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Libro

Cómo Explicar Física Cuántica con un Gato Zombi Big Van, científicos sobre ruedas

Cómo Explicar Física Cuántica con un Gato Zombi

La ciencia más loca explicada de forma sencilla

13,95 €

16,39 $

Disponibilidad: inmediata

Autor: Big Van, científicos sobre ruedas

Editor: Alfaguara

Libro

Págs: 200

Formato: 14,5x21

Año de edición: 2016

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DESCRIPCIÓN

Si eres de los que piensa que saber que el tiempo y el espacio son en realidad lo mismo no sirve para nada, o que lo único que le puede decir un protón a un electrón es que deje de ser tan negativo..., ¡has dado con la lectura que necesitabas!

¿Sabías que el teletransporte es real? ¿Que a veces un electrón tiene probabilidades de atravesar una pared?

¿Que dos partículas pueden influenciarse mutuamente aunque estén a años luz de distancia? ¿Y que las partículas cuánticas son como Clark Kent y disimulan sus poderes cuando los científicos las están observando?

En Cómo explicar la física cuántica con un gato zombi descubrirás que, aunque no lo parezca, la física cuántica está por todas partes en nuestra vida cotidiana. Y además aprenderás... ...¡los principios más locos y flipantes de la física cuántica! ...¡experimentos low cost que puedes hacer en tu casa! ...que los científicos están un poco pallá, ¿lo sabías? ...y que los gatos tampoco son muy normales que digamos...

Fragmento del libro:

"Las auroras boreales son luminiscencias que se presentan en los cielos nocturnos. Son muy frecuentes cerca de los polos de la Tierra. Además, se llaman de maneras distintas dependiendo del hemisferio en el que aparecen: aurora boreal en el norte y aurora austral en el sur.

¿Y por qué el cielo se ilumina? Es debido a que en el Sol a veces ocurren gigantescas explosiones que lanzan enormes cantidades de material al espacio. Se trata de partículas con carga eléctrica que llegan hasta la Tierra e interaccionan con su campo magnético. ¿Lo qué? Verás, la Tierra es un imán gigantesco (por eso las brújulas funcionan) y las partículas cargadas interaccionan con los imanes. Las partículas cargadas que vienen del Sol son guiadas por el imán terrestre hacia los polos, por donde entran a la atmósfera a toda velocidad, chocando con las moléculas de aire. Estas reciben mucha energía, pero como las moléculas son vagas y prefieren tener poca energía, emiten este exceso de energía en forma de luz: ¡las auroras! ¿Cómo se te queda el cuerpo?

Ada y Max atravesaron la casa y salieron a la calle trasera, donde todas las personas que paseaban a esas horas se habían parado mirando hacia la casa de Sigma. Uno de los extremos de la banda luminosa brotaba directamente de ella, y por las ventanas salían luces de todos los colores, como si hubiera una discoteca dentro.

—¿Qué estará haciendo? ¡Menudo follón está montando! —dijo Max, preocupado.

Ada estaba ensimismada con la «aurora boreal arcoíris», que cada vez brillaba con más fuerza. Las luces de la casa empezaron a parpadear cambiando rápidamente de color hasta que de repente se oyó un ¡PUUUMMM! Y todas las luces de la casa se apagaron de golpe, junto con la aurora.

A los pocos segundos, salió Sigma por la puerta de la casa, tosiendo por el humo. Cualquiera imaginaría que un ser humano, después de verse inmerso en semejante acontecimiento explosivo, aparecería hecho una piltrafa. Pero Sigma era especial, un científico fuera de lo común, no solo en lo inteligente, sino también en lo estético. Apareció de entre el humo con su tupé perfectamente peinado, su bata blanca impoluta, su camiseta a la última moda... Un auténtico super fashion victim.

—¡Sigma! —exclamaron los dos chicos, corriendo a ayudarlo.

Lo llevaron a la cocina de la tía Saturnina porque, aunque el tupé ni se le había movido, Sigma parecía estar bastante aturdido. Max le pasó un vaso de agua.

—Agua... —dijo Sigma, farfullando para sí—. Molécula compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Oxígeno, cuyo número atómico es el ocho y que utilizamos para respirar en su forma de molécula de oxígeno, que supone un...

Ada cogió el vaso y lo tiró a la cara de Sigma, que parpadeó y pareció reaccionar.

—¡Oh! Hola, Ada, gracias —dijo, cogiendo el vaso—. ¡Oh, hola, Max! ¿Me puedes traer un espejo, por favor? Se me ha mojado el pelazo este que tengo...

—Sigma, ¿qué estabas haciendo en tu casa? —dijo Max, sin hacerle ni caso.

Mórtimer entró en la cocina, un poco chamuscada, y tomó a pequeños lengüetazos un poco de agua del bebedero. Al verla, Sigma reaccionó:

—¡Mi experimento! —dijo, incorporándose de golpe—. ¡Mi laboratorio! Esta gatita bonita se ha colado en mi área de trabajo y ha pulsado el botón de accionar antes de lo que tocaba. ¡Gatita mala! Ay, pero qué ricura de gata... No puedo enfadarme contigo. Aunque hayas detonado el experimento cuando la potencia del núcleo principal superaba con creces la potencia permitida..."