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Libro

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La Alegría del Orden en la Cocina Roberta Schira

La Alegría del Orden en la Cocina

Cambia tu vida desde el alma de tu casa

15,11 € 15,90 €

17,76 $ 18,69 $

Disponibilidad: inmediata

Autor: Roberta Schira

Editor: Aguilar Editorial

Libro

Págs: 135

Formato: 15x21

Año de edición: 2017

Descuento

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DESCRIPCIÓN

«Son muchísimas las personas que agradecen a Marie Kondo y a La magia del orden haber cambiado su vida; y entre ellas estoy yo. Sin embargo, me di cuenta de que en su libro faltaba casi siempre un espacio: la cocina, la estancia en la que exprimo mi pasión por todo aquello que rodea a la comida: convivir, compartir, cuidar de nosotros a través del cuidado a los demás.» Roberta Schira

La cocina es la estancia más importante de la casa en todas las civilizaciones del mundo y ha ocupado a lo largo de la historia una posición de gran importancia dentro de la casa. Se trata de un espacio fundamental en la vida de las familias. Ordenarla significa hacerla funcional para quien la dirige, pero también comporta mejorar nuestra relación con la comida y con los demás habitantes de la casa a partir de nuestras emociones.

Roberta Schira es una de las firmas más acreditadas de la crítica gastronómica en Italia y en este libro une sus dos grandes pasiones: la cocina y la psicología.

Nos demuestra que a partir de un buen orden se produce un cambio en nosotros mismos.

«Una guía en clave mediterránea en el que su autora nos enseña a hacer las paces con uno de los lugares más importantes de la casa. La transformación se logra poco a poco, día a día: desde las indicaciones básicas para ordenar una despensa digna de su nombre a las operaciones de limpieza que proponen eliminar aquello que no se use al menos una vez al mes.» Corriere della Sera

«En el maremagnum de tanta publicidad ligada a lo gourmet no está de más un poco de reflexión e introspección religiosa. A eso es a lo que invita a sus lectores la crítica gastronómica Roberta Schira. La alegría del orden en la cocina, inspirado abiertamente en el best seller de la japonesa Marie Kondo, logra a pesar de todo encontrar una clave completamente inédita. El verdadero cambio, el auténtico proceso de autoconcienciación comienza en la nevera, con demasiada frecuencia vacía o reducido a almacén, y en las alacenas, porque "el desorden en la cocina indica problemas y malestares".» Il Giornale

«La alegría del orden en la cocina sostiene la necesidad de ordenar la nevera y la despensa para "purificar" nuestras emociones, así como la tentación de comer poco y mal.» Starbene

«Ha llegado la réplica italiana al método del orden de Marie Kondo. Y parte de la única estancia no explorada por la experta japonesa: la cocina.» L'Huffington Post

«Si han leído La magia del orden, best seller de la japonesa Marie Kondo (y también si no lo han hecho), sumérjanse en estas instrucciones de Roberta. Todo les parecerá fácil, obvio, inteligente: ¿por qué no se les habría ocurrido?» Il Sole 24 Ore

«Definitivamente, la cocina es el lugar por excelencia para el alma. En ese sentido, Roberta tiene toda la razón [...] y leer, con el corazón abierto, su libro puede convertirse en la solución, la modalidad mediterránea para reencontrar lo esencial redescubriendo, de forma actual, la alegría de gozar de las pequeñas cosas auténticas que de verdad importan. Capaz de hacernos conversar e iluminarnos, La alegría del orden en la cocina es un manual para leer y releer.» Mondo Padano

«Ordenar y hacer funcional una cocina influye en todo: el amor, la convivencia... y la dieta.» Fine dining lovers

El verdadero cambio parte de la cocina: la cocina es el principio

«No hay lugar en el mundo que me guste más que la cocina. Da igual dónde se encuentre, o cómo sea; siempre que sea una cocina, un lugar donde se guisa, yo me encuentro bien».

En el prólogo de su obra Kitchen, Banana Yoshimoto alberga un poco el corazón de este libro. Es en una cocina, durmiendo al arrullo del zumbido del frigorífico, donde la autora alivia sus heridas y se repone de sus pérdidas.

En cierto modo, también fue así para mí. Cuando murió mi madre, yo tenía un año; no recuerdo casi nada de ella. Mi abuela paterna, que se hizo cargo de mí hasta que mi padre se repuso, pasaba casi todo el día en la cocina, y por eso fue allí donde yo encontré mi nido.

Me pasaba horas debajo de la mesa, acurrucada sobre un reposapiés de mimbre, y me sentía protegida y segura. El mundo visto desde aquella perspectiva me parecía más aceptable, y así aprendí a amar aquella habitación, observando los tobillos hinchados de la abuela, que emergían de unas zapatillas algo deformadas. Su voz me llegaba desde lo alto como si fuera una admonición divina, repasando el plan del día paviano: mercado, jardín botánico y vuelta a casa, a preparar la sopa de verduras.

En todas las culturas donde sobre los fogones los ingredientes pasan de crudos a cocidos, surge la necesidad de disponer de un lugar donde conservar la comida y los instrumentos necesarios para trabajarla: la cocina. Supongo que alguna antepasada mía, hace miles de años, se habrá preguntado cómo ordenar el espacio alrededor del fuego y cómo disponerlo lo mejor posible para la siguiente comida. Para mí, la cocina es la casa. Sin embargo, me doy cuenta de que en la cultura urbana, en la que desde sus orígenes se come por la calle, la cocina puede reducirse a una plancha y dos estantes. Y que sobre la desaparición del «hogar» se han expresado antropólogos y sociólogos. Pero no es de estas cocinas de las que nos preocuparemos.

La cocina como estancia simbólica ha mantenido ocupados a psicoanalistas y amantes del pensamiento simbólico: útero materno, alcoba, dominio de la mujer (aunque cada vez menos), lugar de la agresividad en el que se corta, secciona, bate, tritura. Las sociedades primitivas han atribuido durante mucho tiempo a la casa y sobre todo a la cocina un valor sagrado: además, los elementos fundamentales —agua, tierra, aire y fuego— residen en esa habitación; veremos más adelante cómo es posible, gracias al orden, recuperar la armonía con ellos. Para el filósofo francés Gaston Bachelard la casa es un espacio-símbolo que encierra y comprime el tiempo a través de la memoria y la imaginación, y la cocina encarna eso a la enésima potencia. Es interesante su concepto de «verticalidad», donde el techo y las plantas superiores simbolizan el pensamiento, la espiritualidad, la memoria y la función consciente, el Yo; el sótano representa el inconsciente, el instinto y las pulsiones inaceptables; la cocina alberga en sí misma, junto a la metamorfosis de los alimentos, toda transformación psíquica. Es el lugar para compartir, pero también para cambiar de estado. Por eso creo que la cocina es, por definición, la estancia donde se puede obrar el cambio. Y el concepto de verticalidad de la casa me ha hecho pensar en el modo en el que los seres humanos disponen los productos en la despensa y del que ha nacido un método de colocación de la alacena. Pero de eso ya hablaré más adelante.

Una última confirmación la ofrece Carl Gustav Jung, que en El análisis de los sueños (1909) interpreta la casa como un símbolo del Yo, como una especie de «piel psíquica». En el sueño, Jung también imagina una casa simbólica: la conciencia es el salón y a medida que se desciende a la planta baja se encuentran las capas del inconsciente. Pero el juego onírico continúa emparejando las habitaciones con las partes del cuerpo humano. Siguiendo esta lógica, toda puerta es una hendidura, un pasaje; las ventanas son los ojos; la sala de estar, el pecho; el baño, el intestino; el desván, la cabeza; el sótano, los pies..., y la cocina, el estómago. Esta asociación mental entre cocina y estómago no es solo biológica, sino que se extiende a la esfera emocional, a los conceptos de convivencia y cambio que hemos visto anteriormente. Es una visión particularmente interesante que apoya mi teoría: si deseas cambiar «por dentro», comienza por la cocina. Al igual que la comida no es solo un conjunto de cifras —calorías, gramos— e ingredientes, la cocina no es tampoco simplemente un espacio de la casa.

Hay quien a la cocina la teme, la sufre, quien es absorbido como por un vórtice, quizá porque en todo caso la cocina es el lugar de la alquimia."

AUTOR

Roberta Schira

Roberta Schira

Roberta Schira nació en Crema, Italia. Estudió psicoanálisis, pero un curso de cocina con Claudio Sadler le cambió la vida. Es food-writer y crítica gastronómica.