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Descripción

Había una vez un niño del cielo jugando entre los ángeles que se sentía muy feliz.

Conocía a todos, y todos lo conocían a él. Todo era bueno y bonito en el cielo, y el tiempo pasaba sin que te dieras cuenta.

Un día, el niño jugaba con su pelota de oro. Era su juego preferido. La pelota era del oro más puro, y el niño podía reflejar su naricita en ella. El niño lanzaba su pelota cada vez más alto, por encima del sol y de la luna y siempre volvía a cogerla con sus dos manitas.

¿Podría tirarla más alto todavía? ¿Más alto que la estrella más alta?

¡Hop! Ahí volaba la pelota dorada, muy, muy alta en el cielo, más allá de la estrella más alta, y volvía a bajar.

Pero, ¿qué pasaba ahora?

La pelota no volvía a las manos del niño, caía más y más abajo, pasando por la puerta del cielo, atravesando las nubes, los árboles, hasta que desapareció.

La pelota dorada había llegado a la tierra.