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Cerezas: buenas, bonitas y con muchas propiedades

Escrito por Giuliana Lomazzi 

cerezas

Es difícil resistirse a las cerezas, ya se sabe, “cerezas y mentiras, unas de otras tiran”. Y ahora que empezamos a avanzar hacia el verano, es el momento ideal para conocer mejor estas fantásticas frutas.

Guindas y cerezas

Aparecen hacia finales del mes de mayo y las podemos encontrar hasta julio en las fruterías, redondas y sabrosas.

Existen dos tipos principales de cerezas: guindas y cerezas. Aunque las dos son rojizas, podemos encontrar algunas diferencias. Las primeras son el fruto del árbol Prunus cerasus, de un sabor más ácido, cuyo origen se encuentra en las costas turcas.

Las segundas en cambio son el fruto del árbol Prunus avium, de sabor dulce. En España existen muchas variedades autóctonas, como la Cereza del Jerte (Cáceres), y la Celeste (Navarra). También existen cerezas de otros colores, aunque son menos conocidas: como la Blanca de Provenza, de un color amarillento, la Corazón de Paloma, entre el amarillo y el rojo, y las Acerolas, rojas por fuera y amarillas por dentro.

La mayoría de las variedades se consumen crudas, al natural; otras son indicadas para ser confitadas, para hacer mermeladas o para añadir a las tartas.

Las cerezas: frutas versátiles

Como ya sabemos, son buenísimas comidas una detrás de la otra... pero también añadidas a macedonias, al yogurt, a un helado o a un pudding.

Son exquisitas en las magdalenas, en el strudel, bañadas en chocolate y rociadas con nata o coco sobre las tartas.

Aquellos que tengan un extractor pueden prepararse un exquisito zumo, rico en principios beneficiosos. Pero, ¿por qué no probar también las cerezas en platos salados? Por ejemplo en un plato de arroz, en una ensalada de verano, con verduras a la brasa o en una tierna ensalada. En Alemania son las protagonistas de una característica sopa dulce, con vino tinto aromatizado a la canela y clavos de olor. Pero considerando todas las maravillosas propiedades de las cerezas, vale la pena consumirlas sobre todo crudas – también porque el precio no es precisamente bajo, ¡y no todos tienen la suerte de tener un cerezo en casa!

Las propiedades de las cerezas

Su color rojo lo dice claramente: las cerezas son riquísimas en antioxidantes. De hecho contienen antitoxinas, que combaten los radicales libres y el envejecimiento precoz. Y no solo eso: desinflaman las articulaciones, ayudando a mantener bajo control los dolores artríticos, e intervienen también sobre los dolores musculares (óptimas pues para los deportistas, al ser también frutos energéticos). Poseen además vitaminas (A, C y del grupo B) y minerales (potasio, zinc, cobre, azufre, magnesio), y son enemigas de bacterias e infecciones.

Refuerzan el sistema inmunitario, son desintoxicantes y depurativas, además facilitan la diuresis, son laxantes y combaten las fermentaciones intestinales.

Ricas en fibras, sobre todo en pectina, contribuyen a prevenir las enfermedades cardiovasculares y ayudan a mantener el peso bajo control, pues favorecen la sensación de saciedad. Son interesantes también desde un punto de vista psicológico. Las cerezas son capaces de regular el humor, facilitar un sueño sereno (contienen melatonina), y ayudan a controlar los niveles de estrés. Todos estos motivos no deben llevarnos a hacer un uso desmesurado, si no podríamos correr el riesgo de sufrir diarrea o dolor de estómago. Las personas que sufren diabetes tampoco deben exagerar: aunque las cerezas no están prohibidas, no tienen un índice glicémico precisamente bajo.

Sin desperdicios

Las cerezas son amigas de la piel: las frutas abolladas pueden ser aplicadas sobre la piel del rostro y sobre las manos; de hecho revitalizan y rejuvenecen los tejidos.

Tampoco hay motivos para tirar los rabitos, que se utilizan en las herboristerías por su capacidad de combatir la retención hídrica. Su cocción tibia, utilizada para limpiezas locales, es ideal para combatir la celulitis y la fragilidad capilar.

En cuanto a los huesos, estos se podrán secar al sol y, cuando sean muchos, se podrán poner dentro de pequeños cojines que, una vez calentados, emitirán un calor seco que atenuará los dolores reumáticos.

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