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Alcachofas

Sus propiedades y algunas recetas para nuestra salud

Escrito por Giuliana Lomazzi

alcachofas

Estamos en plena estación de las alcachofas, y vale verdaderamente la pena aprovecharlo porqué estas bellas flores inmaduras (sí, son precisamente éstas las que se comen, y se llaman capítulos floreales) son sabrosas, versátiles y útiles para nuestro bienestar. Las inflorescencias de las alcachofas están compuestas por muchas hojas (brácteas) que se van volviendo cada vez más tiernas a medida que se va penetrando hacia el sabroso corazón, particularmente bueno si en su interior no se ha formado aun la punzante barba, señal de envejecimiento de la hortaliza. Para ser precisos, las verdaderas hojas son aquellas que crecen sobre el tallo; junto al rizoma, se utilizan en fitoterapia para combatir varios problemas de salud, ya que protegen de afecciones tanto hepáticas como digestivas, de intoxicaciones, anemia y de la gota.

Bien lo sabían los antiguos: de hecho los egipcios ponían las alcachofas en el botiquín y en la cocina. Es precisamente este último uso el que más nos interesa.

¿Crudas o cocidas? Desde la compra hasta la mesa

España es uno de los mayores productores de alcachofas, vale la pena descubrir las diferentes variedades que nos ofrece, ya que son realmente numerosas.

A grandes rasgos, podemos distinguir dos tipos: con espinas o sin. En el momento de la compra, debemos escoger inflorescencias bien cerradas, índice de un mayor frescor. Normalmente las hojas externas se tiran, pero es un desperdicio: la parte clara de la base es sabrosa y crujiente, ¡por lo que se puede comer a mordiscos con mucho gusto! También los tallos se pueden utilizar, aunque mejor cocidos: basta eliminar la parte externa, dura y fibrosa.

Las alcachofas crudas son más digeribles y son exquisitas cortadas finamente en las ensaladas, pero vale la pena también cocinarlas porqué son increíblemente versátiles. Son buenas al vapor, aliñadas simplemente con ajo troceado, limón, aceite y perejil, o al natural, solas o en ensaladas. Proporcionan mucho sabor al risotto, a las tortillas de harina de garbanzos y a las tortas saladas. Muy sabrosas también rellenas y horneadas o estofadas, y son particularmente gustosas con aroma de menta, como les encantaba hacer a los romanos. Ligan a la perfección con las semillas oleaginosas, que atenúan su sabor amargo.

A continuación encontraréis un ejemplo de receta con almendras. Para un mejor resultado se deberán usar solo los corazones, descartando sin piedad. Pero las hojas que sobren se pueden hervir y pasar por el pasapurés: se obtendrá una mezcla suave y sabrosa que se podrá añadir a la crema que sigue o bien a una sopa.

Receta: crema de alcachofas

  • 6 alcachofas
  • 1 diente de ajo
  • 1 limón 
  • 1 cucharadita de hierbas de la Provenza
  • caldo vegetal
  • 2 cucharaditas de levadura alimentaria
  • 2-3 cucharadas de crema de almendras no dulcificada
  • 2-3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • sal marina integral

Cómo preparar la crema en 5 simples pasos

  1. Lava bien las alcachofas y acláralas en agua acidificada con el zumo de ½ limón.
  2. Cuécelas en una cacerola con el ajo troceado y las hierbas, ayudándote con un poco de caldo, hasta que queden blandas.
  3. Ponlas en la batidora con el zumo de limón que quede y parte de la piel rallada, la levadura, la crema de almendras, el aceite y la sal.
  4. Bátelas hasta que quede homogéneo, ayudándote con un poco de caldo.
  5. Deja reposar la crema durante una horita fuera de la nevera y sírvela a temperatura ambiente con rebanadas de pan crujiente que podrás untar con la misma.

Propiedades: los beneficios para nuestra salud

Aunque no tengan las notables propiedades terapéuticas de los rizomas y de las hojas (las de verdad, ¡no las brácteas!), nuestras flores siguen siendo útiles aliadas de la salud. ¿Habéis encontrados algunas muy amargas? Significa que contienen más cinarina, una sustancia protectora del hígado y enemiga del colesterol.

Pero este no es el único punto fuerte de las alcachofas, también destacan por ser ricas en fibras: por eso son utilísimas para el intestino, ya que lo mantienen en buena salud favoreciendo su regularidad; además, ayudan a mantener baja la glicemia y el colesterol malo y favorecen la digestión. Protectoras del hígado, las alcachofas son además desintoxicantes, diuréticas, energéticas y estimulantes. En cuanto a los minerales son particularmente ricas: contienen hierro, magnesio, calcio y potasio. Y no faltan tampoco las vitaminas (A, C, y algunas del grupo B).

No se aconseja su consumo a las mujeres durante la lactancia, ya que reducen la producción de leche, tampoco a los niños pequeños, a causa a su elevado contenido en fibras.