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Descripción

Hay mucha gente que está convencida de que Dios no existe. Y todo eso de Dios y de la religión es un invento de los curas y de la gente beata que va a las iglesias. Pues bien, si esto es cierto, ¿cómo podemos hablar de teología para explicar, con esa "teología", aquello que realmente ignoramos? ¿No es todo eso un disparate y una pérdida de tiempo?

La respuesta a estas preguntas se puede hacer de dos maneras. Una, echando mano de las doctrinas y teorías que inventaron los sabios de tiempos antiguos. Otra, recordando los relatos y enseñanzas que se encuentran en los evangelios. La teología de las doctrinas es la teología de los sabios. La teología de los relatos es la teología popular. Esta es la que enseñó Jesús con su ejemplo, sencillamente, con su forma de vivir, con sus costumbres, sus preocupaciones, su manera de tratar a la gente, sus preferencias, lo que le gustaba y lo que no le gustaba, y sobre todo, mediante lo que hizo y lo que dijo ante los ricos y ante los pobres, ante los poderosos y ante los débiles, la sorprendente teología que Jesús nos enseñó con su comportamiento ante los hombres de la religión y también ante las muchas gentes a las que la religión (la de entonces y la de ahora) ignoraba, maltrataba y hasta condenaba.

 

Dicen los entendidos en las cosas de la religión que la teología es la ciencia que explica lo que es Dios, cómo es Dios, lo que a Dios le gusta y lo que le desagrada, lo que premia y lo que condena. Esto, más o menos, es lo que dicen los curas. Cosa que, en principio, parece que está clara. El problema, que aquí se presenta , es que a Dios nadie lo ha visto jamás. Y nadie sabe exactamente cómo es ese Dios del que habla todo el mundo. Más aún, hay mucha gente que está convencida de que Dios no existe. Sencillamente, no hay Dios. Porque todo eso de Dios y de la religión es un invento de los curas y de la gente beata que va a las iglesias. Pues bien, si es cierto que a Dios nadie lo ha visto nunca, y nadie sabe cómo es, entonces, ¿cómo podemos ponernos a hablar de teología, para explicar, con esa “teología”, lo que realmente ignoramos? ¿No es todo eso un disparate y una pérdida de tiempo? La respuesta a estas preguntas se puede hacer de dos maneras: Una, echando mano de doctrinas y teorías, que inventaron los sabios de tiempos antiguos. Otra, recordando los relatos y enseñanzas, que se encuentran en los evangelios. La teología de las doctrinas es la teología de los sabios. La teología de los relatos es la teología popular. Esta es la teología que enseñó Jesús con su vida, sencillamente con su forma de vivir, con sus costumbres, sus preocupaciones, su manera de tratar a la gente, sus preferencias, lo que le gustaba y lo que no le gustaba, y sobre todo, mediante lo que hizo y lo que dijo ante los ricos y ante los pobres, ante los poderosos y ante los débiles. Y, más que nada, la sorprendente teología que Jesús nos enseñó con las relaciones y el trato que tuvo y mantuvo ante los hombres de la religión y también con su forma de relacionarse con las muchas gentes a las que la religión (la de entonces y la de ahora) ignoraba, maltrataba y hasta condenaba. Así nos explicó Jesús quién es Dios y cómo es Dios. Y esto es la teología popular. Es la teología que, en forma de relatos, se encuentra en los evangelios