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Libro

Las flores que curan a los niños

Las flores que curan a los niños

Guía para padres y terapeutas

12,00 €

12,71 $

Disponibilidad: inmediata

Autor: Claudia Mattiello

Editor: Continente Ediciones

Libro

Págs: 96

Formato: 15,5x23

Año de edición: 2007

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DESCRIPCIÓN

Este libro está dedicado a los niños, pero dirigido a sus padres, a los terapeutas florales y a todo profesional de la salud infantil interesado en el aporte valioso que, desde hace más de setenta años, ofrecen los remedios florales.

Es para los chicos porque nació de lo que ellos nos enseñan todos los días. Los niños nos manifiestan que, al igual que los adultos, saben de penas, de las cotidianas y de las otras. Puede que no se quejen de ellas y que la mayor parte de las veces ni siquiera las mencionen, pero esas penas se reflejan inevitablemente en todo lo que hacen: en el juego, en el comer, en el sueño, en el aprendizaje, y también a través de sus malestares físicos.

Los niños nos muestran, a su vez, que tienen una capacidad sorprendente para responder a la acción terapéutica de las esencias florales. ¿El secreto?, su gran sensibilidad y la manera peculiar en que las flores actúan: si el niño tiene miedo, las flores despertarán su coraje; si se siente inseguro, promoverán la confianza en sí mismo...

Finalmente, esta obra puede ser significativa también para cualquier persona adulta que tenga alguna herida de la infancia que duele todavía.

AUTOR

Claudia Mattiello

Claudia Mattiello se graduó en Teología en la Universidad del Salvador (USAL) de Buenos Aires. A la docencia universitaria en esa materia, acompañó siempre un profundo interés por el Zen. El primer contacto con las esencias florales de Bach, en 1988, significó para ella el descubrimiento de un camino muy afín a su búsqueda personal y a su actividad profesional: la terapia floral se mostraba curativa precisamente ayudando a promover un proceso de reencuentro con uno mismo. En 1993, obtuvo el título de Terapeuta Floral en la Escuela de Terapeutas Florales dirigida por Bárbara Espeche y Eduardo Grecco, y no cesó desde entonces de profundizar e investigar sobre el tema. No se había propuesto ejercer dicha profesión hasta que, en 1994, las circunstancias, una vez más, le señalaron el camino. En este caso, a mostrárselo fueron sus primeros, inesperados y maravillosos “pacientes”: los niños.