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10 consejos para vivir «green» con los animales

Escrito por Cinzia Ciamatori

mascota

Aquí tenemos algunos consejos para vivir «green» con los animales.

1. Adopción consciente

Podría parecer trivial, o incluso obvio, sin embargo mi experiencia como veterinario que a diario se ocupa de la tutela y del cuidado de especies exóticas y no convencionales (¡incluidos perros y gatos!), me lleva a que mi primer y principal consejo sea: ¡adoptemos de manera consciente!

Acoger a un animal en casa es una elección, no una obligación, y las elecciones comportan responsabilidad. Sobre todo porque cuando un animal entra en casa empieza a formar parte de la familia, se crean lazos. ¡Y los lazos y las relaciones nos cambian inevitablemente! ¿Estamos preparados para transformar algo de nosotros y de nuestra vida? Nuestra cotidianidad, nuestro modo de vivir, ¿pueden integrar las necesidades de un individuo ajeno a nosotros mismos y con otras exigencias? ¿Somos capaces de respetar las necesidades etológicas de la especie que nos gustaría acoger?

Pongo solo unos pocos ejemplos: un conejo es un animal social, como los perros, y pensar en adoptar uno si van a estar solos en casa ocho horas al día no es en absoluto una buena idea… Los papagayos se pasan volando la mayor parte del tiempo cuando están en la naturaleza, viven en grupos numerosos y se comunican mediante gritos muy agudos. ¿Podemos dedicarnos a ellos respetando la naturaleza?

2. No poseer. Pero estar con…

Vale, hemos elegido conscientemente y estamos preparados para cambiar (¡a mejor!) nuestra vida. Entonces, ¿por qué no empezar a mirar alrededor, a liberarnos de lo superfluo, meter en una mochila lo necesario y salir con el perro que vive con nosotros? No cedamos a la tentación de encerrar a un animal en nuestras reglas, en nuestros hábitos (demasiado a menudo insanos), a nuestros ambientes iluminados artificialmente donde el aire es acondicionado. Permitámonos el lujo de dejarnos enseñar…

Cuando cojo el arnés de Scyma, la mestiza que vive conmigo, sus ojos se iluminan de manera contagiosa, y no he acabado la idea de salir y ella ya está en la puerta, con la cola a mil por hora y el entusiasmo y la impaciencia típicas de las cosas bonitas. Y simples. Entonces, un paseo por el campo, por el bosque, en un parque urbano, o simplemente al aire libre que no nos podemos permitir siempre porque tenemos muchas cosas que hacer, se convierte en un don compartido y en una ocasión que, solos, nos la hubiéramos perdido…

3. Alimentación

La alimentación, de un acto puramente mecánico a una fuente de cuidados. No solo en el sentido instintivo del término; es decir, como atención hacia los animales, sino que también como cuidado en un sentido terapéutico. Porque nadie puede refutar el famoso aforismo de Hipócrates que literalmente dice lo siguiente: «que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina».

¿Y por qué debería valer para nosotros y no para nuestros animales? ¿Por qué no deberíamos empezar a hacernos preguntas sobre la comida que les estamos dando a nuestros compañeros de dos o cuatro patas, con o sin alas, que andan, vuelan o se arrastran? Preparar las raciones cotidianas no es tiempo perdido, sino tiempo dedicado y creo que es una buena ocasión para reflexionar sobre el hecho de que vale también para nosotros y para nuestra familia, sea cual sea.

4. Crianza intensiva. Una reflexión

Al continuar hablando de comida y alimentación, no podemos cerrar los ojos frente al hecho de que alimentar a los animales, en particular a los carnívoros, significa sacrificar a otros animales. Y a mayor demanda, menos nos preguntamos y más incrementamos también inconscientemente la dramática realidad de los animales criados en granjas intensivas. Os invito a todos a verlas con vuestros propios ojos al menos una vez en la vida. Alimentar millones de perros y gatos (solo los que viven en Italia) significa destinar recursos del planeta entero para la alimentación de los animales herbívoros criados para convertirlos en comida.

Son cuestiones sobre las que se empieza a debatir actualmente de manera muy seria y que involucran el delicado tema de la alimentación humana. Y creo que es importante que cada uno de nosotros reflexione. Quizá para llegar a conclusiones diversas, pero sin subestimar o esconder un problema real y que nos concierne a todos. También eso es cuidar.

5. Veterinario

Si hablamos de cuidados no podemos dejar inconcluso el ámbito terapéutico verdadero. La elección de un veterinario tampoco se puede dejar al azar, ni se puede basar solo en factores como la cercanía al domicilio, (es obvio que el transporte de algunos animales puede ser por numerosos motivos difícil o dañino, pero no estoy hablando de casos particulares o de urgencias…) o el precio de los servicios por separado. ¿Elegiríais a vuestro médico o al médico de la persona a quien amáis con base en cálculos kilométricos o económicos? La relación con el médico debe ser necesariamente una alianza terapéutica, se debe crear una relación de confianza, no ciega, pero sí consciente. Les digo siempre a las personas que viven con mis pacientes que ellos son mis ojos y mis oídos; sus sensaciones, observaciones y sus reflexiones son fundamentales para mí, y que haya respeto, colaboración, preparación y competencia también es fundamental para poder cuidar de manera total y eficaz.

Y si hablamos de enfoque «green», ¿no convendría optar por un veterinario que considere a los animales individuos únicos y peculiares, pero en un contexto familiar que no hay que subestimar, y habitantes, como todos nosotros, de un ambiente en grave peligro por el uso indiscriminado de fármacos? ¿Nos preguntamos alguna vez dónde acaban, y con qué consecuencias, los residuos de los fármacos que suministramos a los animales que viven con nosotros? ¿No habrá llegado el momento quizá de compartir estas reflexiones también con los veterinarios a los que confiamos nuestras mascotas?

Querer a los animales y ser buenos médicos no es suficiente, yo creo firmemente que un buen veterinario puede respetar de la misma manera a las personas (estoy de acuerdo con vosotros que no siempre es fácil, pero vale la pena hacer un esfuerzo, ¿no?) como al planeta…

6. Compras conscientes

Dado que estamos compartiendo los pensamientos y las reflexiones, no nos detengamos, ¡probemos a dar siempre un paso más! Cuando se toma consciencia del hecho que la relación con los animales es diferente, se basa en el respeto y en la recíproca consideración, es posible, no olvidemos, realizar compras conscientes, preguntarnos de dónde proceden las cosas que compramos… y si hablamos de vestuario, preguntémonos qué alternativas tenemos al uso de productos de origen animal (y ya solo al utilizar el término «producto» algunas preguntas tenemos que hacernos sí o sí…).

Solo por poner un ejemplo, ¿será necesario a nuestra latitud un abrigo de piel?

7. Educación

Cuando hablo de respeto por los demás, animales y personas, a menudo me viene a la cabeza una afirmación que he oído durante un evento formativo, formulada por una señora en referencia al perro que había traído para una consulta. En aquella ocasión la señora dijo: «la educación hace libre». He reflexionado mucho y he llegado a la conclusión de que es exactamente así. Un perro educado en la vida social y civil (y, perdonadme si extiendo el concepto también a los niños) es un perro que puede introducirse con todos los derechos en nuestras comunidades y será libre de acompañarnos donde sea sin ocasionar molestias o problemas, principalmente a sí mismo. Si nosotros mismos respetamos las leyes y reglamentos, recogemos las deposiciones, viajamos siguiendo las normas, enseñamos a los demás a ver de otra forma la convivencia con los animales, desarrollamos un rol social muy importante. Y prestad atención, ¡os he dicho educar, no adiestrar!

8. Otro idioma para comunicar

Creo firmemente que también la educación puede ser recíproca. Nosotros les enseñamos algo a los animales y los animales a nosotros. Las relaciones son intercambios recíprocos, siempre, nunca nadie permanece igual después de un contacto con otro individuo. Y la diferencia no la marca la especie a la que pertenece. Si queremos crear un lazo digno de este nombre debemos aprender obligatoriamente «otra lengua»; debemos reapropiarnos del lenguaje corporal, que los animales entienden mucho mejor que nosotros, tenemos que ponernos en el lugar de la otra persona, preguntarnos cómo ve, qué ve, qué siente, qué emociones siente, para entenderlo deberemos primero preguntarnos qué instrumentos hay que afinar y en qué categorías hay que profundizar.

Debemos preguntarnos cómo podemos mejorar, y cuando emprendamos este sendero acabaremos inevitablemente conociéndonos mejor, y podremos comprender y comunicarnos de manera más eficaz con las personas con las que nos cruzamos cada día.

9. Dejar que nos enseñen los animales

Y si hablamos de enseñanzas y dones que nos aportan los animales, no podemos olvidarnos de que su ser está estrechamente ligado a la naturaleza, a los ritmos circadianos y estacionales, a saber mirar. Es una enseñanza profunda por la que, si queremos continuar considerándonos seres humanos, no podemos hacer otra cosa que no sea recomenzar a observar.

Seguimos siendo animales entre los animales, guste o no, y nuestro progresivo alejamiento, nuestro aislamiento y nuestra alineación están empezando a mostrar las graves consecuencias a las que está llegando nuestra especie. Mientras estemos vivos, mientras estemos en este planeta, no será demasiado tarde para cambiar la dirección y los animales pueden tener un papel insustituible a la hora de buscar una nueva vía.

10. Alguien, no algo

Recordad siempre cuando elijáis adoptar un animal que estáis adoptando a alguien, ¡no a algo!

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