se cuestionan: «¿Es correcto lo que estamos haciendo?». Lo mágico es que tu hijo lo acepta todo. Lo estés haciendo bien o mal, sea correcto o no, para él no tiene importancia. Simplemente acepta tu condición de padre o madre. Cuando nos hallamos en el proceso de la automaestría, no importa cómo lo estemos haciendo. Estamos avocados a ser nuestros propios maestros. Lo deseemos o no, la propia experiencia nos ayudará a adquirir maestría en todo lo que hagamos.

Todo es vivencia. Experiencias que nos nutren y nos llenan de vida, de sabiduría.

Aprendes con más o menos fluidez de las situaciones que se te ponen delante. Dependiendo de nuestro estado evolutivo vivimos nuestras experiencias como seres humanos, en algunas ocasiones con confusión y en otras, con lucidez, a veces con ignorancia y otras, con sabiduría. Una de las mejores maneras de aprender es a través de la reflexión. Puedes escuchar muchos consejos y prestarles atención o bien ignorarlos, aunque sin duda tarde o temprano te das cuenta de que de alguna forma todo es perfecto, todo está bien, siempre ha sido así y siempre lo será. Empiezas a notar que existe un orden superior donde todo tiene una explicación razonable que a veces ignoramos o no logramos comprender de inmediato. Pero todo está bien. Todo fluye hacia un bien común, y eso es una gran enseñanza de la automaestría. Gracias a la reflexión, aprendemos que somos una especie de GPS humano, radares que empiezan a abrirse a las señales, y comenzamos a dirigir nuestras vidas hacia un sentido nuevo. Pase lo que pase, estamos dispuestos a cambiar en cualquier momento, a dirigir nuestra existencia hacia algo mayor, más profundo y verdadero, más lleno de alegría. Digan lo que digan nuestras familias, amigos, jefes e incluso nuestros propios pensamientos, empezamos a estar preparados para dar un paso más en el camino de la experiencia interior, de la auténtica vivencia espiritual, del contacto con nuestra parte más divina.

Cuando te rindes a tu Ser multidimensional, y te das permiso para Ser, es cuando te conviertes en un ser humano completo, feliz, con una qran tranquilidad espiritual.

Esa calma nace de la inocencia de un niño pequeño y la sabiduría de un gran anciano. En ocasiones, esta nueva forma de ver y sentir la vida no encaja con el mundo que nos envuelve, pero eso también forma parte del reto de despertar a esta corriente de conciencia. Al despertar a la automaestría, inevitablemente debemos romper con viejos esquemas y estructuras que no son más que antiguas formas de ver y entender el mundo. Nosotros lo haremos y el resto lo hará con nosotros.

El secreto consiste en saber vivir este nuevo presente siendo nosotros mismos, con todas las consecuencias, estar constantemente aquí y ahora, conscientes, presentes en todo acto, pensamiento y emoción que nacen de nuestro interior cada segundo de nuestras vidas. Mi mantra favorito sería: «¡Qué más da!».

A eso me refiero cuando hablo de tranquilidad espiritual. ¡Qué más da! Todo está bien. Puedo vivir así, me puedo reír de mí misma, conectando con mi niña interior e intentando no entrar ni en mis propios dramas emocionales, psicológicos, ni en los de los demás. Cuando esto es así, ya no queremos vampirizar la vida de nadie, ni que nadie nos vampirice la nuestra. Una vez alcanzado ese estado, solo deseamos compartir la abundancia en la que empezamos a vivir. La abundancia del Ser.

Debemos observar cualquier tipo de conflicto que aparezca desde la ecuanimidad, sin dramatizar. Visto desde fuera, todo cambia. Si eliges la felicidad, la armonía, la paz, la inocencia... tu estado en general se relaja y vives en una serenidad que se convierte en tu piscina favorita, tu lago de entereza. Dejas de vivir en las aguas turbulentas de un mar agitado y desapacible. Y aunque veas una ola amenazante, sabes que al llegar a la orilla de pronto encuentra la calma, sin temor a que te roce o te transforme, porque todo pasa, todo vuelve al mar, al océano. Es hermoso aceptarse a uno mismo y decir sin miedo: «Yo soy como soy», guste o no; esta es mi historia, mi canción, mi vida, y escojo ser feliz siendo así, aceptándome, abrazándome y reconciliándome con todo aquello que forma parte de mí.

Esa es mi fórmula. Y cada uno debe buscar la suya propia para reencontrarse, para llenarse de vida y para escuchar la voz interior. Desde ahí podrá reconocer su propósito, su misión en este planeta, en este mundo, a cada instante. Para llegar a donde estoy, a aceptarme, he experimentado muchos episodios de conflicto con escenas cargadas de dramatismo, victimismo y pesadez, aunque en el fondo siempre supe que todo iba a salir bien. De hecho, todo siempre se resuelve si dejamos que las leyes universales fluyan con naturalidad.

La Ley de la Atracción, la Ley de los Opuestos, la Ley de la Compensación, la Ley del Karma —o ley de acción-reacción—, todas nos conducen hacia el equilibrio. Por ejemplo, como dicen en Oriente: «Quien llora mucho, también reirá mucho». Debemos aprender a ser conscientes de nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestros actos. Y aprendemos sobre la marcha. No disponemos de ningún manual. Elegimos vivir y experimentar la vida como el capitán que conduce su propio barco dirigiéndolo a través de la tormenta, timón en mano, sabiendo que tarde o temprano, pase lo que pase, llegará a buen puerto. Y ese puerto es la vida plena, la vida que merecemos, una vida de paz y de amor, de entrega y de servicio, de apoyo y de cooperación, la vida del ser humano completo.

El GPS humano dirige nuestras vidas y se adapta en cada momento a todo lo que tenga que llegar. Estas son mis palabras favoritas en estos momentos: «El GPS humano está recalculando». Estamos cambiando de ciclo y, por lo tanto, adaptando nuestras frecuencias a la nueva sintonía. Es como si hubiéramos pasado de un hotel de tres estrellas a otro de cinco sin movernos de donde nos encontramos. Sabemos que hay cambios que se sienten, que se palpan; y aunque realmente estamos viendo los mismos muebles y las mismas paredes, intuimos que algo ha cambiado. Ahora hay albornoces, zapatillas e incluso quizás una sauna en esta nueva dimensión. Algo ha mejorado en todo lo que nos rodea, en toda esta nueva frecuencia más sofisticada y bella. LA AUTOMAESTRÍA NOS AYUDA A VER CON OTROS OJOS TODO AQUELLO QUE NOS RODEA. Nos hace prestar más atención a lo sencillo, a las bellas expresiones de la Naturaleza. Pasamos más tiempo contemplando campos, valles, ríos y flores, disfrutando de un paseo o de la sonrisa de un niño. Empezamos a transformar nuestra vida ordinaria en una vida extraordinaria, con otro sentido más profundo. Ahora lavar los platos ya no es tan solo el aparatoso y mecánico acto de lavar los platos, sino que podemos sentir el flujo del agua entre nuestros dedos y calibrar el frescor de la humedad. Podemos diseñar cada momento desde otra perspectiva más auténtica y hermosa. Al cambiar de categoría, también hay nuevas leyes, nuevas normas, que te dicen: «Lo que necesites, pídelo». Ahora, pedimos y recibimos. Hemos pagado un precio mayor por esta nueva frecuencia, por este nuevo lugar, y nos corresponde, por la Ley de la Compensación, recibir lo que hemos pagado.

La Ley de la Compensación nos aporta lo que nos pertenece. Cuando hacemos planes mentales y tenemos una idea tan clara de lo que queremos, apuntamos a esa dirección sin apego al resultado, dejándonos fluir y sintiendo alegría y pa¬sión por esa meta, por ese objetivo. La mente puede tener mil ideas claras, y si nos rendimos a nuestro Ser para vivir una experiencia superior, las circunstancias siempre se ajustan para que se cumplan. La mente se puede rebelar, protestando por los cambios, pero debemos aprender a aceptar las nuevas circunstancias, diciéndonos: «Recalculando, recalculando, recalculando», y sabiendo que ese cambio inesperado se ha manifestado porque hay algo mejor que nos está esperando.

Relax. Es cuestión de relajarse. Cuando surge esa duda, esa confusión y ese conflicto interior, debemos calmarnos. Hemos de estar tranquilos. Ten en cuenta que no podemos ver las soluciones cuando nos encontramos en un estado de agitación, confusión o temor. Debemos mirar en nuestro interior y preguntarnos con paciencia cuál es la mejor solución. Es el momento de mantener la equidad ante todo reto. Solo desde el control de nuestras emociones, desde la serenidad y la calma, podemos elegir. Sentémonos, respiremos hondo y preguntémonos: «¿Qué es lo mejor?». Y desde ese estado de quietud es fácil encontrar la solución. Si no surgiera en ese mismo instante, nos levantaremos y nos distraeremos con cualquier otra cosa, y cuando menos lo esperemos, aparecerá la idea correcta, la luz apropiada y la respuesta precisa. De hecho, para cada problema que tengamos, hay un mínimo de diez soluciones. Solo debemos estar atentos y saber descifrar las señales, los avisos y los mensajes ocultos en cada realidad presente.

Atrévete a ser tu maestro