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Descripción

Céline Alvarez propone en este libro un nuevo sistema educativo que ya ha empezado a provocar un cambio pedagógico en Francia.

Basado en los principios de la metodología Montessori y en los avances de la neurociencia, demuestra que el niño tiene unas capacidades innatas para aprender, solo hay que proporcionarle los estímulos y el ambiente adecuados y respetar sus leyes naturales.

Todos los niños nacen con una capacidad innata para aprender y amar. Día tras día, la neurociencia nos descubre más sobre su increíble potencial. Sin embargo, por desinformación, les imponemos un sistema educativo inadecuado que entorpece su aprendizaje y no fomenta su bondad intrínseca.

En Francia, más del 40% de los niños acaban la educación primaria sin haber cumplido con los objetivos de aprendizaje. En el caso de España la situación es todavía peor, pues tiene las tasas de fracaso y abandono escolar más altas de Europa: el 20% de los jóvenes no terminan sus estudios de secundaria.

Céline Alvarez llevó a cabo un experimento en un parvulario en Gennevilliers, un municipio situado al noroeste de París y una zona con grandes desigualdades sociales y económicas.

En este experimento, respetó las «leyes naturales del niño» y los resultados han sido excepcionales. En dos cursos, todos los niños del curso superior y el 90% del curso inferior sabían leer y mostraron excelentes resultados en aritmética. Y no solo eso, en casa estaban más tranquilos, mantenían sus habitaciones más ordenadas y mostraban mayor interés por cuanto los rodeaba. Increíble, pero cierto.

Este libro sienta las bases de una nueva manera de ver al niño, y de concebir la educación tanto en casa como en la escuela. Céline Alvarez nos enseña su experiencia y nos invita a educar al niño respetando sus leyes naturales.

La revolución de la educación es posible.

"Mientras impongamos a nuestros hijos un sistema de aprendizaje que no considere las capacidades naturales de su mente, los colocaremos en situaciones que generan un gran sufrimiento. Los profesores continuarán trabajando en condiciones extremadamente difíciles: deberán presionar sin parar a unos niños desmotivados y acabarán sus jornadas exhaustos. Imaginad que circuláis en coche en quinta con el freno de mano puesto. El coche no avanza, hace ruidos extraños; intentáis en vano que lo arreglen en diferentes talleres, pero hay que rendirse a la evidencia: la máquina no funciona bien, está claro que le falta potencia. Quitad el freno de mano y os sorprenderán la potencia del motor y la calidad del viaje.

De la misma manera, frenamos constantemente la gran capacidad de aprendizaje de nuestros hijos con métodos inadecuados. Aprenden con dificultad; pensamos que necesitan ayuda exterior y los llevamos a especialistas, también desbordados por el número creciente de niños de los que tienen que ocuparse. Si les ofrecierais el entorno adecuado en la clase, la gran mayoría de ellos os asombrarían por la rapidez, la facilidad y la alegría con que, de repente, serían capaces de aprender."