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Descripción

Imagina que puedes cumplir tu sueño, objetivo, reto o ambición: ser feliz, cambiar de trabajo, dejar de fumar, perder peso, encontrar pareja, aprobar los exámenes de la carrera.

No hay sueño que no merezca dar un paso hacia delante. En cada objetivo hay un proceso para conseguirlo y su complejidad depende de cada persona. Que no lo hayas conseguido hasta ahora no significa que no sea posible, sino que seguramente no estás aplicando la estrategia correcta y a través de este libro aprenderás como conseguirlo. ¿Preparado? Estás a punto de conseguir tu reto.

Fragmento del libro:

"¡Nos encanta superar retos!

Imagina que tienes la posibilidad real de cumplir tu sueño. Llámalo sueño, objetivo, reto o ambición. Puede que lo que busques sea un objetivo tan genérico como ser feliz (¿y quién no?), o que se trate de algo más concreto: cambiar de trabajo, dejar de fumar, perder peso, encontrar pareja, mejorar la relación con tus padres, aprobar los exámenes de la carrera o triunfar en unas oposiciones. A los humanos nos encanta fijarnos nuevos objetivos constantemente, por pequeños que sean.

Seguro que alguna vez has conocido a alguien que nunca se conforma con lo que tiene, que siempre subordina su felicidad a la satisfacción de nuevos deseos. Quizá tú eres una de esas personas y quieres empezar a sentirte satisfecho. O quizá ya te consideras bastante feliz, pero hay algún aspecto de tu vida que desearías mejorar. Para algunos, ese aspecto puede consistir en vivir en una casa enorme, y para otros sencillamente en poder descansar una hora al día en el sofá, dejando que pase el tiempo. Posiblemente pienses que pasar una hora en el sofá es mucho más fácil de conseguir que vivir en una casa enorme. ¿Estás seguro? A una alta ejecutiva de una multinacional, con una agenda de reuniones interminable, quizá le resulte más sencillo cambiar de residencia que desconectar su teléfono móvil una hora cada tarde. Sin embargo, habrá otras personas a las que les sobran las horas muertas, pero cada día sueñan con escapar de la estrechez de sus viviendas. Qué relativa es la felicidad, ¿verdad?

Una cosa está clara: todos los sueños merecen dar un paso hacia delante si son importantes para ti. Si realmente quieres cambiar o mejorar algún aspecto de tu vida, no hay razón para no intentarlo. Ni siquiera por la equivocada idea de creer que no lo conseguirás. ¿De verdad renunciarías a ese reto porque te parece demasiado ambicioso? ¿Te imaginas que los grandes inventores y científicos de la historia hubiesen tirado la toalla antes de empezar? ¡Todavía viviríamos en cuevas!

Piénsalo: te despiertas por la mañana, tomas un buen desayuno, te duchas, sales de casa, vas de un lado para otro, trabajas, estudias, te relacionas con otras personas de mil maneras distintas, te diviertes, vas al cine, vuelves a casa. Quizá no seas consciente de las comodidades de las que disfrutamos cada día, pero todo lo que hoy nos hace la vida más sencilla es gracias a que muchos locos dijeron en un determinado momento de la historia: «Quiero cambiar las cosas» o «puedo cambiar las cosas» o «necesito cambiar las cosas». Ahora no hace falta que te entretengas demasiado en la diferencia entre «querer», «poder» o «necesitar», entre «necesitar algo» y «tener la opción de hacer algo», pero más adelante verás que la precisión en el lenguaje es fundamental para entender cómo funciona la mente humana y, en consecuencia, cómo expresamos nuestras emociones.

Pero volvamos al principio: tienes un reto. A lo largo de nuestra vida acumulamos sueños y desafíos. Piensa en uno que hayas podido alcanzar. ¿Recuerdas cuando decidiste que querías hacer algo que parecía demasiado complicado? No importa lo que sea, lo que cuenta es que para ti fue un reto. Quizá lo conseguiste sin demasiado esfuerzo; en ese caso, ¡enhorabuena! Es posible que seas un genio (alguno hay) o que tuvieras suerte (no te fíes de ella). Pero si tuviste que dejarte la piel en ello, significa que eres consciente de que todo objetivo conlleva un proceso. La persona que quiere obtener el carnet de conducir sabe que el proceso consiste en ir a la autoescuela, realizar los test, hacer prácticas, y finalmente ponerse al volante (con un examinador detrás). Quien sueña con irse de vacaciones a una isla paradisíaca sin ser rico sabe que tiene que trabajar, ahorrar, planear el viaje y viajar. Parece fácil, ¿verdad? No nos engañemos, no lo es.

En cada objetivo hay un proceso para conseguirlo, eso es cierto, pero la complejidad de ese proceso depende de cada uno. ¿Ahorrar dinero? Claro, pero será mucho más difícil con un sueldo alto que con uno bajo. O si para ahorrar necesitas renunciar a otras cosas. Quizá no te gusta nada viajar solo y, además, necesitas encontrar a alguien que te acompañe. O te apasiona conocer sitios nuevos, pero te aterra volar. Lo mismo ocurre con sacarse el carnet de conducir: ¿por qué hay personas que aprueban a la primera y otras a la tercera? ¿Por qué algunos se ponen histéricos al volante y otros no? Es más, ¿qué hace que una persona se suba al coche sabiendo que va a aprobar y otros lo vean todo gris?

Cada persona es un mundo y una de las cosas que vamos a aprender es que no debemos juzgar a nadie ni creer que nuestra visión de las cosas es mejor que la de otros. Del mismo modo, aprenderemos que no somos menos válidos que otras personas solo porque la naturaleza nos ha hecho así, como si esta pudiera decidir qué capacidades tendrá cada individuo y luego nosotros no pudiéramos hacer nada para cambiarlo. Por supuesto, habrá aspectos importantes en los que la naturaleza nos lo haya puesto difícil: si sueñas con ser una estrella del baloncesto pero eres muy bajito, lo tendrás complicado; lo mismo que si quieres ser piloto de vuelos comerciales pero eres daltónico. Por lo demás, todo es susceptible de ser matizado e interpretado, pero de eso hablaremos más adelante. Ahora queremos que sigas con tu reto conseguido. ¿Lo recuerdas?

Tómate tu tiempo para recuperar el máximo de sensaciones posibles. Intenta recordar tu estado de ánimo cuando te enfrentaste a ese objetivo; seguro que la escena que ahora mismo tienes en tu mente contiene detalles que pueden parecer poco importantes, pero que ayudan a escenificar esos recuerdos. Por ejemplo, el lugar donde estabas, algún sonido, algún olor, una imagen, color o persona. Recupera todo eso y revive aquella situación. Cuando lo hayas hecho, intenta evocar cómo te sentías tras haber cumplido tu objetivo. ¿Lo celebraste? ¿Con quién? ¿Compartiste ese momento dorado con tu pareja? ¿Con tus padres? ¿Recuerdas la emoción? ¡Menudo subidón!

Si fuiste capaz de lograr un súper reto en el pasado, estamos seguros de que, con las técnicas adecuadas y confianza en ti mismo, puedes alcanzar nuevas y ambiciosas metas. No nos sirve que nos digas que nunca has superado ningún reto, porque no es cierto. Si necesitas más tiempo para pensar, hazlo; si es necesario, retrocede en el tiempo hasta tu infancia o adolescencia, no hay prisa. Es posible que si recuerdas un gran objetivo cumplido cuando eras pequeño, podrás ir recordando otros objetivos posteriores.

Antes de continuar queremos avisarte de que no vamos a tomarte el pelo, ni a convencerte de que el ser humano puede conseguir cualquier cosa que se proponga. Las personas somos capaces de convertirnos en gigantes si trabajamos en ello, de sacar fuerzas de donde no las hay pero somos seres humanos y tenemos nuestras limitaciones. Si tu sueño es establecer una relación con ese chico o esa chica que tanto te gusta, podemos ayudarte a que confíes en ti mismo, a destruir los muros que has levantado a tu alrededor, incluso a mejorar tu afinidad con esa persona, a hablarle en su propio lenguaje, a averiguar si él o ella siente algo por ti. Pero debes tener claro que en este caso son dos las personas implicadas, y las dos debéis sentir algo el uno por el otro. No obstante, te animaremos a que des ese paso y si las cosas no salen como deseabas, existen técnicas para no caer en el desánimo.

Es posible que lleves tanto tiempo luchando por alcanzar tu objetivo o tu sueño sin obtener resultados que, ahora mismo, temas no lograrlo nunca. Hay quienes no consiguen dejar de fumar por mucho que lo intentan. O perder peso. O cambiar de trabajo. O superar una ruptura. Tenemos una buena noticia para ti: que no lo hayas conseguido hasta ahora no significa que sea imposible, sino que seguramente no estás aplicando la estrategia correcta. Y si ya cambiaste de táctica en el pasado, no tires la toalla; a veces el cambio de estrategia necesario no está en la manera de proceder, sino en el cómo debemos concebir ese proceso. Aquí tienes un ejemplo clásico: te apuntas a un gimnasio porque quieres perder peso. Vas los primeros días, pero luego te da una pereza enorme. Intentas cambiar de estrategia: en lugar de ir por la tarde, irás por la mañana; en vez de ir por libre, pedirás a un entrenador que te haga una rutina; cambiarás la sala de máquinas por las actividades dirigidas. Pero todas esas estrategias no sirven para que vayas de manera asidua al gimnasio. ¿Debes, entonces, tirar la toalla y darte de baja? Puedes hacerlo si esta decisión se basa en que, en el fondo, te gusta tu cuerpo y vas a ser igual de feliz como estás. Pero no lo dejes porque crees que no eres capaz de conseguir tu reto. Existen maneras de encontrarle el gusanillo al gimnasio. Te las explicaremos.

Ahora lo importante es que tengas claro qué quieres, cuáles son tus retos. Este es el primer paso que te proponemos con este libro. En esencia, todos tenemos un mismo objetivo: estar bien. Algunos lo llaman «ser felices», otros prefieren denominarlo «no tener quebraderos de cabeza». Puedes llamarlo como te resulte más cómodo, pero lo que te vamos a pedir es que tengas muy claro qué engloba esa etiqueta que tú utilizas. De momento, podemos definir en qué consiste «ser feliz» para ti.

Primera pregunta: ¿dices que quieres ser feliz porque no lo eres? Y si te consideras una persona feliz, ¿hay algún aspecto de tu vida que te inquieta? Para empezar a trabajar en la consecución de tu objetivo, es importante ser muy concreto. Y si tu objetivo es muy ambicioso, es recomendable dividirlo en pequeños objetivos. Por ejemplo, si quieres perder diez kilos porque no te sientes cómodo con tu peso, ¿qué tal si empezamos por los cinco primeros sin obsesionarnos demasiado por el resultado final? Y si tu gran objetivo es ser feliz y sabes que esa felicidad pasa por cambiar de trabajo, de piso y de pareja, no te agobies, decide por dónde quieres empezar y aplica una estrategia. Con paciencia podrás conseguirlo, no hace falta dinamitar tu vida el primer día.

Algunas personas no saben qué quieren o qué necesitan, pero tienen muy claro que desean ser felices. En ese caso, posiblemente lo que ocurre es que necesitan alejarse de alguna realidad, zarpar, subirse al barco y navegar, pero no saben a qué puerto quieren llegar. Quizá detestas tu trabajo, o te has cansado de tu profesión y necesitas un cambio de aires, pero no tienes muy claro qué quieres hacer a partir de ahora. El primer paso no es decidir hacia dónde quieres dirigirte, sino saber que quieres cambiar algo. Parece muy obvio, pero ¿cuántas personas se sienten infelices, o no están bien, y no creen que deban cambiar nada? En este sentido, es tan importante saber qué quieres como quién eres. Cuanto mejor te conozcas, más fácil será este proceso de cambio. Permítenos que te citemos una frase de Sun Tzu, autor del clásico El arte de la guerra: «Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla».

Si citamos a Sun Tzu no es porque consideremos que conseguir un objetivo sea como enfrentarse a una batalla, ¡ni mucho menos! Más bien al contrario: queremos que alcanzar tu meta sea un camino apasionante. Pero estarás de acuerdo con nosotros en que nuestra vida es más sencilla si nos conocemos bien a nosotros mismos y lo mejor posible a las personas que nos rodean. Esto hará que seamos conscientes de lo que podemos conseguir por nosotros mismos y de las cosas para las que necesitaremos un poco de ayuda. En este último caso, es importante saber a quién podemos pedir que nos eche una mano.

Aquí tienes otro ejemplo para que no haya dudas sobre la importancia de conocerse uno mismo y conocer nuestro entorno. Imagina que una persona tiene muy mala relación con su jefe, le parece que él le hace la vida imposible. O quizá no es que la tenga tomada con esa persona en concreto, sino que lo hace con todo el mundo. Si esa persona sabe identificar qué aspectos concretos de la conducta de su jefe le molestan (autoconocimiento), podrá trabajar para que no le afecten tanto. Y en ese proceso nos resultará útil hacer un ejercicio de conocimiento de la otra persona para entender qué le lleva a comportarse así. Si además podemos conocer qué piensan o qué sienten nuestros compañeros de trabajo, todo resultará más sencillo. Quizá llegues a la conclusión de que no es para tanto, de que en el fondo son pequeñas impertinencias soportables; o tal vez decidas que su actitud es intolerable, pero encuentres el modo de que no te afecte; o quizá consideres que lo que quieres hacer es cambiar de trabajo. Si te conoces bien y conoces bien a la otra persona, tomarás la decisión adecuada, y eso ya es una pequeña victoria. Más que eso, ¡es el primer paso de gigante hacia el cambio personal!

Puedes preguntarte si no hacer nada también es una manera de cambiar. Sí y no; dependerá de lo que entendamos por «hacer». Si una situación te provoca angustia o insatisfacción y dejas que las cosas avancen, a la espera de que algo cambie algún día por azar, entonces ni estás haciendo nada ni estás cambiando nada (aunque puede ser que el azar cambie las cosas por ti, claro). Sin embargo, si algo te angustia y reflexionas sobre lo que motiva ese estado de ánimo, puedes llegar a la conclusión de que estabas exagerando, o de que no exagerabas, pero tomas la decisión de hacer un cambio, aunque no será inmediato, pues lo dejas para más adelante. Por ejemplo, esa persona angustiada por su jefe ha llegado a la conclusión de que no quiere continuar en esa oficina, pero va a ahorrar dinero durante un año para montar su propia empresa. O va a esperar porque sabe que en tres meses se abre un proceso de promoción en otro departamento y puede optar a él. En ese caso, la persona empieza a relativizar esa angustia porque sabe que puede tener fecha de caducidad. A simple vista ha decidido no hacer nada, solo esperar, pero el cambio ya ha empezado. Lo importante es que nosotros decidimos qué cambio queremos hacer y cómo queremos hacerlo. ¿No es eso maravilloso? ¡Ser capaces de darnos cuenta de lo que nos inquieta, de lo que nos gustaría y de cómo conseguirlo!"