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Descripción

El primer principio de la verdadera enseñanza es que nada puede ser enseñado. El maestro no es un instructor o un policía, sino un ayudante o un guía. Su trabajo es sugerir y no imponer.

No moldea la mente del alumno, tan solo le muestra cómo perfeccionar sus instrumentos de conocimiento y le ayuda y le alienta en el proceso.

Año tras año, gobierno tras gobierno, en la mayoría de los países, pero en especial en este, se suceden las reformas educativas como olas en el mar, cambiando la superficie pero sin tocar el fondo de un modelo educativo que parece haber ha llegado a su límite y que, como dice Aurobindo en este pequeño libro, «solo se salva en Europa de tener unos resultados desastrosos por la negativa del estudiante común a someterse a los procesos que implica».

Salta a la vista que es necesaria una regeneración radical del sistema y los artículos que aquí recogemos pueden ser una estupenda herramienta para ello.

Aun incompletos, aun tratándose tan solo de rápidos bosquejos al hilo de unas circunstancias precipitadas, dejan inmediatamente entrever la increíble capacidad de síntesis del autor, su tremenda capacidad para, entre tanto ruido, dar con la fuente exacta del problema, definirla, analizarla y dar con las soluciones apropiadas.

Desde la excesiva fragmentación de la enseñanza, a la prematura inclusión de un segundo idioma, pasando por la deficiente forma de entender y enfocar la educación moral, Aurobindo disecciona una por una las trabas que lastran el funcionamiento de un modelo educativo que se caracteriza, ante todo, por por su deficiente comprensión de la mente y de la biología humana.