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¡No al estrés!

Combatir el estrés en la mesa: los alimentos del buen humor
Por Giuliana Lomazzi

estrés

¿El estrés te está poniendo contra las cuerdas? Nosotros lo combatimos... ¡con comida! Por desgracia el estrés a menudo está presente en la vida cotidiana de muchos de nosotros: el riesgo de llegar tarde al trabajo, los niños que aún no están preparados para ir al colegio, el colega que está intentando apuñalarnos a la espalda, el conductor que nos quita el sitio por el que estábamos esperando o que nos pita a más a no poder, quién sabe por qué... Los motivos para estar estresados nunca faltan. ¡Pero lo que tampoco falta son las consecuencias de un estado continuo de estrés! Sus efectos no deben ser infravalorados y atañen tanto al cuerpo como a la mente.

Síntomas y causas del estrés

Los más comunes son el dolor de cabeza, la mala digestión, el insomnio, el aumento de la presión, el cansancio, la falta de concentración, la disminución de la memoria, la ansiedad y la irritabilidad. En la peor de las hipótesis se puede llegar a sufrir enfermedades cardiovasculares e ictus. Así pues, es importante entender mejor qué es el estrés e intentar combatirlo.

En el lenguaje común, la palabra “estrés” indica un cansancio psicofísico acompañado por una tensión nerviosa; para los médicos, en cambio, el estrés es una forma de adaptación del organismo a estímulos físicos y psíquicos (llamados estresor) – estímulos que además tienen como consecuencia el sobreesfuerzo y el cansancio.

Los estresores tienen varios orígenes: puede tratarse de problemas laborales o escolares, enfados, exámenes, horarios urgentes, traumas, peligros. Para superar la crisis el organismo pone en acción mecanismos atávicos de adaptación produciendo hormonas como la adrenalina o el cortisol – que libera energía, substrayéndola de las defensas inmunitarias. A su vez, el batido cardíaco y la presión aumentan. Una vez pasada la tormenta, vuelve la calma.

Estos mecanismos de adaptación eran muy valiosos cuando nuestros lejanísimos antecesores tenían que huir de una bestia salvaje u otros peligros inmediatos. Pero en nuestra cotidianidad pueden resultar excesivos, sobre todo si la tensión nunca baja y, con el tiempo, se crea un estado de estrés crónico. Con las consecuencias que hemos visto.

No al estrés: flores de Bach, relajación, comida y actividad física

Pero a fin de cuentas la culpa de todo no es el estrés en sí, sino nuestro modo de responder a él. De hecho, algunas personas reaccionan mejor que otras a estos estímulos.

Las motivaciones son diferentes, psicológicas antes que nada (es determinante la capacidad de tranquilizarse con la relajación, las flores de Bach u otras técnicas adecuadas). También la actividad deportiva es de gran ayuda para descargar tensiones, como demuestran muchos estudios.

Hay además otro aspecto que es a menudo infravalorado pero que en cambio es muy importante a la hora de hacer que cuerpo y mente sean más resistentes a los ataques del estrés: la comida.

No debemos infravalorar el hecho de que el cerebro tiene una relación estrecha con el intestino (llamado, no por casualidad, “segundo cerebro”). Entre otras cosas, los dos comparten hormonas.

Comer no es un acto que se limita a darnos energía: interesa también al sistema nervioso, endocrino e inmunitario. Como si no bastara, una situación prolongada de estrés puede estimular la acumulación o, al contrario, la pérdida de quilos: esto explica por qué el organismo es capaz de secretar una hormona que nos empuja a comer más -¡pero también asimilar más! – o bien un neurotransmisor (noradrenalina) que quema mejor las grasas.

A todo esto se añade el hecho, evidente para todos, que la comida puede llegar a ser un tipo de “consuelo”: un ejemplo claro es el del chocolate. ¿Es entonces una situación sin salida? No, la buena noticia es que los alimentos pueden ayudarnos de manera directa a resistir situaciones a estresantes. Pero obviamente no todos los alimentos son adecuados para este objetivo.

comida sana

Los alimentos del buen humor

Lanzarse ávidamente a comidas dulces o saladas puede proporcionar una blanda sensación de calma; pero de este modo el cuerpo reacciona aumentando el estrés físico y psíquico. Ojo con las mini pizzas, patatas fritas, galletitas saladas, galletas, tortas, etc. Todos son productos a alto índice glicémico aumentan la insulina y el cortisol, entrando así en un círculo vicioso.

En cambio es mejor dar preferencia a:

  • verduras crudas o cocidas
  • fruta fresca (todo rigurosamente de estación)
  • cereales integrales (para las vitaminas del grupo B, que ayudan al sistema nervioso)
  • Semillas oleosas, pocas grasas pero de calidad (monoinsaturadas del extravirgen de oliva y polinsaturadas)

Se trata de alimentos que tienen entre otras propiedades un efecto calmante y pueden estimular la producción de endorfinas, útiles para mejorar el sueño y el humor. Por ejemplo, las almendras contienen magnesio, calcio y selenio, todos los minerales capaces de regular el estrés, la ansiedad y la depresión. El magnesio, que es tan valioso, se encuentra también en las verduras de hoja verde y en las semillas de girasol. Y no puede faltar una pequeña concesión al dulce con el chocolate negro (mínimo 80% de cacao), un grande amigo del buen humor.

En cuanto a las bebidas, la solución no está en las energy drinks, demasiado excitantes, y tampoco en el abuso de café. Mucho mejor el té verde, rico en antioxidantes, también el rooibos, completamente privo de cafeína.

También los horarios son importantes. Una cena abundante seguida por un desayuno pobre aumenta la producción de cortisol, que a su vez aumenta el estrés físico y psíquico. Para tener controlado el estrés, será mejor empezar con un primer desayuno bueno y sano, concluyendo el día con una comida ligera.

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