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Descripción

La vida consagrada no envejece. Ya ha envejecido, al menos en Europa. Los religiosos y religiosas viven con no pocas preocupaciones y preguntas con ocasión de este hecho. ¿Podemos sentirnos igualmente apasionados por Jesús y su proyecto al ver que se puede acabar nuestra historia? ¿Morirá nuestro carisma? ¿Quién y cómo nos cuidamos ahora que somos mayores y necesitamos ayuda? ¿Qué hacemos con nuestras obras y proyectos? Estas páginas quieren ser un reclamo de sanación personal y comunitario especialmente para los propios religiosos y religiosas mayores que pueden ver dificultada su salud no solo física, sino también mental, emocional, relacional y espiritual. Presentan peligros y posibles patologías relacionales, así como la necesaria sanación interior centrándonos en Jesús.En el fondo subyace la pregunta por cómo vivir saludablemente la soledad y, en particular, qué hacer con lo que muchos institutos viven de manera preocupante, algunos incluso angustiosa: qué hacer con las obras propias, los colegios, los hospitales, las residencias u otros centros de servicios sociales que, con el envejecimiento, no tienen posibilidad de subsistir con el mismo liderazgo con el que surgieron y se han mantenido durante décadas.