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Coco: las propiedades de pulpa, leche y aceite

Escrito por Giuliana Lomazzi

coco

Para los malasios, el coco es el “árbol multiusos”, para los filipinos “el árbol de la vida”. Su fruto es alimento y medicina, bebida y aceite; las hojas pueden utilizarse para hacer cestas o cubrir tejados, o bien para envolver el arroz cocido y conservarlo; el tronco es utilizado como material de construcción y, una vez excavado, se trasforma en diferentes objetos, desde canoas hasta tambores; las cáscaras sirven para hacer botones y cuencos que, oportunamente decorados, acogen las ofrendas para las divinidades.

La linfa obtenida del tallo de las flores se utiliza para producir – a través de la cocción - un óptimo azúcar; si se hace fermentar –cosa muy rápida con el calor tropical – se pueden extraer un vino y un vinagre.

Pero en este caso lo que nos interesa es el coco como fruta (que, botánicamente hablando, es una grande semilla, ¡la más grande del mundo!), de la cual se extraen productos sabrosos, versátiles y saludables:

  • pulpa de coco, para consumir tanto fresca como seca;
  • leche y nata de coco, derivados de la pulpa;
  • agua de coco, que es el líquido que se encuentra en el interior del fruto;
  • aceite de coco, una grasa de alta calidad que se obtiene a partir de la pulpa.

Todos estos alimentos, que ahora examinaremos detalladamente, comparten a grandes líneas las mismas propiedades.

La pulpa del coco

Todos conocemos la blanca, crujiente y dulce pulpa del coco, pero no todos saben que en el fruto joven ésta es en cambio muy suave y casi gelatinosa, ¡y se puede degustar con una cuchara! Exquisita al natural o en las macedonias, la pulpa se puede encontrar tanto en estado fresco como seco – rallada o en forma de harina.

En la forma seca, el coco es increíblemente versátil. El coco rallado se presta a la preparación de deliciosos postres, y también puede ser rociado sobre smoothies y zumos. La harina de coco puede ser añadida a la masa de los pasteles en una medida del 25%, teniendo en cuenta que absorbe más agua respecto a una harina normal. Además, al no contener gluten, no contiene fitatos y por tanto no existe el riesgo de desmineralización.

La pulpa del coco es particularmente rica en fibra, cuyos beneficios son muchísimos: reduce el colesterol y la glicemia (previniendo así enfermedades cardiovasculares y diabetes); además, nutre la flora bacteriana buena y, a puesto que facilita el tránsito intestinal, mantiene el intestino en buenas condiciones.

El coco ayuda incluso a mantener los dientes limpios: no es casualidad que en algunas zonas del Brasil, entre sus habituales consumidores, se encuentre una reducida incidencia de decaimiento dental y enfermedades gingivales respecto a otras áreas del país. El fruto entero es alcalinizante.

La leche y la nata de coco

La leche es un líquido lacticinoso, similar por el aspecto a la leche de vaca. Tiene un sabor dulce y agradable que casa con platos tanto dulces como salados. A menudo se utiliza en el curry indiano y en varias especialidades del Sudeste asiático, de los cuales atenúa el sabor picante. Se puede obtener fácilmente en casa rallando la pulpa y diluyéndola en agua. Contiene aproximadamente el 17% de las grasas.

La nata se prepara con el mismo método, pero usando menos agua, de modo que queda más densa. Puede utilizarse para elaborar tanto platos dulces como salados.

Las propiedades del aceite de coco

Extraído de la pulpa, el aceite de coco es blanquecino y sólido por debajo de los 22-25°C. De hecho, es una grasa saturada. Pero esto no debe en ningún caso asustarnos, puesto que los que prevalecen son los ácidos grasos de cadena media (MCFA), presentes también en la leche materna – ¡lo cual prueba que no son nocivos!

Entre ellos encontramos los ácidos láurico y caprílico. El primero es un válido antiséptico, aumenta el colesterol bueno y reduce la inflamación asociada con el acne; el segundo es antimicrobiano. Anticancerígeno y antiinflamatorio, el aceite de coco estimula las defensas inmunitarias. Además, ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares, hepáticas y renales, la diabetes y el síndrome del intestino irritable.

Es además un acérrimo enemigo de muchísimos agentes patógenos – bacterias, virus, hongos y protozoos. En cambio, no actúa contra las bacterias buenas del intestino, ayudando de este modo a mantener equilibrada la flora bacteriana. Además, el aceite de coco se usa muchísimo en cosmética por sus propiedades suavizantes y rehidratantes para la piel y el cabello.

El aceite de coco se usa también para cocinar, ya que es apto para realizar todo tipo de preparaciones, gracias a su resistencia a la cocción con altas temperaturas y a su sabor agradable. Puede ser utilizado para freír, añadiéndolo a los alimentos al último momento o usado para hacer postres. Lo importante es dar la preferencia a la grasa de coco virgen, cuya elaboración permite una óptima conservación de sus propiedades; y obviamente es mejor escogerlo de producción biológica.

El agua de coco

A veces se le confunde con la leche, con la cual no tiene nada que ver. De hecho el agua es el líquido transparente que se encuentra en el interior del coco, en mayor cantidad si el fruto es joven (es decir, menos maduro).

Excepcional isotónico natural, con una composición del todo comparable a la del plasma sanguíneo, esta bebida es hipocalórica, calma la sed, es refrescante, hidratante antimicrobiana y depurativa. Contiene pocos azúcares, pero en compensación ofrece varias vitaminas, sobre todo del grupo B, y especialmente minerales. Entre ellos destacan el potasio, útil contra la retención de líquidos, el magnesio, que actúa sobre las funciones musculares y es un calmante cerebral (también de cara al hambre de tipo nervioso); además de calcio y hierro.

Todo ello hace del agua de coco una bebida óptima, especialmente durante el verano y sobre todo para los deportistas. Pero, teniendo en cuenta su valor, ¡no vale la pena dejársela solo a ellos! Según un estudio del 2014, en el agua de coco hay una sustancia con propiedades antitumorales. El agua puede ser utilizada también para cocinar: en las Filipinas, por ejemplo, se utiliza en la base de la nata de coco, una gelatina.

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