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Descripción

En años recientes, diversas dictaduras han caído o se han tambaleado cuando se les ha enfrentado una población desafiante y movilizada. Aunque a menudo se las ve como firmemente afianzadas e inexpugnables, algunas de estas dictaduras demostraron ser incapaces de soportar el desafío concertado del pueblo en lo político, lo económico y lo social.

A partir de 1980, las dictaduras han caído ante un desafío predominantemente no violento del pueblo en Estonia, Latvia y Lituania, Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia y Eslovenia, Madagascar, Mali, Bolivia y las Filipinas. La resistencia no violenta ha hecho avanzar el movimiento por la democratización en Nepal, Zambia, Corea del Sur, Chile, Argentina, Haití, Brasil, Uruguay, Malawi, Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire, Nigeria y en varias partes de la antigua Unión Soviética (llegando a jugar un papel significativo en la derrota del intento de golpe de estado de línea dura de agosto de 1991).

Mas aún, el desafío político masivo se ha hecho presente en China, Birmania y el Tíbet en años recientes. Aún cuando estas luchas no han destruido a las dictaduras ni le han puesto fin a la ocupación territorial impuesta, sí han puesto al descubierto ante la comunidad mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos, y han aportado a la población una valiosa experiencia en cuanto a esta forma de lucha.

El derrumbamiento de las dictaduras en los países antes mencionados ciertamente no erradicó todos los problemas de esas sociedades (pobreza, criminalidad, ineficiencia burocrática, destrucción del medio ambiente) que han sido frecuentemente la herencia de aquellos regímenes brutales. No obstante, la caída de esas dictaduras ha reducido, aunque poquísimo, mucho del sufrimiento de las víctimas de la opresión, y ha abierto el camino para la reconstrucción de esas sociedades con una mayor democracia política, más libertades personales y justicia social.