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La Energía Sutil de los Alimentos

Escrito por: Suman Casini | Salute e Benessere

Proteínas, vitaminas, aminoácidos, minerales, grasas, azúcares, carbohidratos... La ciencia de la alimentación por un lado y la medicina por el otro nos han acostumbrado a una visión y a un conocimiento de los alimentos basada casi exclusivamente en la materia y en su descomposición en elementos, que al fin y al cabo nos reconducen siempre a ella, sin indagar ni contemplar otros tipos de energía más sutil presentes en la comida.

Y teniendo en cuenta que el conocimiento de la composición de la materia es el objetivo final que se quiere conquistar, la ciencia se pone unos límites que no permiten conseguir ni siquiera el objetivo prefijado.

Materia y energía son de hecho intercambiables, al ser estados de vibración diferentes y la línea que los separa realmente fina.

Al escoger los alimentos con los cuales nutrirnos no deberíamos prescindir de esta idea, usando alimentos que permitan vibrar a nuestro ser con frecuencias más sutiles y menos relacionadas con la animalidad.

Alimento animal: estaticidad

La última vez que comí carne tuve una experiencia como mínimo perturbadora. Estaba a punto de probar un trozo de carne bien cocinada, y nunca habría podido imaginar cuánto me habría cambiado la vida aquel momento, quedándome marcado en la memoria.

Con el primer bocado me abrumó una onda de energía anómala que me empujó a tirar con fuerza aquello que tenía en la mano y dejar de comer aquello que había cocinado con dedicación. Sentí que no era yo quien se comía el cerdo, sino que era el cerdo quien me comía a mí. La experiencia fue tan real que sentí un impacto fortísimo en mi mente. Obviamente, no era el cerdo en un sentido físico el que me devoraba, sino que era toda la esencia del animal que, a través de aquel bocado de carne, entraba a formar parte de mi energía física y psíquica.

Durante una parte de mi vida he sido carnívora, pero después de casi cuarenta años de vida vegetariana recuerdo aquel día como un momento fundamental de mi cambio. Nunca más fui capaz de comer carne, y la vía vegetariana se impuso con toda su fuerza y su significado, mostrando enseguida la importancia global del cambio.

Las tres fuerzas presentes en la comida

Ser vegetarianos de hecho está relacionado con muchos aspectos de la vivencia individual y social. De la antigua tradición del Yoga y de los Veda nos llega el conocimiento de la energía sutil de los alimentos en base a las tres fuerzas cósmicas que obran en la creación y califican todas las cosas, desde lo más basto a lo más sutil, incluidos los varios alimentos.

Sattva es la fuerza sintiente que crea equilibrio y armonía, Raja es la fuerza del cambio que crea inestabilidad e inquietud, Tama es la fuerza estática que genera inercia y crudeza.

Todos los alimentos se dividen por tanto en tres categorías dependiendo de qué relevancia de estas fuerzas hay dentro de ellos: sintientes, cambiantes y estáticos. Además de los varios elementos presentes en la comida, nutriéndonos asimilamos también estas energías que por tanto nos convierten en más o menos sintientes, estáticos o rajasicos, dependiendo de aquello que comamos.

Los alimentos sintientes o sattvicos son la fruta, los cereales, casi todas las verduras y los legumbres, las semillas y las nueces, la leche y sus derivados, las hierbas aromáticas y las especias en cantidades moderadas.

Los alimentos cambiantes o rajasici son todos aquellos alimentos excitantes como el café, el té, el chocolate, las bebidas con gas, las especias picantes en cantidad y algunos alimentos y bebidas fermentadas.

Los alimentos estáticos o tamasici que debemos eliminar son la carne, el pescado, los huevos, el ajo, la cebolla, las setas, la gelatina animal, las bebidas alcohólicas, el tabaco, las drogas y alimentos caducados.

La carne, incluso el pescado, los moluscos y los crustáceos, son los alimentos más brutos y estáticos por excelencia, ligados con la animalidad. Su impacto sobre la energía global del ser humano a nivel físico, psíquico y espiritual es muy fuerte, impidiendo su evolución y alimentando sus aspectos más brutos relacionados con los instintos animales. También los alimentos rajasici, creando mucho calor en el cuerpo, estimulan excesivamente la secreción de las glándulas y las hormonas inmersas en la sangre.

El cuerpo humano es una perfecta máquina biológica, y el complejo proceso de transformación y asimilación de los alimentos culmina con la producción de la linfa que nutre el sistema linfático, es decir, las glándulas y el cerebro. Un órgano cuyas funciones y potencialidades no son aun del todo conocidas por las neurociencias y la medicina.

Pero el cuerpo humano, cerebro incluso, es sobre todo el instrumento con el cual la mente interactúa con el mundo externo a través de los nervios correspondientes y eferentes, asumiendo sus funciones y explicando sus pulsiones. La mente es un poco como el ave Fénix, “que existe todos lo dicen, dónde está nadie lo sabe”.

Que la mente existe es de hecho un dato irrefutable, pero dónde se encuentra y cuál es su verdadera naturaleza y sustancia sigue siendo un misterio. Es un hecho que sin ella el cuerpo no puede funcionar y que son inseparables hasta la muerte. Pero identificar la mente con el cerebro es reducir dentro de los límites de la materia algo que no es material. Con la descripción de los chakras del Yoga nos llega también el conocimiento de la estructura sutil del ser humano y de los diferentes niveles mentales.

Chakras, energías y alimentos

Los siete chakras más conocidos están situados a lo largo de la espina dorsal y se corresponden con las principales glándulas y plexos de energía físico-psíquica y psico-espiritual. Controlando estas glándulas y sub-glándulas y su secreción de hormonas, estos chakras controlan como consecuencia los diferentes sistemas y aparatos del cuerpo y todas las tendencias psico-emotivas relacionadas con ellos. Un proceso que no tiene un sentido único, los estímulos externos e internos influyen continuamente de hecho sobre los chakras y sobre la secreción hormonal de las glándulas correspondientes, y en consecuencia sobre la mente.

Pero también la mente influye sobre los chakras y sobre las glándulas, en un continuo intercambio de estímulos interactivos que condicionan en un modo determinante la salud y el estado emotivo y mental. En los chakras se encuentran todas las tendencias mentales fundamentales del ser humano, y una excesiva o reducida estimulación de la secreción hormonal determina su expresión más o menos equilibrada.

La rabia, la irritabilidad, el miedo, el ansia, la desesperación, el odio, el egoísmo, el egocentrismo, la falta de confianza, el apego, la falta de esperanza, el encaprichamiento, la sensación de abatimiento, etc., nos reconducen a la funcionalidad de las glándulas y de los chakras.

La práctica constante de las posiciones de Yoga (asana) y de la meditación permite la purificación y el funcionamiento armónico de los chakras.

Pero la existencia humana tiene tres niveles: el físico, el psíquico y el espiritual. En los chakras inferiores se encuentras las tendencias mentales más brutas, relacionadas con la animalidad y con la materialidad, mientras que en los superiores se encuentran las tendencias psico-espirituales que expresan los aspectos más sutiles de la experiencia.

Para la evolución global del ser humano y para elevar la mente por encima de los niveles más bastos, es necesario y fundamental el control de las tendencias mentales más bajas. En este proceso el rol de los alimentos es determinante, solo una dieta vegetariana sintiente permite que consigamos controlar los aspectos más crudos del ser y de vibrar al unísono con el resto de la creación.

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