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Extracto de "Ama, come, vive, brilla"

Ama, come, vive, brilla"El mundo actual nos incita a comer cada vez más alimentos procesados, preparados y envasados. Eso no es comida, tampoco son alimentos; en muchos casos, tan solo se trata de productos alimenticios que nada tienen que ver con la nutrición que nuestro cuerpo necesita para vivir con salud.

Como consecuencia, sufrimos cada vez más alergias, intolerancias, desajustes y enfermedades. También tenemos poca energía, digestiones pesadas, mal descanso e incluso mal humor.

Y es que somos las primeras generaciones que nos estamos alimentando de productos industrializados, tratados químicamente, refinados y adulterados; es decir, somos las primeras generaciones que damos a nuestro cuerpo un alimento que este apenas reconoce como tal.

Estamos sobrealimentados. Ya no tenemos que buscar y ganarnos con esfuerzo físico la comida que comemos, sino todo lo contrario: tenemos demasiada oferta y demasiadas tentaciones a nuestro alrededor, consumimos muchísima más comida de la que en realidad necesitamos, y además, si esta comida no es natural y fisiológica, si está llena de azúcar, harinas refinadas y aditivos, genera excesos y residuos tóxicos en nuestros órganos y tejidos. Estos residuos se van acumulando y, más tarde o más temprano, pueden terminar causando alguna enfermedad.

Además, llevamos vidas estresantes. Nos pasamos largas horas en nuestro puesto de trabajo, frente al ordenador, encerrados entre cuatro paredes, y la inmensa mayoría vivimos en ciudades, rodeados de polución y asfalto. También estamos hiperestimulados. Los días no nos alcanzan para hacer todo aquello que tenemos que hacer, y nuestros deseos terminan aparcados en último término. Vivimos hacia fuera, atendiendo la demanda constante. Eso nos amarga y nos genera una presión continua.

Parece que se nos ha olvidado que somos seres vivos, que somos alma y no máquinas, y que todo lo que necesitamos es naturaleza, alimento de verdad, conexión, libertad, amor y muchos cariños hacia uno mismo para recuperar nuestro equilibrio. Para sentirse en paz, nuestro corazón precisa vivir en armonía y hacer aquellas cosas que nos llenan y nos dan felicidad. Necesitamos sentirnos realizados y disfrutar de nuestro tiempo libre sin tener que mirar constantemente el reloj.

Mi nombre es Elka Mocker y soy chef, profesora e impulsora de una alimentación y un estilo de vida saludables. Elaboro y creo recetas increíblemente sanas y fáciles que miman, cuidan y alimentan cada una de nuestras células; recetas sorprendentes, de esas que te abrazan, te sonríen y te invitan a detenerte, compartir y disfrutar.

A lo largo de las páginas del libro quiero compartir contigo mi pasión por una alimentación natural, de tendencia vegetal y, sobre todo, libre de productos altamente procesados. Una cocina limpia, honesta, respetuosa y que apuesta por el producto fresco, ecológico y de temporada.

Mi principal objetivo es que te enamores de una alimentación sencilla, sin etiquetas; una alimentación que es altamente antioxidante, antiinflamatoria, regeneradora y rejuvenecedora; una alimentación en la que incluso los postres, las tartas y los helados son tan irresistibles como saludables.

Todas mis recetas son sin gluten, lácteos ni azúcares ni harinas refinados, por lo que suelen ser aptas para personas con intolerancias o que estén en tratamiento de alguna enfermedad.

Si no sabes por dónde empezar o aún no estás convencido, hazlo por alguno de mis postres. Prometido: ya no habrá vuelta atrás."

Un poco de mí

Hace unos años, rondando los treinta, viví una fuerte crisis existencial que me llevó a romper con todo el camino rec-rrido hasta ese momento. Por aquel entonces, yo trabajaba como estilista de moda y publicidad.

Me sentía triste, enferma, perdida, insatisfecha, insegura y desconectada. Algo había estado haciendo mal, muy mal, durante toda mi vida. Decidí frenar para dedicarme a explorar. Empezaron años de búsqueda y experimentación, de ver documentales y devorar libros sobre salud y alimentación. Mi principal objetivo era hacer remitir una enfermedad que abarcaba muchos lugares de mi piel: la psoriasis.

Cuanto más profundizaba en cuestiones de nutrición, más me horrorizaba comprobar lo mal que había hecho las cosas, y eso que pensaba que mi alimentación era muy saludable. Desde hacía años, en mi despensa había leche y yogures des-natados, galletas integrales, cereales de desayuno y barritas energéticas, lonchas de pavo, queso untable light, vino y zumos envasados. Básicamente me alimentaba de ensaladas y por la tarde picaba algún dulce.

Yo solo deseaba recuperar como fuera el tiempo perdido, así que, influenciada por los estudios y las «verdades rotundas» que leía, por la rigidez que mostraban los terapeutas y médicos que me trataban, me convertí en mi propia juez. Ahora miro atrás y en esa época me veo explorando y avanzando pero infeliz. Sin embargo, mi piel, mi vista y mi energía mejoraban con cada ayuno, y, aunque tras el ayuno todo volvía al mismo lugar, esas mejoras despertaban en mí mucha curiosidad y ganas de seguir.

Luego llegó el yoga. Durante casi un año fui cada día a una escuela, donde muchas veces incluso tomaba tres clases diarias. Un día mi maestra me sugirió hacer un profesorado. Fueron meses de inmersión en un yoga muy meditativo. Esa práctica me ayudó a verme realmente por primera vez: desnuda, sin disfraz. Primero me revolvió hasta el punto de que empecé a borrarme uno de mis tatuajes; luego me ayudó a entenderme y a perdonarme por todos esos años que sentía haber vivido de forma tan perdida y descontrolada. Pero sobre todo me ayudó a confiar en mí, a conectar con mi corazón, mi verdad y mi visión de la realidad. Sentí que al fin me había reconciliado conmigo misma. En ese punto empecé a estar muchísimo mejor. Me sentía sin miedo y confiada, no tenía la necesidad de esconderme. Ya no me aterraba la opinión de los demás.

En aquel momento ya no consumía lácteos, ni gluten, ni harinas ni azúcares refinados, ni carne, ni pescado, ni huevos. Cocinaba todo en casa y comía sobre todo vegetales, frutas, germinados, algas, fermentos, cereales... Había estudiado y aprendido mucho de la macrobiótica, pero me molestaba su extrema moderación en el consumo de frutas y ensaladas, y también su rigidez y la esclavitud en la cocina. Luego descubrí el rawfood, que durante un tiempo me tuvo completamente inspirada y fascinada. Me había ido al otro extremo, aunque las preparaciones en la cocina eran igualmente esclavas. Noté un cambio espectacular en mi salud al incluir más hojas verdes, sobre todo crudas, zumos, batidos y germinados.

Ahora sí, estaba mejor que nunca. Las manchas de mi enfermedad se redujeron considerablemente, la piel de mi cara se iluminó, me sentía llena de energía, mi vista mejoró e incluso logré deshacerme de las lentillas, mis digestiones ya no eran pesadas y por fin iba al baño con regularidad. Ya no enfermaba, y si lo hacía no me duraba nada. Al poco de terminar el profesorado de yoga, me mudé, junto con mi pareja, a la isla de Menorca. Ya no quería despertar entre coches y edificios; necesitaba ver el cielo, bañarme en mar, sentir el aire fresco, pasear, descubrir nuevos paisajes, respirar. Y en ese cambio de aires, decidí comenzar con el blog. Necesitaba compartir todo lo aprendido y experimentado, mi nueva manera de ver el mundo, de entender la salud y la alimentación. Ya no podía quedármelo solo para mí: rugía fuerte en mi corazón. Y como en mi entorno cercano seguía siendo una incomprendida, pensé que quizás alguien en la red sí querría escucharme. Mi sorpresa fue ver cuánta gente estaba interesada. Mi blog empezó a crecer muy rápidamente. Y yo con él.

De esto hace ahora cuatro años. En estos años he continuado profundizando, he estudiado coaching nutricional y me he formado como plant based chef. Continúo con la práctica de yoga. Es mi momento de paz. Me enraíza, me hace sentirme fuerte, centrada, conectada y segura. Me invita a escucharme y respetarme por encima de todas las cosas. Todavía tengo unas pocas manchas de psoriasis en la piel, pero nada que ver con lo que tuve años atrás. En los últimos tiempos he experimentado varias remisiones espontáneas de mi enfermedad gracias a lo que yo llamo «momentos puntuales de iluminación», ya sea promovidos por ayunos, por tempo-radas muy meditativas o por momentos llenos de magia en los que me he sentido en total libertad. Estas experiencias me han hecho comprender que, aunque la alimentación es un pilar básico, no es el único. Por eso no me funcionaba años atrás comer de forma natural pero estricta. Porque uno de los ingredientes principales, si queremos tener éxito, es el amor. Tenemos que amar lo que hacemos y hacerlo con alegría; tenemos que tener flexibilidad mental y encontrar nuestra verdad. Tenemos que disfrutar, amarnos y aprender a jugar. Soltar. Sentirnos libres y aceptar la libertad de los demás.

Si algo he aprendido en mi camino es que con ganas, entusiasmo, confianza, foco e ilusión todos podemos reinventarnos, dar un giro a nuestra vida y a nuestra salud; para ello solo tenemos que estar alineados con lo que nos dice alto y claro nuestro corazón.

porridge antioxidantePORRIDGE ANTIOXIDANTE DE AVENA Y ARANDANOS

Los porridges son un desayuno muy reconfortante en los meses fríos, pero si no estamos acostumbrados a ellos pueden resultarnos algo pesados. Este no: el porridge que aquí presento sacia pero es ligero, pues no es excesivo ni está muy cocinado. No tiene nada de azúcar añadido, solo una pizca en la mermelada. Al llevar arándanos, es especialmente antioxidante y protector de los intestinos.

PREPARACIÓN

  1. Bate todo junto menos las dos cucharadas de arándanos y el sirope.
  2. Pon en una cazuela y calienta un poquito, sin dejar de remover, hasta que empiece a espesarse.
  3. Calienta los arándanos con el sirope para que hagan un poco de mermelada.
  4. Sirve el porridge con la mermelada por encima y, si quieres, un poco de leche de coco y unas semillas de cáñamo peladas para darle un plus de nutrición.

Cantidad: 1 persona

Preparación: 5 minutos

Cocción: 5 minutos

Utensilios: batidora

Conservación: 2 días en la nevera

INGREDIENTES

  • 300 mi de leche vegetal
  • 1 T de arándanos congelados
  • 1 plátano maduro
  • 1/2 T de copos de avena finos sin gluten
  • 1/2 vaina de vainilla
  • 2 C de arándanos congelados
  • 2 c de sirope de yacón, arce o coco

EXTRAS

  • semillas de cáñamo
  • leche de coco

La avena es un cereal fantástico para incluir en nuestra alimentación:

  • Sacia, proporciona energía y ayuda a regular el tránsito intestinal 
  • Contiene betaglucano de fibra prebiótica soluble, que se ha demostrado que mejora el crecimiento, la viabilidad y la colonización de probióticos. 
  • Tiene propiedades calmantes y relajantes
  • Es rica en vitamina E.

Ama, come, vive, brilla