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Descripción

Como podemos imaginar, nos estamos enfrentando a una problemática que, en algunos casos, se nos presenta de manera bastante evidente, pero que, en muchos otros, adquiere formas muy sutiles, desarrollándose de un modo casi imperceptible. Desde la época en que se avanzaba hacia la creación de los Estados modernos, el control de la población ha constituido uno de los pilares básicos de la gobernabilidad. Este control se ha ejercido poniendo en práctica estrategias que se han presentado bajo aspectos y a escalas muy diferentes, que abarcan desde las líneas maestras de la alta política a la ordenación de los más mínimos detalles del quehacer diario de los individuos, pasando por la organización del territorio o de la ciudad. Esta práctica, que interconecta niveles muy variados de la actividad humana, ha dejado sus huellas territoriales, ya sea en las fronteras, en los usos del suelo, en la morfología de las ciudades o de los edificios, etc. En este libro se estudian algunos de los mecanismos que han contribuido a configurar, a partir de la Edad Moderna, el espacio que habitamos y con el que mantenemos una constante interrelación, así como las consecuencias de este proceso de conformación.