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Descripción

Gran parte de la alegría que experimentamos en la vida nos llega a través de los ojos, así que la idea de perder la capacidad de ver nos asusta. Sin embargo, cada cinco segundos alguien se queda ciego en algún lugar del mundo.

Si bien la ceguera puede ser el resultado de una lesión o de una infección, la mayoría de la gente pierde la vista debido a ciertos trastornos oculares concretos y el riesgo de pérdida de visión y de ceguera aumenta con la edad.

Por esto la prevención es el mejor método que se puede seguir.

Hoy, 12 de Marzo, se celebra el día mundial del glaucoma. El glaucoma es una de las causas más frecuentes de discapacidad visual y ceguera. En España lo tiene entre el 0,5 y el 4% de la población.

No obstante, que no existan fármacos o tratamientos médicos capaces de curar estas enfermedades no significa que no haya esperanza. De hecho, existe un tratamiento efectivo para muchos de los trastornos oculares crónicos más comunes, y no está basado en los medicamentos, en la cirugía ni en ningún otro tipo de tratamiento invasivo costoso; se basa en la dieta y su componente clave es el aceite de coco.

Estos dos factores —el aceite de coco y una dieta adecuada— han demostrado ser muy eficaces no solo para detener el avance de estas enfermedades, sino incluso para revertirlas. En algunos casos, con ellos se ha conseguido lo que a priori parecía imposible: hacer desaparecer completamente la enfermedad, como demuestra la propia experiencia del autor con el glaucoma.

Durante años se nos ha hecho creer que una vez que comenzamos a perder la vista ya no se recupera. Y lo mismo se ha dicho siempre sobre el cerebro: que las células cerebrales no se regeneran. Esta noción tampoco es cierta. De hecho, el cerebro contiene células madre que, cuando se activan, pueden transformarse en cualquier tipo de célula. El proceso por el cual se regeneran las células cerebrales se denomina neurogénesis.

Al igual que otras células nerviosas del cerebro, la retina se puede curar, recuperando con ello la vista. A pesar de que en el campo de la medicina no existe ninguna cura para la mayoría de los trastornos oculares, el doctor Fife nos presenta en este libro un tratamiento que puede ser de gran ayuda (él mismo logró revertir por completo su glaucoma).

Este tratamiento no depende de medicamentos, cirugía o ningún otro tipo de intervención médica; está basado únicamente en la dieta.

El programa dietético basado en el aceite de coco que se describe en este libro puede ayudar potencialmente a prevenir y revertir muchos de los problemas más comunes relacionados con la vista, incluyendo:

  • Glaucoma
  • Cataratas
  • Degeneración macular
  • Retinopatía diabética
  • Síndrome de ojo seco
  • Síndrome de Sjögren
  • Neuritis óptica
  • Conjuntivitis (ojo irritado)

¡Alto a la pérdida de visión! ofrece una esperanza tanto a aquellas personas que ya padecen estas enfermedades como a quienes están en riesgo de desarrollarlas.

"La mayoría de los trastornos oculares se presentan sin previo aviso. No existe ningún método para predecir quién desarrollará un glaucoma o una degeneración macular al ir haciéndose mayor. Todo el mundo corre el riesgo de padecerlos y una vez que la enfermedad está presente, los medicamentos, la cirugía y otros procedimientos médicos se hacen necesarios para disminuir su avance. Desafortunadamente, incluso con los tratamientos médicos de última generación, estas enfermedades pueden seguir evolucionando y acabar provocando una pérdida de visión grave. Para la mayoría de los trastornos de la vista no existe cura, y gran parte de los tratamientos convencionales a menudo vienen acompañados de toda una serie de efectos secundarios potencialmente graves. Por todos estos motivos —al igual que sucede con la mayoría de las dolencias— la prevención es el mejor método que se puede seguir.

No obstante, que no existan fármacos o tratamientos médicos capaces de curar estas enfermedades no significa que no haya esperanza. De hecho, existe un tratamiento efectivo para muchos de los trastornos oculares crónicos más comunes, y no está basado en los medicamentos, en la cirugía ni en ningún otro tipo de tratamiento invasivo costoso; se basa en la dieta y su componente clave es el aceite de coco. Estos dos factores —el aceite de coco y una dieta adecuada— han demostrado ser muy eficaces no solo para detener el avance de estas enfermedades, sino incluso para revertirías. En algunos casos, con ellos se ha conseguido lo que a priori parecía imposible: hacer desaparecer completamente la enfermedad —como en mi caso, en mi propia experiencia con el glaucoma—.

El éxito del tratamiento depende de la gravedad de la enfermedad, de cuánto tiempo lleva la persona padeciendo esa dolencia concreta y del grado de implicación y seguimiento del programa por parte de cada individuo.

LA MAGIA DEL ACEITE DE COCO El programa dietético que presento en este libro es el resultado directo de una presentación que di para la Sociedad de Nutrición Ocular de los Estados Unidos en el congreso anual de la Academia Americana de Optometría que se celebró en Denver (Colorado) en 2014. En mayo de ese mismo año se puso en contacto conmigo un representante de la Sociedad de Nutrición Ocular, una organización de profesionales de la vista interesados en conocer y divulgar distintos enfoques nutricionales que resulten adecuados para el tratamiento de trastornos visuales. Me invitaron a dar una conferencia en su simposio anual sobre los beneficios del aceite de coco y sobre la relación que dicho aceite puede tener con la mejora de la salud ocular. El motivo por el que me invitaron a participar en su congreso fue que soy fundador y director del Centro para la Investigación del Coco, una organización sin ánimo de lucro dedicada a mostrar a los profesionales de la medicina y al público en general los beneficios nutricionales y medicinales del aceite de coco y sus productos derivados.

También he escrito una docena de libros sobre el uso de estos productos para el tratamiento de diversos problemas de salud. En uno de ellos, ¡Alto al alzhéimer! se describe cómo se puede utilizar el aceite de coco para prevenir —e incluso revertir— esta enfermedad y otras patologías neurodegenerativas. Hoy en día existe ya una gran cantidad de literatura científica que apoya el uso del aceite de coco para mantener la salud del cerebro y los testimonios de éxito a este respecto son realmente sorprendentes. Se ha conseguido revertir el alzhéimer, algo que la ciencia médica siempre había creído imposible; un simple régimen alimenticio basado en la ingesta de aceite de coco está consiguiendo lo que ningún medicamento ni ninguna terapia han sido capaces de lograr hasta ahora.

Sin embargo, en 2014 existían aún pocas investigaciones que demostraran una conexión directa entre la salud ocular y el uso del aceite de coco. El representante de la Sociedad de Nutrición Ocular reconocía este hecho, pero a pesar de ello mostró un gran interés debido a los notables efectos que el aceite de coco estaba demostrando tener en el tratamiento de trastornos cerebrales como el alzhéimer y la epilepsia. En realidad los ojos son extensiones del cerebro, por lo que cualquier tratamiento que mejore la salud cerebral es de gran interés para los especialistas de la vista. Acepté la invitación y comencé a pensar en cómo el aceite de coco podría servir para tratar problemas oculares.

Una característica de este aceite es que mejora la absorción de los nutrientes de los alimentos a los que se agrega. Los estudios realizados a este respecto han demostrado que la simple adición de aceite de coco a los alimentos aumenta en gran medida la absorción de vitaminas, minerales y antioxidantes —incluyendo la vitamina A y la luteína, dos nutrientes de vital importancia para la buena salud ocular—. Por lo tanto, el aceite de coco puede ser potencialmente beneficioso para protegernos de los trastornos oculares producidos por una deficiencia de nutrientes.

Los diabéticos tienen un alto riesgo de desarrollar problemas oculares debido a la mala circulación sanguínea y al deterioro de los nervios que va asociado normalmente con esa enfermedad. La diabetes provoca una degeneración de los nervios en todo el cuerpo, lo cual puede acabar produciendo neuropatía periférica (pérdida de sensación en los pies y las piernas), retinopatía (pérdida de visión), nefropatía (pérdida de la función renal) y otras complicaciones. Se sabe que el aceite de coco mejora la circulación sanguínea y revitaliza la función nerviosa en los pacientes de diabetes, consiguiendo a menudo revertir estas dolencias. Los diabéticos presentan también un alto riesgo de desarrollar cataratas y glaucoma. El aceite de coco es eficaz como regulador de los niveles de azúcar y de insulina en sangre, reduciendo así en estos pacientes el riesgo de padecer estas enfermedades.

Teniendo en cuenta todos estos factores, estaba convencido de que el aceite de coco podría ser de gran ayuda para prevenir —y tal vez incluso para curar totalmente— los problemas oculares asociados con la diabetes. También era plenamente consciente de que la dieta tiene un gran impacto en muchas dolencias oculares. Las cataratas se forman por el daño que causan los radicales libres en el cristalino del ojo. Tanto los radicales libres como la inflamación crónica y la resistencia a la insulina son todos ellos factores que pueden contribuir al desarrollo de patologías como el glaucoma, la degeneración macular, el síndrome de Sjógren y otras enfermedades oculares. La eliminación de ciertos alimentos y aditivos que propician estas afecciones y su reemplazo por alimentos más saludables puede por tanto suponer una mejora en la salud ocular.

Es indudable que algunos cambios significativos en la dieta pueden jugar un papel importante en la salud de los ojos. Uno de estos cambios —especialmente beneficioso— consiste en dejar de usar aceites vegetales procesados y utilizar en su lugar aceite de coco; mientras que los aceites vegetales procesados potencian la degeneración causada por los radicales libres —que son a su vez el principal motivo de muchos problemas oculares—, el aceite de coco actúa como un antioxidante protector, previniendo el daño provocado por dichos radicales libres. También posee propiedades antiinflamatorias en casos en los que la inflamación está fuera de control y se ha mostrado efectivo para revertir la resistencia a la insulina. Por todos estos motivos, una dieta basada en el aceite de coco tiene un indudable gran potencial como apoyo cuando se trata de evitar la aparición de diversas dolencias oculares.

No obstante, lo más asombroso del aceite de coco es su capacidad para restaurar la función nerviosa y cerebral. Ha demostrado ser notablemente eficaz en el tratamiento de la epilepsia, el alzhéimer, el párkinson y otros trastornos neurológicos. Se viene utilizando desde la década de los setenta como parte del tratamiento dietético de la epilepsia, y más recientemente ha empezado a ser conocido también como tratamiento efectivo contra el alzhéimer. El aceite de coco ha sido muy útil no solo para detener la progresión de esta enfermedad, sino también para revertiría —algo que ningún medicamento o tratamiento médico ha estado siquiera cerca de lograr—.

La razón por la que funciona tan bien es porque al ingerirlo el aceite de coco inicia una serie de reacciones en el cuerpo que desencadenan la activación de unas proteínas cerebrales especiales llamadas «factores neurotróficos derivados del cerebro» (FNDC). Cuando se activan, los FNDC estimulan el crecimiento, la reparación y la regeneración de las células nerviosas. Como ya he mencionado anteriormente, los ojos son extensiones del cerebro y la retina misma es parte del nervio óptico. Los FNDC reparan y regeneran los nervios, incluyendo el nervio óptico y la retina. Me di cuenta de que el aceite de coco no solo puede ayudar a prevenir muchos trastornos comunes de la vista, sino que también es capaz de poner en marcha procesos que en realidad pueden restaurar la visión. ¡Vaya! Durante años se nos ha hecho creer que una vez que comenzamos a perder la vista ya no se recupera. Y lo mismo se ha dicho siempre sobre el cerebro: que las células cerebrales no se regeneran y que aquellas con las que nacemos son las únicas que vamos a tener durante toda la vida. Esta noción tampoco es cierta, puesto que las células del cerebro sí se regeneran. De hecho, el cerebro contiene células madre que, cuando se activan, pueden transformarse en cualquier tipo de célula. El proceso por el cual se regeneran las células cerebrales se denomina neurogénesis. Al igual que otras células nerviosas del cerebro, la retina se puede curar, recuperando con ello la vista."