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El engaño de los suplementos

suplementos

Los suplementos alimenticios, además de presentarse en forma de pastillas o polvos, empiezan a ser frecuentes también añadidos a los alimentos, lo cual hace que el alimento se venda como “enriquecido” o “fortalecido”: bebidas con calcio, sal con sodio, zumos de fruta enriquecidos con vitaminas, leche enriquecida con vitamina D, harinas y productos de horno enriquecidos con fibras, etc. Todo nace de la convicción de que si un nutriente es bueno, por ejemplo las vitaminas, continúa desarrollando su función útil incluso cuando se extrae de un fruto o es sintetizado en un laboratorio y confeccionado en forma de pastilla o añadido a un alimento. En realidad, como leerás a continuación, faltan pruebas científicas que demuestren la veracidad de esta creencia, y cada vez son más los investigadores, médicos y nutricionistas que defienden que la mayor parte de los suplementos no solo no son mejores para la salud sino que además pueden ser dañinos.

Los suplementos no sustituyen a una alimentación completa y sana

Los suplementos son vistos como una solución para suplir las carencias nutritivas debidas a un estilo alimenticio poco sano y al consumo de productos empobrecidos por una cadena de producción cada vez más alejada de la naturaleza y de la consciencia. Para resolver el problema sería necesario corregir el estilo alimenticio orientándose hacia alimentos sanos, vegetales e integrales, procedentes de cultivos que no hayan usado sustancias químicas y que no hayan sufrido una elaboración que los haya privado de sustancias nutritivas, es decir, sin inútiles refinamientos y con aditivos químicos añadidos para su conservación, coloración, etc.

La industria de la alimentación en cambio, para aumentar sus beneficios, invita a los consumidores a tomar suplementos, que siguen siendo sustancias refinadas e incluso de síntesis química. Tomemos como ejemplo el ácido fólico, el cual es necesario para el cuerpo de cara al crecimiento celular. Más concretamente, su carencia durante el embarazo puede conllevar consecuencias como complicaciones, abortos y malformaciones en el bebé. Por este motivo, se aconseja a las mujeres embarazadas que tomen integradores de ácido fólico. Pero, como defiende la doctora Zschocke en su libro Darmbakterien (Las bacterias intestinales, editado en Alemania por Knaur), «un integrador de ácido fólico, muy común en la actualidad, conlleva por ejemplo que después del nacimiento los bebés, incluso meses más tarde, de pronto muestren lesiones intestinales y sangre en las heces.

Las mujeres que deseen tener un bebé deberían empezar con tiempo a nutrirse con alimentos sanos y biológicos, con productos a base de harina integral, fruta y verdura fresca y deberían evitar cualquier tipo de alimento sabroso pero nocivo, es decir, iniciar una nutrición completa del microbioma intestinal.

Las vitaminas naturales nunca funcionan como una única sustancia, sino como un grupo entero y también en los alimentos naturales se presentan siempre en grupo, relacionadas entre ellas e interaccionando como una comunidad. Con nuestros alimentos no asumimos solo sustancias separadas. Una manzana, una patata, un yogur o un huevo son siempre un orden preciso de relaciones y procesos creados por la naturaleza».

La misma doctora Zschocke subraya que «las vitaminas o las sustancias nutritivas añadidas de manera sintética en el intestino no tienen el mismo valor para las células que aquellas naturales y en vez de ayudar el microbioma lo sobrecargan».

Porqué una manzana es mucho mejor que un suplemento

Del mismo parecer es Colin Campbell, nutricionista americano autor del bestseller mundial The China Study (El Estudio de China, Editorial Sirio). En su libro Integral (Whole) (editado por Editorial Sirio) explica que «el proceso de la nutrición es profundamente holístico, ya que el modo en que el organismo utiliza un nutriente en particular depende de las otras sustancias que son ingeridas contemporáneamente. Si tomamos solo una pastilla de vitamina C, nos estamos perdiendo todo el grupo de “personajes secundarios” capaces de darle a esta sustancia la eficacia que le es propia».

Campbell hace referencia en particular a las investigaciones del doctor Rui Hai Liu en un estudio que realizó sobre la manzana, el cual puso en evidencia que 100 g de manzana fresca tiene una actividad antioxidante análoga a aquella de la vitamina C equivalente a 1500 mg de vitamina C (alrededor de tres veces más la cantidad de un suplemento normal de vitamina C). Sin embargo, cuando el equipo de investigación del profesor Liu analizó químicamente aquellos 100 g de manzana entera, descubrió que contenía solo 5,7 mg de vitamina C. Es decir, ¡la actividad análoga a aquella de la vitamina C que deriva de los 100 g de manzana entera era 263 veces más potente que la misma cantidad de la sustancia química aislada! La diferencia la hacen probablemente otras sustancias símiles a la vitamina C contenidas en la manzana, o bien la capacidad de la vitamina C de ser mucho más eficaz en el contexto de la manzana entera respecto a la forma aislada, o ambos factores a la vez.

¿Pueden los suplementos dañar la salud?

Aun en su libro Integral (Whole), Colin Campbell subraya como son cada vez más los estudios que evidencian como los suplementos alimenticios aislados no solo no producen el resultado esperado sino que a menudo constituyen un peligro para la salud. Por ejemplo, una reciente revisión de aproximadamente 70 estudios clínicos aleatorizados realizados en casi 300.000 sujetos ha concluido que la asunción de suplementos de vitamina E (así como de vitamina A y de beta caroteno) se asociaba a una mayor mortalidad (Bjelakowic G., Nikolova D., Gluud L.L. et al., Antioxidant supplements for prevention of mortality in healthy participants and patients with various diseases, «Cochrane Database of Systematic Reviews», vol. 3, 14 marzo 2012, CD007176. DOI:10).

Para concluir, Campbell no niega que para algunas personas en particulares condiciones pueda ser útil tomar suplementos, sobre todo cuando su composición se acerca a aquella de las plantas en su estado natural, como es el caso de algunos compuestos a base de hierbas secas. Pero no es correcto afirmar o insinuar que los suplementos son la mejor opción para la salud, ya que el consumo regular de productos de origen vegetal produce mejores efectos, con riesgos y costes menores.

Procesos kafkianos

Si bien es cierto que los procesos en el mundo físico y en la naturaleza se dirigen siempre hacia un ahorro energético, la industria de los suplementos queda completamente lejos de esta lógica. ¿Qué sentido tiene refinar la harina para después integrar el salvado a los productos de horno creados con ella? Se gastan recursos y energía para quitar el salvado del producto para después volverlo a inserir en un segundo momento con un ulterior dispendio de energías. ¿No tendría más sentido consumir directamente el producto integral?

¿Qué sentido tiene consumir zumos industriales enriquecidos artificialmente con las vitaminas que se han perdido durante la elaboración? Se pierde energía en la elaboración y sucesivamente en la integración de aquello que se ha perdido en ella.

Desde el punto de vista de una lógica natural, estos procesos nos resultan absurdos, fuera del sentido común.

Fragmento del libro Integral

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