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Descripción

Hay gente que dice que el cuerpo es efímero y limitado, tal sólo un trozo de barro apañado temporalmente para acoger un espíritu inmortal. Hay gente que dice que el alma no existe, que la mente, la conciencia, nuestros sueños e ilusiones son reducibles a la física y química del cerebro. Entre unos y otros, yo acojo con calidez mi cuerpo, un cuerpo lleno de vida y no sólo de átomos, un cuerpo complejo y bien organizado, magistralmente diseñado y muy eficiente.

Al menos, si se le trata bien, si se le cuida un poquito y no se deja en el olvido. Mi cuerpo está hecho de vida y busca la vida, en el agua que bebe y el aire que respira, en los alimentos que come, en el paisaje que alimenta sus ojos, en la gente que le da calor. Mi cuerpo no está vivo porque yo estoy vivo. Está vivo porque pertenece a la vida, porque surge de ella y se alimenta de ella. Aunque pierda la conciencia, mi cuerpo sigue vivo y se aferra a la vida.