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Descripción

Recuperar la Feminidad Perdida expone con claridad y gran capacidad de discernimiento uno de los problemas psicológicos más urgentes de la sociedad moderna: la pérdida de la energía femenina y de sus cualidades en las vidas tanto de hombres como de mujeres.

“Esta pérdida de algo tan esencial para una mujer le obliga a cuestionar su feminidad. Se cristaliza en el largo debate histórico sobre la posición de la mujer en la sociedad. La pérdida de la energía femenina es menos evidente para el hombre, pero restringe las profundidades emocionales de su personalidad y es el origen de gran parte de su insatisfacción, soledad, sensación de sinsentido y mal humor. ¡Para un hombre es una conmoción descubrir que su estado de ánimo y buena parte de su naturaleza del sentir son femeninos! Sentirse superado por una emoción es sentirse abrumado por el aspecto interior femenino de su carácter, y es sólo al comprender y abrazar su feminidad que puede entender con claridad su naturaleza masculina. La pérdida o daño de las cualidades femeninas internas afecta a nuestro bienestar emocional, modificando directamente nuestra felicidad y contentamiento. Si las cualidades femeninas están en buen orden, la persona se sentirá sana y salva”.

Tomando el mito occidental de Edipo y el mito hindú de Nala y Damayanti como ejes fundamentales de análisis, Robert A. Johnson alumbra las dinámicas de lo femenino y nos invita a recuperar el poder de lo femenino y a reintegrarlo en nuestro ser para volver a nuestra capacidad de sentir y dar valor y sentido a nuestras vidas.

“Es triste ver con qué desesperación actúan los hombres tanto en los mitos griegos como en los hindúes. Pero las mujeres se mantienen firmes en el mito indio, ya que no pueden hacerlo en el griego. Este tema de la interacción entre los elementos masculinos y femeninos nos reta a cada uno de nosotros. Podemos aprender de ello. Si el elemento femenino se mantiene firme, la fatídica historia puede entonces tener un final positivo a nivel relacional. No importa lo que ocurra a nivel del destino —por oscuro que sea—; estaremos a salvo si lo femenino puede sostener”.

La energía femenina es y ha sido un elemento excluido en la cultura occidental. En términos junguianos, un elemento excluido a menudo aparece como una energía “oscura” o “sombra” antes de ser reintengrado.

Por ello, como sostiene el autor, la tarea más profunda de nuestra época es dar dignidad a los elementos sensuales y femeninos, con tal de restaurarles su verdadera creatividad y así favorezcan nuestro crecimiento y consciencia.

“La pérdida de la energía femenina, con su cálida vitalidad, no es difícil de documentar. Es evidente en las tradiciones míticas de nuestra cultura, en la pobreza lingüística, en nuestra falta de sentimiento hacia las relaciones humanas y, finalmente, en nuestra sed de sentido. El sentido es el reino de lo femenino. Sin una feminidad segura en nuestro mundo psicológico interior no es posible hallar contentamiento o sentido alguno. Nos hemos alienado a nosotros mismos de esta realidad de nuestro ser. Nos hemos cargado de cientos de demandas distintas y expectativas que sólo disfrazan nuestra simple necesidad de ser y alcanzar un significado. Y aún así, hemos experimentado momentos de paz que nos recuerdan la cualidad esencial del sentido. Vale la pena recordar por toda una vida la comida más sencilla si es portadora de significado y de conexión humana”.

La feminidad como fuerza psicológica afecta a la identidad central femenina de una mujer y a la habilidad y capacidad de un hombre para sentir y valorar.

Ahora, recuperar los valores de la dimensión sutil de la feminidad y añadir la comprensión femenina a nuestra mentalidad consciente es el reto al que nos enfrentamos si queremos vivir una vida con sentido y plenitud.

“La feminidad es una parte tan fundamental de la personalidad humana que no puede ser ignorada por mucho tiempo. Tal vez pueda dejarse de lado por un rato, para que la masculinidad solidifique los valores patriarcales de la ley, el orden, la forma y la ciencia. Es improbable que estos valores puedan establecerse y echar raíces a menos que se les dé el derecho exclusivo para ser centrales en la etapa de la evolución, como ha sido el caso de los últimos tres mil años. Pero lo femenino volverá y retomará su legítimo lugar”.