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9 consejos para escoger nuestro animal de compañía

Escrito por Cinzia Ciarmatori

mujer con su perro

Escoger nuestro animal de compañía no es una elección que debemos tomar a la ligera. El animal estará con nosotros durante años, lo cual hace necesario que nos interroguemos alrededor de los motivos por los que decidimos "convivir" con un animal doméstico y pensemos cuál será el más adecuado para nosotros.

¿Qué especie congenia más con nosotros? ¿Ésta misma especie congenia de igual modo con todos los componentes de la casa?

Las preguntas que podemos hacernos de cara a hacer una buena elección son muchas, afortunadamente, la veterinaria Cinzia Ciarmatori nos ofrece 9 valiosos y fundamentales consejos que debemos tener en cuenta de cara a la elección de nuestro animal doméstico.

1. ¿Por qué?

Primera y fundamental pregunta: ¿por qué sentimos la necesidad de adoptar un animal? Parece no tener demasiada importancia, pero a lo largo de mi experiencia como doctora veterinaria me he encontrado a menudo con dolorosas situaciones en las que, debido a que esta reflexión preliminar se ignoró completamente, las familias sufren y los animales pagan consecuencias muy graves.

De hecho sucede muy a menudo que al asistir a una fiesta de pueblo, al entrar en una tienda de animales o al pasear por un mercado local, sobre todo yendo con niños, se despierte la instantánea e incauta decisión de llevar ese cachorrito suave de mirada tierna, o aquella tortuguita con su tanque y la palmera de plástico a casa, porqué total, puesta sobre la mesa del salón ¿a quién le molesta?

No menospreciemos la importancia de preguntarnos bajo qué impulso estamos tomando la decisión de adoptar un individuo de una especie diferente a la nuestra, porqué aquello que nos empuja es aquello que marcará la diferencia entre una adopción consciente, una experiencia enriquecedora, y un desastre anunciado y frustrante.

2. La familia

Si nos hemos interrogado a nosotros mismos con honestidad y hemos descubierto las emociones que se esconden detrás del deseo de vivir con un animal, empezaremos a estar preparados para preguntarnos qué especie puede ser la más adecuada para nosotros. Pero si no vivimos solos y tenemos una familia, debemos hacer otras consideraciones: ¿las personas con las que vivimos comparten con nosotros nuestro deseo? ¿Nuestra decisión es únicamente personal o corresponde a la necesidad de todos?

Adoptar un animal, sea de la especie que sea, significa añadir a todos los efectos un nuevo individuo en un grupo familiar y, a pesar de los buenos propósitos de ocuparse en modo exclusivo del recién llegado, si no hay armonía y acuerdo inevitablemente se crearán tensiones, la frustración crecerá con el tiempo, y el primero a pagar el pato será precisamente el animal.

Se trata, siempre y en todo caso, de individuos capaces de leer y percibir las emociones, y aquellas negativas influyen de forma incluso grave en el estado de salud psico-físico tanto de los animales humanos como de aquellos no humanos, no podemos ignorarlo.

Tomarse el tiempo necesario durante esta fase y respetar las elecciones y las consideraciones de las personas con las que vivimos es una experiencia importante, el amor por los animales no puede transformarse en un motivo para no respetar a las personas con las que vivimos.

3. Niños

De acuerdo. Ahora ya sabemos por qué deseamos tener un animal en nuestra vida y sabemos también que nuestra familia acepta y apoya nuestra elección.

Hagamos un paso más: ¿hay niños en nuestra familia? Y si los hay, ¿cómo son? Debemos construir la relación animal/niño, ya que no tiene porqué formarse por sí sola, y exceptuando poquísimas situaciones que no constituyen la regla, será siempre necesaria la vigilancia cercana de un adulto. Como doctora veterinaria no estoy de acuerdo con la idea de adoptar un animal para los niños, en ningún caso. La familia debe adoptar el animal si, y solo si, cree que los niños serán capaces de respetar el animal como individuo, y no como un objeto.

Y, en cualquier caso, no aconsejo nunca adoptar un animal presa, como los pequeños mamíferos herbívoros, los conejos por ejemplo, porqué sienten terror al ser cogidos, estirados o perseguidos, se asustan si oyen gritos y, sobretodo, porqué a menudo llegan a los ambulatorios y clínicas con fracturas y lesiones o cosas peores, después de haberse caído de los brazos de un niño que los llevaba como si fueran un peluche. Proteger a los animales de los niños es un gran acto de amor. Para ambos.

4. Posibles alergias

A propósito de niños y de convivencia, no menospreciemos las alergias que, desafortunadamente están en grandísimo aumento. Valoremos con precaución estos aspectos antes de escoger qué animal adoptamos, la convivencia debe ser un placer.

5. Estilo de vida

Ya casi estamos, hemos analizado la cuestión inicial, lo hemos hecho con toda nuestra familia y ahora nos conocemos mejor a nosotros mismos y a los otros. Deberíamos haber entendido que no queremos un animal porqué sea moda, porqué todos nuestros amigos lo tienen, porqué en una película que nos ha hecho llorar o reír sale un animal fantástico, y exhibiendo uno de la misma especie o raza creemos poder mejorar la impresión que hacemos a los otros e incrementar nuestra popularidad. ¡Y tampoco porqué los selfies con animales reciben más likes! Deberíamos haber entendido que la elección que estamos por hacer condicionará nuestra vida, la de nuestra familia y, sobre todo, la vida de otro individuo sobre el que recae aquella elección, y depende de nosotros y solo de nosotros hacer que ésta se convierta en una experiencia maravillosa para todos.

Y para que esto suceda debemos analizar nuestras costumbres, nuestro estilo de vida, nuestras necesidades, y entender a qué estamos dispuestos a renunciar y a qué no, qué podemos cambiar: acoger un animal es, inevitablemente, el inicio de una transformación, y debemos saber si estamos preparados para ello.

Nuestros horarios de trabajo, las elecciones que hacemos para las vacaciones, nuestros ritmos, se convertirán también en aquellos de nuestros nuevos huéspedes, y debemos tener en cuenta si las exigencias etológicas del animal que deseamos son compatibles y, en el caso que no lo sean, hasta qué punto estamos dispuestos o somos capaces de cambiarlos.

6. Nuestros recursos

¿Qué recursos tenemos a disposición en términos de tiempo, lo cual es fundamental, pero también en términos económicos? No nos escondamos detrás de una falsa hipocresía, mantener un animal en buenas condiciones de salud y bienestar tiene un coste, no solo por los gastos veterinarios, que sin duda en algunos países pueden incidir mucho sobre el presupuesto de una familia, sino también por la gestión ordinaria: alimentación, accesorios, calefacción e instrumentos necesarios para terrarios y acuarios plantados aptos para hospedar réptiles y anfibios (y las tortuguitas de las cuales hablábamos antes, aquellas con el tanque con la palmera de plástico, en realidad son réptiles acuáticos que pueden llegar a necesitar, para su bienestar, acuarios plantados de dimensiones enormes). Si el animal con el que vivimos y con el cual nos relacionamos necesita nuestra atención y necesita compartir tiempo con nosotros debemos garantizárselo, si necesita cuidados debemos garantizárselos, de no ser así entraremos de forma inevitable en una espiral de frustración y de crisis que es aconsejable evitar.

Lo que aconsejo a menudo a aquellos que viven con un animal es no menospreciar la importancia de la prevención: llevar a un animal al veterinario para hacerse una revisión cuesta mucho menos, tanto en términos económicos como en términos emocionales, que esperar a que muestre problemas de salud ya agravados por intervenciones hechas por ti, improvisando o siguiendo el consejo de algún pseudo-experto. Curar una enfermedad en su inicio, o prevenirla todas las veces que sea posible siguiendo los consejos de nuestro veterinario de confianza, cuesta efectivamente mucho menos desde todos los puntos de vista.

7. La elección del veterinario

Y ya que estamos hablando de médicos veterinarios, el periodo que precede a la elección de adoptar un animal representa el mejor momento para conocer a uno o para profundizar la relación con aquel que ya consideramos de nuestra confianza.

Yo misma, y creo que puedo hablar en nombre de muchísimos colegas, ofrezco con mucho placer consultas pre-adopción, porqué mostrar las propias dudas, hacer preguntas, pedir consejos y tener curiosidad, sobre todo si se trata de especies exóticas o “no convencionales” y antes de escoger un animal, es una grande demostración de responsabilidad y de respeto. Y yo les soy muy grata a las personas responsables y respetuosas, porqué son aquellas que comprenden mejor el valor y la suerte de relacionarse con un animal.

8. El espacio

No olvidemos valorar cuánto espacio podemos poner a disposición (por ejemplo, no podemos pensar que para tener un perro basta con tener un trozo de jardín, porqué los perros son animales sociales y necesitan compartir espacio y tiempo con su familia), no olvidemos tampoco la importancia del clima en el que vivimos en el caso en que estemos pensando en acoger un animal tropical. Si han crecido en climas muy diferentes al nuestro no debemos creer a aquellos que dicen que no pasa nada, que antes o después se acostumbrarán, porqué no es así, al contrario, pueden enfermar y morir. ¡No adoptes tortugas o erizos africanos si no puedes garantizarles un invierno con temperaturas “africanas”!

9. La alimentación

Un aspecto que no tenía en cuenta hace algunos años y del que ahora en cambio hablo a menudo es el impacto de la alimentación de los animales con los que vivimos sobre los recursos del planeta. No nos centremos en nuestra situación específica, tengamos en cuenta los datos: hay sesenta millones de animales en todo el país, de los cuales aproximadamente catorce millones son perros y gatos, es decir, animales carnívoros. Debemos pensar en ello y entender que, aunque seamos vegetarianos o veganos, si adoptamos un perro, un gato o un hurón tendremos que hacernos importantes preguntas a nivel ético que nos pondrán a prueba.

Hacer una elección para nosotros mismos es una cosa, pero imponer nuestras elecciones a nuestros animales, es otra cosa completamente diferente, debemos estar preparados para hablar sobre ello, y debatir sobre estos temas para nada insignificantes.

Ya lo tenemos. Estamos preparados, tenemos los conocimientos necesarios, un médico veterinario aliado, hemos preparado anticipadamente todo aquello que necesitamos para acoger un animal en casa con el cual hemos visto que podemos compartir nuestro tiempo y espacio.

Sin darnos cuenta ya hemos empezado un viaje en nuestro interior, hemos entendido mejor quiénes somos, qué queremos, a qué estamos dispuestos a renunciar y a qué no.

Probablemente hemos conocido personas nuevas durante este proceso, nos hemos cuestionado temas difíciles, analizando diferentes puntos de vista.

Sin saberlo, nuestro viaje con un animal al lado ha empezado aun antes de que llegara a casa, ya ha empezado a enseñarnos qué es el respeto, cómo es el mundo visto desde otra perspectiva... ¡y qué es el amor incondicional!

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