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Descripción

La filosofía, es pilar esencial no sólo para abordar las preguntas más arduas de la existencia -de dónde vengo, a dónde voy, qué hay más allá de la muerte, qué hay antes de la vida-, sino para guiarse en los acontecimientos del quehacer diario: las relaciones con amigos, familiares, compañeros de trabajo, la relación con uno mismo. En suma, lo que Sócrates decía que debía ser el fin de toda filosofía: discernir lo bueno de lo malo para actuar en consecuencia.

Rogelio Guedea, el celebrado autor de novelas como Vidas secretas o El crimen de los Tepames, y ganador del premio Adonais entre otros tantos galardones, leyó así a Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca; a los autores de la Edad Media (San Agustín, Santo Tomás de Aquino); después a los moralistas españoles, y más tarde a los filósofos posteriores al Renacimiento (Spinoza, Locke, Hume), para volver de nuevo a los clásicos, esa fuente inagotable. Estos autores son ahora su linterna de mano.

Pero este delicioso libro no es solo un tributo a todos ellos, sino también un manual sencillo y diáfano para aquellos peatones que, extraviados, van a la busca de redención; una luz en la noche desierta, una señal de tránsito entre el tumulto de coches y gentes en medio de una gran avenida. En un mundo en el que los valores morales agonizan, porque lo material se impone como una verdad inobjetable, no debemos olvidar la contundente máxima de Cicerón: “Solo el sabio es rico”.