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Descripción

El sonido es vibración y ni nuestro cuerpo ni la mente permanecen ajenos a ello. La reiteración del canto de un mantra altera sutilmente el cerebro induciéndole, según sea la musicalidad del canto a relajarse o excitarse, a la interiorización o la expansión de la conciencia, pero siempre a la segregación de la química endógena. Cuando el cuenco suena emitiendo su frecuencia de vibración puede relajarnos e incluso ayudarnos a clarificar ideas. Pero además en lo sutil, la musicalidad de estos elementos combinados con la meditación o visualización dirigida, fomenta lo onírico.