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Descripción

A raíz de la alianza de la Iglesia con los poderes imperiales, en el siglo IV, se generó un movimiento de protesta silenciosa por el que multitud de hombres y mujeres se retiraron al desierto. Este libro hace una relectura de aquel acontecimiento histórico desde la realidad social y eclesial de hoy, para apuntalar el camino de vuelta a las fuentes de la fe cristiana y a la simplicidad de vida de las primeras comunidades. La Iglesia necesita vivir en permanente reforma, siempre con la mirada puesta en Jesús, lo cual requiere de una permanente conversión personal y comunitaria, fruto del silencio y experiencia de desierto.

¿Es posible vivir la espiritualidad del desierto en el trajín de cada día? El ermitaño, protagonista principal de este relato simbólico, descubrió en la soledad del desierto que solo el amor y el servicio a la humanidad sufriente es lo que importa. Ahí encontró la luz que dio sentido a su vida, luz que ilumina la vida del creyente y señala el camino para la reforma que la Iglesia necesita, al servicio de los pobres y solidaria con la humanidad sufriente.