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Descripción

La finalidad de esta obra es evitar el vicio científico de confundir estados místicos con estados psicóticos, un vicio que en la psicología académica hoy alcanza cotas de epidemia. Su intención, por tanto, es que los profesionales de la Salud Mental puedan hallar aquí una incipiente, pero sólida, herramienta que les sirva de utilidad para iluminar sus orientaciones terapéuticas.

La obra está pensada para ser utilizada como libro de texto en los cursos de Terapias Alternativas del Master de Salud Mental del Servicio de Psiquiatría el Hospital de Basurto (Bilbao), para los cursos de Psicodiagnóstico de Rorschach que el autor suele ocasionalmente impartir en el Departamento de Neurociencias de la Universidad del País Vasco, así como para la asignatura "Ciclos de vida y Desarrollo Psicosocial" asignada en el Aula de la Experiencia de la misma Universidad. Sin embargo, este trabajo está orientado fundamentalmente para todas aquellas personas, que, con independencia de su formación, su cultura y de su religión, deseen conocerse a sí mismas, y crecer como personas.

La forma más sencilla de que nuestra sociedad nos etiquete como esquizofrénicos consiste en afirmar, por ejemplo, que uno se siente, en lo más profundo de su ser, completamente fundido con todos los seres vivos, con el Espíritu infinito, con el universo y con la Totalidad; una intuición, en suma, que las culturas sabias del mundo nunca han considerado como el abismo de la enfermedad mental, sino, por el contrario, como el pináculo de la compresión humana.

Suele decirse que la diferencia entre el místico y el psicótico es que ambos nadan sobre el mismo mar, pero que mientras el místico flota, el psicótico se ahoga. No es muy seguro de que tal diferenciación sea compartida por la psiquiatría oficial. Es más, si observamos tanto su posicionamiento general sobre el tema como su práctica clínica habitual, no sería una osadía aventurar que si los grandes maestros de la espiritualidad tanto oriental como occidental se expusieran en un diagnóstico "a ciegas" ante nuestros hospitales psiquiátricos o "módulos psicosociales", a buen seguro que serían diagnosticados como psicóticos o esquizofrénicos. Así, Platón, Plotino, Rainer María Rilke y hasta Albert Einstein o el mismo tehilard de Chardin, con toda probabilidad serían tachados de delirantes y patologizados por el establishment de los psiquiatras y psicólogos.