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Descripción

Las materias que los Evangelios contienen pueden dividirse en cinco partes: "Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la iglesia, y la enseñanza moral". Si las cuatro primeras han sido objeto de controversias, la última ha subsistido inatacable.

Hemos reunido en esta obra los artículos que pueden constituir, propiamente hablando, un código de moral universal, sin distinción de culto; en las citas hemos conservado todo lo útil al desarrollo del pensamiento, quitando o separando sólo las cosas extrañas al objeto. Por lo demás, hemos respetado escrupulosamente la traducción original de Scio, así como la división por versículos. Muchos puntos del Evangelio, de la Biblia y de los autores sagrados, en general, nos son ininteligibles, y muchos de ellos sólo nos parecen irracionales por falta de la clave que nos haga comprender su verdadero sentido; esta clave está completa en el Espiritismo, como han podido convencerse de ello aquellos que lo han estudiado formalmente, y como se comprenderá mejor aún en lo venidero. El Espiritismo se encuentra por doquiera, así en la antigüedad como en las demás épocas; en todas partes se encuentran sus huellas, en los escritos, en las creencias y en los monumentos, y por esta razón, se abre nuevos horizontes para el porvenir, también arroja una luz no menos viva sobre los misterios del pasado.

Esta obra es para uso de todos; cada uno puede sacar de la misma los medios de arreglar su conducta a la moral de Cristo. Además, los espiritistas encontrarán en ella las aplicaciones que les conciernen más especialmente. Desde hoy en adelante, gracias a las comunicaciones establecidas de una manera permanente entre los hombres y el mundo invisible, la ley evangélica, enseñada a todas las naciones por los mismos espíritus, ya no será letra muerta, porque todos la comprenderán y será inducidos incesantemente, por los consejos de sus guías espirituales, a ponerla en práctica. Las instrucciones de los espíritus son verdaderamente "las voces del cielo" que vienen a iluminar a los hombres y a convidarles "a la práctica del Evangelio".