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El plasma de Quinton. La cura de agua de mar

El plasma de Quinton: el agua de mar como remedio
por Valerio Pignatta

agua de mar

La presuposición de la que parten las investigaciones acerca del plasma de Quinton es que la evolución de la vida en nuestro planeta ha cogido impulso, como sabemos, a partir del medio marino, ya que la atmósfera no tenía inicialmente las características para permitir la supervivencia de los primeros seres vivos microscópicos.

Estamos hablando de las condiciones que se presentaban de miles de años atrás para las formas de vida más primitivas (por ejemplo, las algas), y de centenares de millones de años para algunas más evolucionadas (como los antepasados de las medusas). En la cadena evolutiva posterior, la complejidad y la diferenciación de los seres vivos han ido creciendo hasta desembarcar en tierra firme, desembarco que ha significado, las diversificaciones posteriores que han continuado en tantas otras centenas de millones de años, que han llevado también a la aparición del ser humano.

¿Quién era René Quinton?

Un fisiólogo y biólogo francés que vivió a caballo entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. Quinton (1866-1925) que como asistente llevaba a cabo investigaciones sobre la temperatura y la composición salina entre las especies, reflejando y analizando esta historia pasada común a todas las formas de vida, en el Laboratorio de Patología Fisiológica en el Collège de France (Colegio de Francia), comenzó a hacer hipótesis sobre las explicaciones biológicas de algunas funciones metabólicas del organismo humano que podrían estar relacionadas con esta herencia marina y acuática. De este enfoque y de la experimentación consiguiente, Quinton logró obtener terapias muy eficaces y funcionales que han adoptado su nombre y todavía hoy siguen llevándolo.

Pero veamos más de cerca este fascinante descubrimiento que ha aportado el científico galo, conocido y destacado en su época, pero hoy olvidado, cuyos apodos eran el «filósofo del mar» y el «Darwin francés».

agua de mar

Las leyes de Quinton

Estudiando el ambiente marino y descubriendo que el agua del mar y el cuerpo humano son bastante parecidos (además de que la primera sigue siendo bebible e inyectable), Quinton elaboró una teoría según la cual los organismos que han abandonado el ambiente marino durante la evolución conservan en la sangre la concentración salina propia del agua de la época en la que la abandonaron (ley de la constancia osmótica).

No sólo esto. Según Quinton, los actuales organismos animales de las diversas especies, que aparecieron por primera vez en el ambiente marino a un nivel muy primitivo, tienden a conservar, para su funcionamiento celular, las células constitutivas de los organismos correspondientes en el medio marino de sus orígenes (ley de la constancia marina).

En la práctica, a pesar de los miles o millones de años transcurridos,  que aún a día de hoy influye y caracteriza fuertemente la organización biológica y celular de su organismo. Según Quinton, el líquido en el cual están inmersas nuestras células (los líquidos extracelulares y en particular el líquido intersticial) sería aún, por composición, más o menos el mismo líquido marino de hace miles de millones de años.

De esta premisa se deduce que Quinton presuponía un aumento de la concentración salina gradual en la escala evolutiva del planeta, dado que actualmente el contenido de cloruro de sodio en el ambiente celular interno de un pájaro es de 7,2 g sobre 1.000 g mientras que sobre el del mar es de 33 g sobre 1.000 g. Quinton creía que la vida animal había aparecido en el momento en que el mar tenía una concentración salina comprendida entre 7 y 8 g cada 1.000. La concentración salina de cada animal depende por tanto, según Quinton, de la época propia de la aparición dependiendo de que sea más o menos reciente.

Sin embargo, sabemos que no es posible afirmar que la concentración salina de los mares haya aumentado en los últimos 600 millones de años, dado que el análisis de sedimentos hoy posible, muestra que no han sufrido cambios, por lo menos, en los últimos 200 millones de años. Teniendo en cuenta la temperatura corporal, Quinton hizo una propuesta de explicación evolutiva. Midiendo personalmente la temperatura rectal de todos los animales que consiguió encontrar estableció la llamada ley de la constancia térmica. Ésta sostenía que especies de animales símiles pero nacidas evolutivamente en tiempos diferentes tenían, en efecto, temperaturas basales diversas. Verificó diferencias que iban de los 16 grados del ornitorrinco a los 43 grados de los mamíferos de las regiones árticas. En resumen, mientras el planeta iba enfriándose, la vida celular aparecida a una cierta temperatura tendía a mantener, para su propio funcionamiento, la temperatura de los orígenes.

Los estudios actuales han demostrado que existen animales ambientados a temperaturas también bastante inferiores o bastante superiores de las obtenidas por Quinton. Por otra parte, él no podía tener en cuenta la alternancia de las edades de hielo de las cuales, en su tiempo, nadie tenía conocimiento y que nadie podía contradecir.

Otra ley aseverada por Quinton, la llamada de la constancia de la luz es, en cambio, aquella que confirma la capacidad de los organismos fosforescentes para producir luz con el objetivo de mantener la elevada actividad celular propia de ciertas especies.

agua de mar

Del mar, la vida

A pesar de que las suposiciones de Quinton (recopilados después de todo en una única ley de la constancia general) no han sido a día de hoy confirmadas empíricamente y se consideren sin evidencia científica debido a descubrimientos posteriores que las han invalidadas casi por completo, no se puede evitar de creer que la «filosofía marina» que subyace al trabajo de Quinton (del cual podemos percibir intuitivamente cierta lógica y retroalimentación biológica) nos ofrece una posibilidad sustancial de intervención en muchas enfermedades y contribuye a explicar ciertos procedimientos de funcionamiento y de curación propios del organismo humano.

En una época en la que se pensaba que la materia viva estaba constituida y dependía exclusivamente de una cierta cantidad de corpúsculos atómicos, la aseveración de que en la materia se juntan todos los elementos presentes del agua marina convierte  a Quinton en un precursor de esa rama biológica que subraya la importancia de los hoy en día archiconocidos oligoelementos, elementos claves de muchos metabolismos celulares y orgánicos. También cabe destacar que las conclusiones de Quinton han marcado durante muchas décadas la medicina termal, descuidada a posteriori en el periodo de la segunda posguerra, pero actualmente en auge y de moda entre los centros termales y los balnearios salutistas. El mar ha sido estudiado por numerosos científicos como elemento primordial para el ser humano, además de por su capacidad terapéutica. Su uso como fuente de iones fundamentales es una posibilidad de la cual cada vez más terapeutas son conscientes. Y también Quinton ha aportado experimentos terapéuticos relevantes.

 

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